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Facebookland

Además, hubo tiempo para jugar Backgamon,  disfrutar la hamaca con un buen libro (de papel), comer despacio, compartir en la mesa, escribir testimonios como este

Lejos de simplificarnos la vida, la tecnología la ha complicado. Lejos de unirnos, nos ha dividido. Sin querer queriendo, se convirtió en un mínimum vitae, demandando una buena tajada de las 24 horas del día. 

Para muchos, nuestro diálogo whatsappero es más resonante que el físico. Para otros, Facebook es un espejo social en el que reflejan vidas color de rosa. ¿Qué me dicen de esa obsesión por abrir el email justo cuando suena la campanita?

Que nuestro sexto dedo se quede sin batería es tragedia. Dios me guarde si salgo de la casa sin el cel.  A dar la vuelta ipso facto, no importa si llego tarde a la reunión. Angustia similar experimentada cada vez que andamos desesperados buscando el celular. ¿Dónde #$%%&/#$ está mi celular?

El resultado de este love affair digital, es que las horas que antes pasábamos entre familia y amigos, ahora las pasamos clavados en el smartphone.

A cazar el último chambre de lo que sucede en nuestro nutrido ecosistema de “amigos”. ¿Qué está pasando en mi casa? Ni idea.
Lo que importa es vivir minuto a minuto el mascón que se juega en vivo en Timbuktu, no que el cipote nos cuente quién le metió zancadilla en la cancha.

A tomar y viralizar  una foto que evidencia que estoy en la jugada. Fotos que se pierden en el ciberespacio, y ahora sustituyen el buen hábito de armar álbumes familiares.

Rehúso caer en este vicio, y para cantar está comprobado, sí se puede vivir sin Facebook, acordamos en familia, una semana sin celulares.

Confieso, total abstinencia no fue posible, por aquello de que necesitamos la paz mental que brinda una llamada, un mensajito. Pero, del 1 al 10, en donde 1 es imposible cumplir el acuerdo,  y 10 cumplirlo a cabalidad,  anduvimos por un promedio de  8.

Cierto, al principio se manifestó la ansiedad, me imagino similar a la que se siente en cada intento por dejar de fumar. Pero, a las 24 horas de inicio del Reto Nocel, la ansiedad se convirtió en eterna gratitud, por la dicha de estar juntos con salud.

Con salud podemos lograr la sensación de bienestar que producen las endorfinas al cumplir un entreno al pie de la letra.  Contemplar la belleza del gigante azul de agua salada, y del gigante celeste preñado de estrellas. Cocinar en pareja, mientras saboreamos un tinto californiano, brindando por los hermanos lejanos atrás de tan exquisita miel de Backus. Dedicarle tiempo y cariño a nuestro mejor amiga de cuatro patas.

Además, hubo tiempo para jugar Backgamon,  disfrutar la hamaca con un buen libro (de papel), comer despacio, compartir en la mesa, escribir testimonios como este. A todo esto, el cel apagado, el Internet down y la tele a 50 kms. de distancia.

Por los acontecimientos de la última de julio, las malditas asperezas políticas y el odio visceral entre hermanos, era menester una semanita para purgar nuestro sistema de tanto veneno.

¡Cayeron al pelo las vacaciones! Regresamos con las pilas puestas a trabajar como los salvadoreños lo sabemos hacer para, Dios mediante, mejorar nuestro rumbo.

La curiosidad mató al gato, no vaya a ser que también me mate a mí, razón por la cual entré a Facebookland y comprobé lo que me imaginaba. Sus adictos ciudadanos muy activos, ¡hasta en vacaciones!

En nota anterior mencioné que pienso que, por la infoxicación masiva, el celular ha desbancado al perro como el mejor amigo del hombre. ¿Tendré razón?

 Cierro con sabio refrán de abuelito: “Todo es para el uso y no para el abuso”  (Facebookland incluido).
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.
calinalfaro@gmail.com