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Esos comentarios…

Personalmente me opongo a cualquier idea de leyes tendientes a coartar la libertad de expresión, aunque eso signifique soportar el ruido de los patanes

La irrupción de las redes sociales, los blogs, y la libertad que dan algunos periódicos para hacer comentarios a las noticias y artículos que se publican han convertido la comunicación en una autopista de doble vía. Antes la comunicación iba en un solo sentido. De los medios hacia el público. No había o casi no había posibilidad de respuesta o simplemente de opinar sobre lo publicado en un medio de comunicación.

Desde mi punto de vista el hecho de que en la actualidad casi cualquier persona pueda expresarse libremente y llegar a un gran público es una buena noticia. Pero como casi todo en la vida el asunto también tiene su lado oscuro: la utilización que hacen de esos espacios los patanes, los resentidos y las redes de troles que manejan, según investigaciones de las autoridades, ciertos políticos con el fin de manipular la opinión pública.

Hay ciertos medios digitales que advierten con toda solemnidad que se reservan el derecho de editar o no publicar comentarios de odio, vulgaridades, racistas o antisemitas, etc. Pero no es cierto. Antes de escribir este artículo me puse a revisar uno de esos medios. Al final de la noticia sobre las investigaciones sobre el supuesto enriquecimiento ilícito de un ex presidente había una andanada de comentarios cuyo contenido para los pelos al más calmado.

La mayoría de los comentarios de supuestos lectores o quizá de la “trolería” fueron escritos para defender al ex funcionario. Los contenidos destilaban odio, vulgaridades, amenazas, ataques a personas honorables, a instituciones, resentimiento e ira. Creo firmemente que todos tenemos el derecho a expresar nuestro punto de vista y a defender lo que creemos y en quienes creemos.

Pero la defensa e incluso la crítica para que tenga sentido, debe hacerse de manera razonable, y respetuosa. Publicar una andanada de insultos (conté mas de 100 comentarios hasta que me cansé de leer suciedades) no tiene sentido. No aporta nada. La única explicación que le encuentro a la permisividad de ciertos medios con ese tipo de comentarios, a pesar de sus propias advertencias pasa por dos posibilidades.

O son poco profesionales y no revisan el contenido o están de acuerdo con la forma y el contenido de tales diatribas. Lo graves es que no solo no aportan nada al debate en una democracia, sino que más bien enrarecen el ambiente, tensionan a las personas que los leen, polarizan aún más la ya tirante situación nacional.

Hace unos meses cerré mi cuenta de Twitter y dejé de publicar mi correo electrónico en este espacio, sencillamente porque me harté de ese tipo de comentarios. Y además porqué no era en realidad un debate con personas, sino un ataque sistemático de una maquinaria manejada por unas cuantas personas, que a juzgar por la forma y contenido de lo que escriben, necesitan urgente ayuda profesional.

Pero no todo ese lodo viene de la trolería. Hay personas de carne y hueso, gente que existe que se dedica, me imagino que por alguna paga, a difamar e insultar a adversarios políticos. Otros son puros resentidos, que no soportan el éxito ajeno y que creen que la vida les debe algo, y aprovechan cualquier resquicio para denigrar a quien es el objeto de sus celos, envidia o quién sabe que mala vibra.

Personalmente me opongo a cualquier idea de leyes tendientes a coartar la libertad de expresión, aunque eso signifique soportar el ruido de los patanes. Pero creo que los medios de comunicación serios, si deben ser más contundentes en no permitir que se usen sus espacios para despotricar de manera tan vulgar.

No es posible que un medio de comunicación permita que en sus páginas se publiquen comentarios celebrando con obscenidades el fallecimiento de una persona. No es posible que permitan que ofenda de una manera tan pero tan vulgar a personas honorables o a cualquier otra persona. Permitir ese tipo de comentario sí es “terrorismo mediático”.

No son las instituciones las que deben regular este asunto, sino los mismos medios de comunicación.
    
*Columnista de El Diario de Hoy.