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Dos hechos brutales contra la prensa en Estados Unidos

La vulnerabilidad de los periodistas es fenómeno que se produce no solo en países del llamado Tercer Mundo, donde apenas se navega en una incipiente democracia, sino también en los países desarrollados, como ha ocurrido esta semana en EE. UU

Un exreportero de televisión, amargado, inconforme, dolido o simplemente desquiciado filmó el asesinato de una reportera y su camarógrafo cuando en vivo transmitían una entrevista sobre turismo en Virginia; el demente, después de asesinar a la periodista Alison Parker y al camarógrafo Adam Ward, huyó de la escena del crimen, pero antes de ser sitiado por la policía y suicidarse, subió el asesinato a las redes sociales. Las espeluznantes escenas fueron reproducidas por miles de usuarios de las redes, y la televisión de todo el mundo mostró, en parte, el hecho y lo condenó de manera contundente.

Dos cuestiones al respecto ---y no es una perogrullada---, la profesión de los periodistas, en primer lugar, es peligrosa, y esto es fundamental entenderlo, porque son los que trasladan el mensaje de buenos o de malos contenidos, de cosas que gustan o no, de hechos que involucran a personas en asuntos criminales de diversa gravedad. Es fácil confundir y creer que el culpable, al denunciar la corrupción de un funcionario de gobierno, el desastre de la gestión gubernamental o el robo de un banco, o un asesinato, es el periodista, el presentador de televisión. En este caso, en Virginia, los periodistas asesinados fueron “la cara visible” del resentimiento de un periodista que fue despedido, con razón o no, por la empresa televisiva donde todos los protagonistas del hecho trabajaban.

En segundo lugar ---y de esto poco o nada se dice ---, se encuentra la vulnerabilidad de los periodistas. A diferencia de los funcionarios de alto rango que poseen guardaespaldas que los cuidan todo el tiempo, el periodista es una figura pública que luego de trabajar tiene que hacer vida normal y moverse y actuar como lo hacen todos los ciudadanos corrientes.
 
En igual situación se encuentran los policías, soldados, fiscales y jueces quienes, por lo general, el tiempo dedicado a su trabajo significa estar enfrentados a todo tipo de criminales, y que luego de una detención, un operativo o un juicio, tienen que desplazarse a sus casas por los medios normales de todo ciudadano que carece de seguridad privada (aquí hay que hacer una excepción con los jueces: algunos de ellos tienen asignados vehículos oficiales y otros más tienen personal de seguridad).

La vulnerabilidad de los periodistas es fenómeno que se produce no solo en países del llamado Tercer Mundo, donde apenas se navega en una incipiente democracia, sino también en los países desarrollados, como ha ocurrido esta semana en Estados Unidos. En todas partes se cuecen habas.

Otro hecho, también insólito, es que el magnate estadounidense Donald Trump expulsó de una conferencia de prensa al periodista Jorge Ramos, de Univisión; es también sorprendente que el hecho, ocurrido el martes pasado en Dubuque, Iowa, le parece a Trump algo muy normal, como igual se le antoja cuando, hace unas semanas, insultó a una periodista porque, según él, lo maltrató con las preguntas que le formuló; todavía más, los allegados del precandidato por el Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos, señalan que va a la cabeza de los sondeos de opinión de su partido y acercándose a los niveles de aceptación de la candidata demócrata, agregan que los hispanos como Ramos deberían irse de Estados Unidos porque no son educados; acusan al comunicador de saltarse el orden de las preguntas y de ser un activista, por defender los derechos de los inmigrantes. 

No podemos olvidar que Ramos, un viejo periodista de origen mexicano, es un inmigrante, un reportero, presentador y periodista de años al frente de una de las cadenas hispanas más importantes en Estados Unidos; puede gustar o no su estilo directo, inquisitivo, duro, contundente en sus entrevistas, pero nadie le puede achacar que no es parejo en el trato con todos sus entrevistados, virtud que le ha llevado a forjar una sólida reputación, prestigio y credibilidad ante la opinión pública estadounidense y en toda América Latina.

En este caso Trump arremete contra un periodista hispano, que representa a minorías que ahora son foco de ataques, porque se trata de una estrategia clara y definida de hacer propio “el sentimiento” adverso de una parte de los estadounidenses, algunos de ellos rozando con el racismo, con el fin de parar cualquier forma la inmigración y ponerse mucho más duros contra los que llegan de otros países a Estados Unidos, paradójicamente, una nación formada por emigrantes.

Algo semejante podrá pasar en El Salvador con la posibilidad del exterminio de pandilleros. A muchos salvadoreños no les gusta que haya asesinatos mucho menos que sean derivados de la llamada “limpieza social”, pero en el fondo pareciera que miran hacia otro lado porque podría ser que esto solucione el grave problema de la criminalidad que sufre el país; este mismo sentimiento, en apariencia, es el que ha tomado como bandera Trump, cuyos antepasados fueron indudablemente inmigrantes quienes, bien sabemos, lleguen de donde lleguen, en su mayoría, es gente honrada, trabajadora, de buena voluntad que busca superarse en la tierra, precisamente, de los inmigrantes.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com