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¿Dónde quedó el buen nombre de El Salvador?

Reconozco que la polarización está afectando nuestro país y que debemos aprender a convivir, trabajar juntos y a tomar acuerdos de nación que estén muy por encima de cualquier político

Como muchos, soy un salvadoreño, esposo y padre de familia, preocupado por la situación de nuestro querido país. Por más de 20 años me he dedicado a mi carrera profesional, pero recientemente dedico buena parte de mi tiempo y esfuerzo a la política pues creo en El Salvador, en nuestro potencial como nación y me duele ver el rumbo que llevamos.

Hace unos años, trabajando en una multinacional, me tocó viajar con frecuencia, lo cual hacía con diligencia, aunque, honestamente, prefería quedarme en casa. Lo que sí disfrutaba era escuchar las reacciones cuando preguntaban mi nacionalidad, usualmente recibiendo elogios y hasta comentarios de envidia por lo pujante y ejemplar que El Salvador llegó a ser. No extraño esos viajes pero sí echo de menos el orgullo que sentía por la buena imagen que mi país tenía en toda la región. 

En las elecciones del 2009 muchos dieron el beneficio de la duda al FMLN, pues algunos pensaban que solo eso nos faltaba como democracia: tener alternancia en el poder y que el proyecto de país demostrara ser más grande que los políticos de turno. Pero ¿será que el país ha mejorado? Preguntémonos si nuestro El Salvador es un mejor país para vivir ahora que hace seis años.

El Salvador ha cambiado mucho y ahora cuando viajo las expresiones que escucho por ser salvadoreño ya no son de admiración y envidia; la dura realidad es que nuestra amada patria ahora es más conocida por sus altísimos índices de criminalidad que por el grado de inversión y crecimiento.  En pocos años llegamos a ser el país más violento del mundo y el de menor crecimiento económico de la región. Definitivamente nos cambió radicalmente el rumbo.
 
Recientemente me preguntaron por qué es tan difícil que nos pongamos de acuerdo a través del diálogo, lo cual me hizo reflexionar, pues si se comparten los mismos objetivos, eventualmente se logra llegar a acuerdos. El problema se da cuando los objetivos son diferentes y ahí me queda la duda. Yo aspiro por un país en el cual todo salvadoreño tenga oportunidad de proveer progreso a su familia, incluyendo una buena educación, un hogar digno y seguro, y buena salud. Un país donde vivamos en paz y sin temor. Un país en el que tengamos a Dios como guía y en el que la familia sea el núcleo de la sociedad.  Quisiera asumir que todos en este país queremos lo mismo, pero algunas acciones y actitudes me hacen dudar. 

El gobierno del FMLN ha sido enfático en impulsar el modelo de Venezuela o “Socialismo del Siglo XXI”, al igual que se ha hecho en otros países de Latinoamérica, pero ¿los resultados que estos países están teniendo son los que nosotros queremos? Las cifras, testimonios e imágenes dicen lo contrario. Lamentablemente este gobierno ha avanzado en este camino y como evidencia podemos ver que, al igual que en Venezuela, los niveles de pobreza, violencia, escasez y desempleo en nuestro país se han incrementado en años recientes. ¿Es ese el rumbo que queremos? Si ese es su objetivo, entonces claramente difiere del mío y del que estoy seguro tienen la mayoría de salvadoreños. 

Reconozco que la polarización está afectando nuestro país y que debemos aprender a convivir, trabajar juntos y a tomar acuerdos de nación que estén muy por encima de cualquier político, funcionario, partido o empresa. Pero no me queda claro cómo lograr este ideal mientras nuestros objetivos sean tan distintos. Algunos me dirán que exagero, que el gobierno sí quiere que prosperemos como nación, que quiere y hará lo posible para atraer inversión, mejorar los servicios de salud y elevar el nivel de nuestra educación para que las futuras generaciones transformen nuestra sociedad, pero la evidencia demuestra lo contrario a esas intenciones.  Lo que veo es la voluntad de implementar un modelo, o un régimen, que beneficia a unos pocos a costo de dejar a muchos en sufrimiento, y que busca mantener a la mayoría dependiendo del gobierno y no dependiendo de las capacidades de cada individuo. 

Espero estar equivocado y tener que tragarme mis palabras, pero mientras tanto siento la responsabilidad patriota y cristiana de denunciar, de oponerme a un modelo que va en detrimento de los salvadoreños y de trabajar con toda mi fuerza y energía en construir una alternativa que realmente pueda devolvernos ese orgullo por nuestro querido El Salvador.

Te invito a que creas en nuestro país, creas en nosotros y creas que entre salvadoreños hay más coincidencias que diferencias, y lo más importante: que te involucres. Trabajemos todos con el corazón puesto en el futuro de El Salvador y convirtamos a nuestro pulgarcito en el gigante que puede ser.
 

*Colaborador de El Diario de Hoy.