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Cuba: manejando expectativas

Este primer deshielo es un avance que, aparte, otorga importantes responsabilidades a los Estados Unidos

El mundo entero puso los ojos en La Habana el pasado 14 de agosto, cuando después de 54 años de haberse roto, se re-establecieron formalmente las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos con la reapertura de las embajadas. Esto no le cayó bien a la diáspora en la Florida: han criticado la medida como una señal de la debilidad de Obama, que está hincando la rodilla ante el régimen y que los Castro no merecen “el premio” de que se negocie con ellos como pares debido a su récord en derechos humanos.

El problema es que el estatus quo, el del embargo y el acercamiento de guerra fría, no ha hecho nada por debilitar al régimen castrista. Por el contrario, el embargo les ha servido de chivo expiatorio. ¿Qué por qué la mayoría de cubanos vive en situación de pobreza? La culpa se la tiraban al embargo, a pesar de que no sirviera para explicar cómo los Castro tienen una calidad de vida bastante superior que el resto.
 
Si bien la normalización de relaciones con Estados Unidos no libera a los presos políticos, ni cambia el hecho de que el país sigue teniendo un partido único sin opciones verdaderamente democráticas, es posiblemente el éxito más grande de la administración de Barack Obama en lo que a relaciones exteriores respecta. Este primer deshielo es un avance que aparte, otorga importantes responsabilidades a los Estados Unidos, pues su presencia oficial en la isla los obligará a usar su voz –-y usarla fuerte-– para condenar los abusos a los derechos humanos que de manera periódica atropellan a los disidentes.

El problema de quienes critican la política de Obama de normalizar relaciones con Cuba es en realidad uno de expectativas, pues esperan que la caída del régimen e instauración de la democracia venga de afuera. Esperar que la apertura de embajadas traiga de manera inmediata la instalación de oposiciones libres es el equivalente a esperar que una pastilla de vitaminas cure un cáncer. La democracia e instauración de un Estado de Derecho en que efectivamente todos los cubanos sean iguales ante la ley difícilmente se logrará desde arriba: debe provenir de adentro. Lo que sí puede hacerse desde afuera es apoyar a quienes por años, se han tomado como causa personal la lucha por la libertad de todos los cubanos.

La incipiente apertura económica tendrá consecuencias sumamente positivas: empezará a preparar el terreno para la democracia, que presentará muchísimos retos al pueblo cubano, empezando por la necesidad de una oposición organizada y preparada, la apertura al pluralismo y la importancia de generar espacios en los que el emprendimiento empresarial tenga posibilidades reales de prosperar. Hacen falta muchísimos elementos, pero este inicio impulsado por la administración Obama -– por el que los Castro, en contra de lo que expresan sus gobiernos acólitos en la región, no merecen ningún reconocimiento -– es un excelente primer paso. 
 


*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg