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Con dignidad

Lograr una buena salud mental es un objetivo difícil, tanto en lo personal como en lo social. Por algo hay que comenzar esta búsqueda. Un buen punto de partida es reconocer que todo ser humano es valioso 

Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Todos los años se escoge un lema para la celebración. El año pasado fue Viviendo con Esquizofrenia. Este año es Dignidad en Salud Mental. Tema importante, que busca crear conciencia sobre los derechos de las personas que padecen de trastornos mentales. Aunque la era del oscurantismo y de la absoluta ignorancia ya pasó todavía existen muchos prejuicios, discriminación e incomprensión hacia los enfermos. Ya no estamos en la época en que los enfermos mentales graves eran tratados como indeseables, se les recluía en manicomios y pasaban sus vidas encadenados o sometidos a “tratamientos” que no eran más que formas de tortura. También pasaron los días en que se les exhibía como animales de circo y servían de entretenimiento de fin de semana a los curiosos. Ha transcurrido mucho tiempo desde que Philippe Pinel quitó las cadenas a los “insanos” en La Salpetriere de París y abogó por un trato humano. El Holocausto nazi, que llevó a enfermos mentales a los campos de exterminio, y la Eugenesia, que pretendía crear seres humanos perfectos, quitando de en medio a personas consideradas inferiores, son cosas del pasado.

Las ciencias que tienen que ver con el cerebro y la mente han progresado de forma significativa. El desarrollo de tratamientos eficaces ha cambiado el destino de muchos enfermos mentales. La introducción de los psicofármacos y de otros tratamientos modernos ha permitido que los síntomas más graves sean controlados, haciendo posible que la mayoría de pacientes mentales puedan integrarse a sus familias y comunidades, evitando que las alteraciones severas como las psicosis equivalgan a una vida en asilos.

Pero aún se mantiene el estigma hacia la enfermedad mental, no solo en los casos de los trastornos más severos sino también en los que padecen de condiciones menos incapacitantes. A los enfermos con deficiencias mentales o perturbaciones psicóticas aún se les percibe como “los renglones torcidos de Dios”, y las alteraciones depresivas o ansiosas son vistas como problemas de actitud o debilidad moral. A unos se les teme y a otros se les trata con desdén o frialdad. La ciencia médica ha llegado a comprender que los desórdenes mentales son enfermedades, que tienen bases fisiológicas y mecanismos patológicos. Como otros enfermos, los que padecen trastornos psíquicos merecen un trato digno, son también seres humanos que sufren.

El concepto de salud mental es muy amplio y abarca casi todo, pues la vida mental (pensamientos, emociones, recuerdos, afectos, creencias) es lo predominante de la existencia humana. ¿Podría alguien decir que está completamente sano mentalmente? La salud mental, más que un estado, es un ideal, algo que se busca permanentemente. Todo tiene relación con ésta, los estilos de vida, el trabajo, la situación económica, la vida familiar.

Si nos preguntáramos si vivimos en un medio y condiciones que propicien la salud mental la respuesta sería obvia. Alguien dijo que el subdesarrollo es un problema mental, y tenía toda la razón. La intolerancia, el irrespeto a las normas de convivencia, la falta de interés en los otros, la poca solidaridad, son muestras de esta verdad.

Lograr una buena salud mental es un objetivo difícil, tanto en lo personal como en lo social. Por algo hay que comenzar esta búsqueda. Un buen punto de partida es reconocer que todo ser humano es valioso y que merece ser tratado con dignidad. 

*Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.