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Causas y consecuencias del abuso del término "terrorista"

Los argumentos y reflexiones de Gomis, y los comentarios y observaciones de los presentes, me parecieron muy relevantes para El Salvador

La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a un almuerzo informal con un grupo de conocidos criminólogos extranjeros, considerados autoridades globales en diferentes corrientes académicas y áreas de interés dentro de la disciplina. Benoît Gomis, destacado analista y consultor internacional en seguridad, especializado en terrorismo y crimen organizado, autor de numerosos artículos, análisis, estudios y libros sobre dichas temáticas, discutió con los demás comensales los detalles de su última publicación, que traducida al español se titula: “Lucha contra el terrorismo: Reevaluando la respuesta en términos de políticas”. El debate fue enriquecedor. Fue un verdadero privilegio y resultó sumamente interesante, presenciar el intercambio de ideas entre pesos pesados de diferentes perspectivas académicas. 

La más reciente publicación de Gomis, según explicó, examina las respuestas oficiales al terrorismo y los peligros asociados a sobre-reaccionar ante el problema. Además, propone un esquema analítico para no caer en esta magnificación excesiva y sus consecuencias. Los argumentos y reflexiones de Gomis, y los comentarios y observaciones de los presentes, me parecieron muy relevantes para El Salvador, considerando la reciente tendencia mediática y jurídica-penal de caracterizar a las pandillas y sus crímenes como organizaciones y actos terroristas, respectivamente. 

El esquema sugerido por Gomis condiciona de entrada catalogar a grupos criminales como “terrorismo,” permitiéndolo únicamente para aquellos cuyas acciones están orientadas a propiciar un “cambio político”. El experto reconoció lo ambiguo que resulta no contar con una definición universalmente aceptada de dicho término y, al mismo tiempo, enfatizó que utilizarlo para clasificar un problema criminal es una consecuencia de sobre-reaccionar. Además, indicó que esto tiene el potencial de llevar a un abordaje oficial inadecuado. Terrorismo, advirtió, no es sinónimo de conflicto.

Gomis también habló sobre cómo sobre-reaccionar en este contexto puede propiciar el quebrantamiento del Estado de Derecho y conllevar una exageración la amenaza en el discurso público. Trajo a colación una excelente referencia del politólogo Zbigniew Brzezinski, para ilustrar su punto: “El miedo oscurece la razón, intensifica las emociones y facilita que los políticos demagogos movilicen al público a favor de las políticas que ellos quieren seguir”. Gomis, en esencia, sugirió que la exageración intencional o etiquetamiento de un problema como “terrorista” es utilizada por políticos como herramienta para instrumentalizar el pánico colectivo y, de esa forma, alcanzar objetivos ulteriores que obedecen a intereses particulares. 

El abuso del término “terrorismo” distrae de las causas subyacentes de problemas graves y puede, por lo tanto, llevar a distorsionar el entendimiento de temas críticos y su abordaje. Este fue un tópico recurrente en la discusión. 

Durante el debate de ese almuerzo, algunos de los presentes observaron que, bajo la definición de Gomis, unos incidentes clasificados como ciberterrorismo y narcoterrorismo no podrían ser considerados “terrorismo.” Gomis explicó que eso es precisamente el objetivo, ya que si las acciones no buscan un cambio político, no deberían de considerarse “terrorismo,” de lo contrario se estaría desviando la atención de la dinámica real detrás de los actos.

Bajo esta lógica, es necesario evaluar si etiquetar a las pandillas como organizaciones terroristas contribuye a la articulación de una estrategia que ataque la dinámica subyacente que opera detrás de dichas agrupaciones o, por otro lado, si simplemente se están manipulando las emociones ciudadanas para el beneficio de terceros. Particularmente, me inclino por la segunda reflexión. Bailar al son de políticos y burócratas, en el marco de este tema en particular, puede traer consecuencias graves para la sociedad salvadoreña y, adicionalmente, tiene el potencial de prolongar la falta de un abordaje adecuado de la criminalidad en El Salvador.

*Criminólogo.
@cponce_sv