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Acuerdos de Paz: un nuevo capítulo necesario

Han pasado 24 años y los mismos actores siguen controlando los poderes, ya sea en el Gobierno, la Asamblea Legislativa, en las cúpulas de los partidos o desde la sombra

El 16 de enero conmemoramos 24 años del fin de una guerra civil que ensangrentó a nuestra sociedad de manera tal que sus heridas aún siguen abiertas. Lo que debemos reconocer acerca de este evento tan importante en la historia de nuestro país, es que representó una oportunidad ineludible para sentar y consolidar las bases de la democracia y el Estado de Derecho en El Salvador.

Lo que me ha consternado en estas celebraciones es que las personas que estuvieron directamente involucradas en la firma de estos acuerdos sean los voceros exclusivos de la verdad de los mismos, repitiendo lugares comunes y repartiéndose halagos y felicitaciones, cada vez menos justificados. En 24 años no hemos logrado una auténtica reconciliación ni una visión compartida de nuestro futuro.

Que los miembros de nuestra clase política nos sigan exhortando a “construir la paz” cuando son ellos los que trasladaron la confrontación y la “lucha” al escenario político, no deja de ser cínico. No olvidemos que la guerra civil se hubiera prolongado de no ser por el trabajo incansable de intelectuales y promotores de la paz en El Salvador y en países amigos que lograron que tanto guerrilleros como militares, en una guerra sin ganadores, accedieran al cese de fuego y crearan un espacio para la negociación como el único camino viable antes de aniquilar el país.

Los acuerdos de paz crearon una nueva élite política que logró perpetuarse en el poder de manera excluyente. Han pasado 24 años y los mismos actores siguen controlando los poderes, ya sea en el Gobierno, la Asamblea Legislativa, en las cúpulas de los partidos o desde la sombra. No ha ocurrido el necesario cambio generacional, ni una modernización ideológica suficiente.

Sí, hemos avanzado. Se han adoptado los fundamentos democráticos y la necesidad imperiosa del Estado de Derecho, hay elecciones democráticas y se han creado instancias a favor de la transparencia. Todos estos son avances sustanciales, pero la práctica sugiere que todavía son meros formalismos, pequeños cambios para “que todo siga igual”. Los ataques sistemáticos contra la Sala de lo Constitucional, las dificultades para avanzar en Transparencia o Probidad y los titubeos en la lucha contra la corrupción son ejemplos claros de que así es.
 
Gran parte de nuestra sociedad y de la clase política siguen ancladas en las ideas y los principios del pasado. Sin embargo, gracias a una mayor participación de la sociedad civil, y del surgimiento de una nueva generación de jóvenes políticos de mentalidad progresista, avanzan las demandas de cambios reales, resistidas por los estamentos tradicionales de la izquierda y la derecha que, tras los acuerdos de paz, mantienen sus respectivos “estatus quo” sin un proyecto real de cambio y modernización. ¡Exactamente lo contrario de que como sociedad exigimos a los partidos y a la clase política a todas voces! 

Lo que más hace falta en este momento histórico son nuevos protagonistas. Los partidos políticos tienen que dar espacios a estos nuevos líderes, para que aporten una mirada fresca y moderna para nuestro futuro. Pero también tienen que dar un mayor espacio de participación a la sociedad civil actual, más activa y madura, para que incida en la ruta democrática y de desarrollo inclusivo en nuestro país, superando la mentalidad y el lenguaje de enfrentamiento imperante hoy en día.

Todos aplaudimos los acuerdos de paz como el punto final de la tragedia que fue una guerra entre hermanos. Ahora, debemos reflexionar como país, críticamente, si ese punto final de la guerra es lo que nos está impidiendo escribir un nuevo capítulo de nuestra historia: el de un desarrollo social justo y equitativo, de acuerdo con los deseos y demandas de nuestra gente, y alejado al fin de la violencia.
 

*Columnista de 
El Diario de Hoy.
@cavalosb