¿Realmente funcionan los medicamentos para bajar de peso?
Existen medicamentos que permiten perder peso hasta 20% en pocas semanas, pero estudios advierten que al suspenderlos se puede recuperar rápidamente. Su uso crece mientras especialistas alertan sobre efectos.
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Agencias
Publicado el 14 de abril de 2026
El uso de medicamentos para bajar de peso ha aumentado debido a su eficacia para reducir entre 14 % y 20 % del peso corporal en menos de dos años, según BBC Mundo. Estos fármacos actúan sobre hormonas que regulan el apetito, pero su efecto suele revertirse al suspenderlos, con recuperación rápida del peso perdido. Especialistas advierten que su uso puede requerir tratamientos prolongados y acompañarse de cambios en el estilo de vida. También se han identificado efectos secundarios y riesgos aún en estudio. Aunque ofrecen beneficios adicionales para la salud, no sustituyen medidas integrales para tratar la obesidad.
El uso de medicamentos para bajar de peso se expande a nivel global con resultados que están cambiando el tratamiento de la obesidad. Según BBC Mundo, fármacos como la semaglutida y la tirzepatida —conocidos como Ozempic y Mounjaro— han mostrado pérdidas de hasta un 20 % del peso corporal en poco más de un año, impulsando su demanda y el desarrollo de nuevas opciones.
Las personas tienen acceso a estos tratamientos, mientras la industria farmacéutica avanza en nuevas presentaciones, incluyendo pastillas en lugar de inyecciones. Este crecimiento ha llevado a especialistas a señalar que se está abriendo una nueva etapa en el manejo de la obesidad, aunque con condiciones y advertencias claras sobre su uso.
Cómo actúan los medicamentos
Estos fármacos funcionan suprimiendo el apetito mediante la imitación de hormonas que indican al cuerpo cuándo está saciado. Entre las más comunes están el GLP-1 y el GIP, que se unen a receptores en las células y ayudan a regular la sensación de hambre, según explicó BBC Mundo.
Según la BBC Mundo, alguno casos, quienes los utilizan comienzan a perder peso en las primeras semanas. Su eficacia ha sido uno de los factores clave de su popularidad, con reducciones de entre el 14 % y el 20 % del peso corporal en un periodo de 72 semanas. Sin embargo, entre el 10 % y el 15 % de los usuarios presentan poca respuesta al tratamiento.

Uso prolongado y recuperación de peso
Uno de los principales aspectos que deben considerar los pacientes es la duración del tratamiento. David Cummings, profesor de medicina de la Universidad de Washington, explicó a la BBC que quienes inician estos fármacos podrían necesitarlos a largo plazo, ya que el peso suele recuperarse al suspenderlos.
Datos citados por BBC Mundo indican que muchas personas dejan el tratamiento alrededor de un año después de iniciarlo, con una duración promedio de 39 semanas. Sin embargo, estudios muestran que la recuperación del peso puede ser hasta cuatro veces más rápida tras dejar los medicamentos, e incluso alcanzar cerca del 60 % del peso perdido en un año.
Cambios en el estilo de vida siguen siendo clave
A pesar de la eficacia de los fármacos, especialistas advierten que no sustituyen los cambios en hábitos. Naveed Sattar, profesor de medicina cardiometabólica en la Universidad de Glasgow, señaló a la BBC que algunos pacientes logran reducir la dosis si realizan “cambios fundamentales en su dieta”, aunque la mayoría necesitará mantener algún nivel de tratamiento.
Una revisión científica citada por BBC Mundo advierte que la falta de acompañamiento en nutrición y conducta puede generar deficiencias. “Debemos asegurarnos de que las personas reciban suficiente proteína y todas las vitaminas y minerales que necesitan”, afirmó Marie Spreckley, de la Universidad de Cambridge.
No son una solución definitiva
La Organización Mundial de la Salud ha indicado que la medicación por sí sola no revertirá el problema de la obesidad. Según BBC Mundo, la entidad insiste en la necesidad de intervenciones tempranas, cambios en el entorno alimentario y apoyo continuo para los pacientes.
Amanda Daley, profesora de medicina conductual en la Universidad de Loughborough, explicó que la obesidad es una condición crónica y recurrente. Esto implica que no puede resolverse únicamente con medicamentos, sino que requiere atención integral y sostenida.
Efectos secundarios y riesgos
El uso de estos fármacos también está asociado a efectos secundarios. Entre los más comunes se encuentran problemas gastrointestinales, además de un aumento en casos de pancreatitis y cálculos biliares, según BBC Mundo. También se ha identificado pérdida de masa muscular y posibles vínculos con afecciones óseas y articulares.

Aún existen interrogantes sobre sus efectos a largo plazo, incluyendo su impacto en el embarazo y en generaciones futuras. Sin embargo, algunos especialistas consideran que, frente a los riesgos de la obesidad —como enfermedades cardíacas, cáncer y accidentes cerebrovasculares—, los efectos secundarios son relativamente menores.
Un panorama en evolución
Los especialistas coinciden en que estos medicamentos representan una herramienta importante, pero no definitiva. Según BBC Mundo, el desafío sigue siendo promover cambios sostenidos en la alimentación y la actividad física, especialmente en un entorno donde predominan los alimentos ultraprocesados.
“El objetivo final debería ser cambiar el entorno alimentario”, señaló Amanda Daley, al destacar la necesidad de políticas que reduzcan la dependencia de estos tratamientos en el futuro.
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