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Entre la vulnerabilidad y la validación digital, el sadfishing refleja cómo las emociones también buscan respuesta en redes sociales.

Sadfishing, cuando mostrar el dolor se vuelve viral

Mostrar vulnerabilidad en redes puede ser un acto de valentía, pero también puede convertirse en una trampa emocional si se hace buscando validación. El sadfishing expone esta compleja realidad.

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Por Betty Carranza
Publicado el 20 de enero de 2026

 

TU RESUMEN

El sadfishing es una tendencia en redes sociales donde se expone el sufrimiento emocional para atraer atención o compasión. Aunque compartir emociones puede ser sanador, esta práctica puede generar dependencia de la validación externa y trivializar problemas serios de salud mental. Expertos como la psicóloga Anna Salvia advierten que no todo lo vulnerable es una petición real de ayuda. El reto está en distinguir entre compartir para conectar y hacerlo como mecanismo de validación. Fomentar conversaciones genuinas y apoyar con empatía, dentro y fuera de redes, es clave para construir relaciones más saludables y conscientes.

En los últimos años, una nueva forma de comunicarse ha ganado fuerza en las redes sociales: mostrar el sufrimiento emocional en busca de reacciones. Este fenómeno, conocido como "sadfishing", consiste en compartir contenido personal doloroso con el fin de recibir compasión, apoyo o atención masiva. Aunque el término puede sonar nuevo, la práctica se ha vuelto común, especialmente entre jóvenes y figuras con presencia digital constante.

El concepto fue acuñado en 2019 por la periodista británica Rebecca Reid, quien lo utilizó para describir publicaciones en las que las personas exageran o magnifican sus emociones en redes para generar una reacción emocional. Desde entonces, el sadfishing ha sido objeto de análisis por expertos en salud mental, sociólogos y educadores que intentan entender por qué esta conducta se ha normalizado.

Mostrar dolor no siempre es una petición de ayuda

Según el medio Infobae, el sadfishing se da cuando alguien usa su sufrimiento como una herramienta para obtener interacciones, sin necesariamente buscar soluciones o apoyo real. Esta tendencia está estrechamente ligada a la estructura de las redes sociales, donde las respuestas inmediatas, como los likes y los comentarios, pueden ofrecer una sensación temporal de alivio o valor.

Likes, reacciones y comentarios pueden convertirse en alivio momentáneo, pero también en una forma de medir el valor emocional propio.
Likes, reacciones y comentarios pueden convertirse en alivio momentáneo, pero también en una forma de medir el valor emocional propio. / Shutterstock

En una entrevista publicada por el medio español La Vanguardia, la psicóloga y divulgadora social Anna Salvia explica: "Publicar sobre momentos duros puede ser una forma de pedir ayuda, pero también puede reforzar la idea de que solo valemos cuando los demás nos prestan atención". Este punto es clave para entender cómo el sadfishing puede reforzar un círculo vicioso de dependencia emocional hacia la validación externa.

Por su parte, el portal Psychology Today indica que esta práctica puede estar relacionada con estilos de apego ansioso, donde las personas sienten una necesidad constante de asegurarse de que los demás se preocupan por ellas. Si bien no todos los casos responden a una estrategia consciente, el sadfishing suele alimentarse del diseño algorítmico de las plataformas digitales, que premian lo emotivo, lo vulnerable y lo compartible.

Cuando la empatía se confunde con espectáculo

Uno de los mayores riesgos del sadfishing es que banaliza el sufrimiento. Como señala el sitio web Animal Político, cuando el dolor emocional se convierte en contenido para el consumo rápido, pierde parte de su significado. Se transforma en un espectáculo que, si bien puede generar apoyo momentáneo, también puede ser recibido con escepticismo o burla.

En el portal Noticias RCN, la experta en redes sociales Mariana Garcés comenta: "El problema no es mostrar nuestras emociones, sino esperar que nuestra salud emocional se regule con base en las reacciones de desconocidos". En ese sentido, el sadfishing puede generar un efecto contrario: en lugar de alivio, dejar sensación de vacío o incluso rechazo.

El medio Psychreg destaca otro aspecto: esta práctica puede desincentivar el apoyo real, ya que los espectadores frecuentes de sadfishing pueden volverse insensibles o asumir que todo contenido vulnerable responde a una intención manipuladora. Esto pone en riesgo a quienes, de verdad, están pasando por un momento difícil y necesitan ayuda.

Buscar conexión no es el problema

Es importante aclarar que mostrar emociones en redes sociales no es negativo en sí mismo. Hablar de salud mental, compartir experiencias y pedir apoyo puede ser profundamente sanador. La clave está en la intención y la frecuencia. Si alguien publica de forma recurrente sobre su sufrimiento sin buscar alternativas reales para sentirse mejor, podría estar cayendo en patrones de sadfishing.

Un artículo publicado por el medio Desafío.mx subraya que las redes pueden ser una vía para romper el silencio, especialmente en contextos donde hablar de emociones todavía es visto como debilidad. Sin embargo, también advierte que hay una diferencia entre usar la vulnerabilidad como puente hacia otros y convertirla en un mecanismo para sostener la autoestima.

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El reto está en cultivar espacios seguros, dentro y fuera de las redes, donde las personas puedan expresarse sin sentirse juzgadas o expuestas. Y, al mismo tiempo, en educar a las nuevas generaciones sobre la importancia de buscar ayuda profesional cuando el dolor persiste.

Construir relaciones más genuinas

El sadfishing nos recuerda que, en medio del mundo digital, sigue existiendo una necesidad profunda de conexión humana. Como sociedad, necesitamos fomentar conversaciones más honestas sobre el bienestar emocional y acompañar, sin juicio, a quienes atraviesan momentos difíciles.

Si alguna publicación te parece alarmante o te genera dudas, es mejor preguntar con empatía que asumir. Y si sentís que alguien en tu entorno está usando las redes para expresar su dolor de manera constante, podés ofrecer tu escucha o sugerirle buscar apoyo profesional. En palabras de la psicóloga Anna Salvia: "La empatía real no necesita likes, necesita presencia".

Recordá que hablar de emociones no es signo de debilidad. Es un acto de humanidad que, cuando se hace desde la honestidad, puede abrir caminos de sanación reales. El desafío está en distinguir entre compartir para conectar y compartir para llenar vacíos que solo pueden atenderse con ayuda real y cercana.

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