Protector solar, la guía para usarlo sin fallar
Aplicarlo cada dos horas, elegir amplio espectro y no olvidar zonas expuestas son claves para prevenir quemaduras, manchas y daño acumulado.
Usar correctamente el protector solar ayuda a prevenir quemaduras, envejecimiento prematuro y cáncer de piel. El dermatólogo Tomás Toledo Pastrana explicó a EFE cuáles son los errores más frecuentes, cuánto dura la protección, qué significa el FPS y por qué la crema también debe aplicarse en días nublados.
El especialista, jefe del Servicio de Dermatología de los hospitales Quirónsalud Sagrado Corazón y Quirónsalud Infanta Luisa, recomienda utilizar fotoprotección diaria en las zonas expuestas.
La cara, el cuello, el escote, las orejas y el dorso de las manos necesitan protección incluso cuando el cielo está cubierto, ya que una parte importante de la radiación ultravioleta atraviesa las nubes.
Aunque no aparezca una quemadura visible, el daño solar se acumula con el paso de los años.
El protector solar también se usa en días nublados
“En días nublados no solemos notar calor ni sensación de sol, pero eso no significa ausencia de radiación ultravioleta”, advierte Toledo.
La falta de calor puede generar una falsa sensación de seguridad. Una persona puede no sentir que se está quemando, aunque la radiación continúe llegando a la piel.
Otro concepto equivocado es el llamado “callo solar”, según el cual una exposición progresiva permitiría que la piel se adapte y desarrolle una protección natural.

Aunque exponerse repetidamente puede aumentar la pigmentación y engrosar ligeramente la capa más superficial de la piel, esto no evita el daño acumulado en el ADN de las células ni reduce el riesgo de cáncer cutáneo.
Los errores más frecuentes con el protector solar
Desde el punto de vista científico, el “callo solar” no funciona como una estrategia preventiva.
Entre los principales errores al utilizar protector solar se encuentran:
- Aplicar menos cantidad de la necesaria.
- No renovar el producto durante la exposición.
- Olvidar las orejas, los labios, el cuello y la nuca.
- No proteger el cuero cabelludo cuando hay poco cabello.
- Dejar sin crema el dorso de las manos y los empeines.
- Usar productos caducados o mal conservados.
- Pensar que las nubes bloquean completamente la radiación.
- Utilizar la crema para permanecer más tiempo bajo el sol.
- Considerar que broncearse progresivamente es saludable.
El bronceado puede resultar atractivo o estar relacionado socialmente con una imagen de bienestar, pero biológicamente representa una respuesta defensiva de la piel frente al daño ultravioleta.
Cada cuánto debe reaplicarse la crema
Durante una exposición prolongada al aire libre, la recomendación práctica es renovar el protector solar aproximadamente cada dos horas.

Aplicarlo una sola vez por la mañana no garantiza protección durante toda la jornada, especialmente cuando se permanece varias horas en exteriores.
También debe reaplicarse después del baño, al sudar intensamente, durante la práctica deportiva o después de secarse con una toalla.
El roce continuado con prendas, cascos u otros objetos también puede retirar parte del producto y disminuir su efectividad.
Hay que extremar las precauciones en la playa, la nieve, la montaña y durante las actividades náuticas, donde la radiación puede aumentar debido al reflejo y la altitud.
“La fotoprotección inteligente no es vivir embadurnado por miedo, sino adaptar las medidas al nivel real de exposición”, aclara el dermatólogo.
Qué significa el número del FPS
El factor de protección solar, conocido como FPS, indica principalmente el nivel de defensa frente a la radiación UVB, que es la más relacionada con las quemaduras.
Sin embargo, no mide de forma completa la protección contra los rayos UVA, que penetran más profundamente en la piel y contribuyen al fotoenvejecimiento, las manchas y el cáncer cutáneo.
Por esa razón, conviene elegir productos de amplio espectro y revisar que el etiquetado incluya protección frente a los rayos UVA.
Esta radiación atraviesa con mayor facilidad las nubes y los cristales, además de alcanzar capas más profundas de la piel.
De manera aproximada, un FPS 30 bloquea el 97 % de la radiación UVB y un FPS 50 alrededor del 98 %.
Aunque la diferencia parezca pequeña, puede resultar importante para personas con piel muy clara, antecedentes de cáncer de piel o exposiciones intensas y prolongadas.
La protección real puede ser menor
En la práctica, muchas personas utilizan menos cantidad de la recomendada, dejan áreas sin cubrir o no vuelven a aplicar el producto.
Como consecuencia, la protección real suele ser considerablemente inferior a la indicada en el envase.
Los fotoprotectores resistentes al agua tampoco son impermeables. Según su etiquetado, pueden mantener su efectividad durante 40 u 80 minutos sobre la piel mojada.
Una vez transcurrido ese tiempo, o después de secarse, es necesario volver a aplicar la crema.
Los dermatólogos también recuerdan que el aumento de los diagnósticos de cáncer de piel durante las últimas décadas no depende únicamente de los hábitos de exposición.
Herramientas como la dermatoscopia digital permiten identificar más tumores y detectarlos en etapas tempranas, cuando el pronóstico suele ser más favorable.
Protector solar y vitamina D
El uso de fotoprotector no suele impedir que el organismo produzca vitamina D, según Toledo.
Cuando existe una deficiencia, esta puede corregirse de forma segura mediante la alimentación o con suplementos indicados por un profesional.
Por eso, la recomendación científica no consiste en exponerse sin protección para favorecer su síntesis.
El protector debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya buscar sombra, utilizar ropa adecuada, llevar sombrero y proteger los ojos con gafas de sol.
Ningún producto bloquea el 100 % de la radiación ultravioleta. Sin embargo, aplicado en cantidad suficiente, renovado con frecuencia y acompañado de otras medidas, ayuda de manera decisiva a prevenir el envejecimiento cutáneo y el cáncer de piel.
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