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La soledad influye en el rendimiento inicial de la memoria en adultos mayores, aunque no acelera su deterioro cognitivo a lo largo del tiempo.

La soledad impacta la memoria en mayores sin acelerar su deterioro

Un estudio europeo revela que sentirse solo influye en el rendimiento inicial de la memoria, pero no acelera su declive con el paso de los años.

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Por EFE
Publicado el 14 de abril de 2026

 

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La soledad influye en la memoria de las personas mayores, pero no acelera su deterioro cognitivo, según un estudio europeo con más de 10,000 participantes seguido durante siete años. Quienes reportaron mayor soledad obtuvieron peores resultados iniciales en pruebas de memoria, aunque su declive fue similar al de quienes no se sentían solos. La investigación, basada en datos de 12 países, sugiere que el aislamiento afecta el punto de partida de la memoria, pero no su evolución. Además, identifica mayor soledad en personas de más edad, especialmente mujeres, con peor salud y mayor prevalencia de enfermedades.

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La soledad afecta la memoria de las personas mayores, pero no acelera el deterioro cognitivo con el tiempo, según datos difundidos por EFE a partir de un estudio europeo que siguió a más de 10,000 adultos durante siete años, aportando nuevas claves sobre cómo el aislamiento incide en la salud mental.

Los resultados muestran que quienes reportaron altos niveles de soledad obtuvieron peores puntajes en pruebas de memoria al inicio del estudio. Sin embargo, su capacidad de recordar información disminuyó a un ritmo similar al de quienes no se sentían solos, lo que cuestiona la idea de que el aislamiento social acelera el deterioro cerebral.

La investigación fue publicada en la revista Aging & Mental Health y contó con la participación de especialistas de la Clínica Universitaria de Navarra, la Universidad de Valencia, la Universidad del Rosario en Colombia y el Instituto Karolinska en Suecia. El análisis se basó en datos de la Encuesta sobre salud, envejecimiento y jubilación en Europa (SHARE), con una muestra de 10,217 personas de entre 65 y 94 años en 12 países, entre 2012 y 2019.

Soledad y memoria en la vida cotidiana

El estudio pone el foco en una realidad cada vez más visible: el impacto del aislamiento en la calidad de vida de las personas mayores. Aunque la soledad no parece acelerar el deterioro cognitivo, sí influye en el punto de partida de la memoria, una diferencia que puede afectar el día a día.

Según la revista, los resultados refuerzan “los fuertes vínculos que existen entre el sentimiento de soledad y la función cerebral en las personas mayores, al tiempo que respaldan la teoría de que el aislamiento no es necesariamente un factor de riesgo de demencia”.

Este matiz es clave para comprender el fenómeno desde una perspectiva más amplia. No se trata solo de cuánto se deteriora la memoria con el tiempo, sino de cómo comienza ese proceso y qué factores lo condicionan desde el inicio.

El estudio sugiere incorporar evaluaciones de soledad en controles de salud mental para detectar riesgos asociados desde etapas tempranas.
El estudio sugiere incorporar evaluaciones de soledad en controles de salud mental para detectar riesgos asociados desde etapas tempranas. /Shutterstock

Los autores plantean que incorporar evaluaciones periódicas sobre la percepción de soledad podría ser útil dentro de los chequeos habituales de salud mental en adultos mayores, como una herramienta preventiva.

Un hallazgo que sorprende a los investigadores

El principal autor del estudio, Luis Carlos Venegas-Sanabria, de la Universidad del Rosario, España, destacó que uno de los resultados más llamativos fue la diferencia entre el estado inicial y la evolución en el tiempo.

“El hallazgo de que la soledad afectaba significativamente a la memoria, pero no a la velocidad de su deterioro a lo largo del tiempo, fue un resultado sorprendente”, afirmó.

En esa línea, agregó que “la soledad podría desempeñar un papel más destacado en el estado inicial de la memoria que en su deterioro progresivo”. Esta observación abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el momento en que el aislamiento tiene mayor impacto y cómo intervenir de forma oportuna.

El objetivo del estudio fue evaluar cómo influye la soledad en los cambios de la memoria, tanto inmediata como diferida, durante un periodo prolongado. Este enfoque permitió identificar patrones más precisos en la evolución cognitiva de los participantes.

Diferencias entre regiones y perfiles

El análisis también exploró cómo se distribuye la soledad en distintas regiones de Europa. Los participantes provenían de países como España, Alemania, Suecia o Eslovenia, y fueron agrupados en cuatro zonas: Central, Sur, Norte y Este.

Los resultados evidenciaron diferencias relevantes:

  • El sur de Europa registró los niveles más altos de soledad, con un 12 %
  • La región oriental presentó un 9 %
  • La región septentrional también alcanzó un 9 %
  • La zona central mostró el nivel más bajo, con un 6 %

A nivel general, el 92 % de los participantes reportó niveles bajos o medios de soledad al inicio del estudio. Solo un 8 % se ubicó en la categoría de alta soledad, un grupo que compartía ciertas características.

Entre quienes se sentían más solos, se observó que:

  • Eran, en promedio, de mayor edad
  • Predominaban las mujeres
  • Reportaban más problemas de salud
  • Presentaban mayor prevalencia de depresión, hipertensión y diabetes

Estas condiciones reflejan una intersección entre factores físicos, emocionales y sociales que pueden influir en la percepción de aislamiento.

Cómo evoluciona la memoria con el tiempo

En las pruebas de memoria inmediata y diferida, las personas con altos niveles de soledad mostraron resultados más bajos desde el inicio. Sin embargo, al analizar la evolución durante los siete años, la tendencia fue similar en todos los grupos.

Es decir, aunque partían desde un nivel inferior, el ritmo de deterioro no fue más rápido en comparación con quienes reportaban menor soledad. Esta “pendiente” de declive se hizo más evidente entre el tercer y el séptimo año de evaluación, según detalla la publicación.

Este hallazgo sugiere que la soledad no necesariamente intensifica el deterioro cognitivo, pero sí puede marcar una diferencia inicial que influya en la calidad de vida.

Los investigadores subrayan, además, que en el estudio la soledad fue tratada como una condición estable en el tiempo. Sin embargo, advierten que en la vida real esta percepción puede cambiar, influida por factores personales, sociales o ambientales.

Un enfoque para futuras estrategias de salud

El trabajo abre nuevas perspectivas sobre cómo abordar la salud mental en personas mayores. Más allá de centrarse únicamente en enfermedades neurodegenerativas, pone en evidencia la importancia de factores emocionales como la soledad.

Incorporar este tipo de evaluaciones podría permitir detectar situaciones de riesgo desde etapas tempranas, incluso antes de que se manifiesten cambios más profundos en la memoria.

Al mismo tiempo, el estudio aporta un mensaje relevante: la soledad no debe entenderse automáticamente como un detonante de deterioro cognitivo acelerado, sino como un factor que influye en el punto de partida y en la experiencia cotidiana de las personas.

Este enfoque invita a repensar las estrategias de acompañamiento, prevención y cuidado, integrando dimensiones sociales y emocionales en el análisis de la salud cerebral.

En un contexto global de envejecimiento poblacional, comprender cómo interactúan estos factores se vuelve clave para diseñar políticas y prácticas que respondan a las necesidades reales de las personas mayores.

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