Tanorexia, el trastorno detrás de querer estar siempre bronceada
La obsesión por mantener la piel bronceada puede alterar la percepción corporal y aumentar el riesgo de daños acumulativos, melanoma y problemas oculares.
La tanorexia, o adicción al bronceado, es una obsesión con la imagen propia que va más allá del deseo de verse moreno y atractivo, según informó EFE. Este trastorno afecta principalmente a mujeres jóvenes de entre 16 y 35 años y puede tener consecuencias tanto para la salud mental como para la piel.
Luis Antón, psicólogo y director del Instituto de Psicoterapias Avanzadas, explica que la tanorexia parte de un fallo de autopercepción. El problema no está únicamente en lo que la persona ve frente al espejo, sino en la manera en la que su cerebro procesa su propia imagen.
En concreto, consiste en una exposición “repetida e intensa” a la radiación ultravioleta, ya sea mediante el sol o a través de cabinas artificiales de rayos UV.
Quienes padecen este trastorno no se observan de forma “neutra”, sino con un “sesgo de confirmación” que exagera cualquier señal de palidez y minimiza los indicios que contradicen esa percepción, explicó Antón a EFE.
Las mujeres jóvenes son el grupo más vulnerable
El psicólogo señaló a las mujeres de entre 16 y 35 años como el colectivo más vulnerable frente a esta adicción, aunque los hombres “no están exentos”.
El riesgo también puede aparecer en contextos donde el cuerpo ocupa un lugar central en la identidad social, como ocurre entre deportistas o personas dedicadas a crear contenido en redes sociales.
La adicción al bronceado surge al asociar lo atractivo con lo valioso y al pensar que la aprobación de los demás depende del aspecto físico, indicó Antón.
Las personas con tanorexia pueden repetir la conducta después de recibir cumplidos, ya que procesan esas expresiones como una forma de validación externa.
El bronceado como símbolo de atractivo
Antón también relacionó la tanorexia con determinados aprendizajes culturales. En las sociedades mediterráneas, explicó, el bronceado se ha vinculado “tradicionalmente” con el “ocio, la juventud activa y el cuerpo saludable”.

Esa asociación queda “grabada a fuego” en lo que la sociedad interioriza como atractivo y puede influir en la forma en que algunas personas valoran su cuerpo.
Desde esta perspectiva, quien desarrolla el trastorno no actúa de manera “irracional”, sino que responde a aprendizajes considerados “relevantes” en el plano evolutivo, aunque lo hace de forma “exagerada”, según el especialista.
El deseo de mantener el tono de piel puede convertirse así en una conducta repetitiva que resulta difícil de controlar, incluso cuando la exposición comienza a generar riesgos físicos.
Un problema para la salud física y mental
La Academia Española de Dermatología y Venereología ha alertado sobre el aumento continuo del melanoma, el tipo de cáncer de piel con mayor porcentaje de mortalidad.
La institución prevé más de 8.000 nuevos diagnósticos de esta variante durante 2026. A escala global, la Organización Mundial de la Salud también ha declarado el cáncer de piel como el más frecuente.
Lourdes Rodríguez, presidenta de la sección andaluza de la Academia Española de Dermatología y Venereología, recordó a EFE que el bronceado “no es un signo de salud, sino que es una respuesta de la piel frente a una agresión”.
La especialista subrayó que los beneficios necesarios derivados de la exposición solar se obtienen con dosis moderadas y no requieren que la piel llegue a broncearse.
El daño solar se acumula con los años
Una exposición excesiva al sol puede producir consecuencias que no siempre aparecen de inmediato. Rodríguez remarcó que el daño solar es acumulativo y puede manifestarse con el paso del tiempo.
Entre los signos más frecuentes se encuentran las manchas, las arrugas y la deshidratación de la piel.
La radiación ultravioleta también puede afectar otros órganos, como los ojos, donde existe la posibilidad de desarrollar cataratas.
Por esta razón, los riesgos van más allá de las quemaduras visibles y pueden permanecer ocultos durante años antes de mostrar sus efectos.
Autobronceadores, una alternativa sin exposición
La dermatóloga consideró los autobronceadores como una opción sin contraindicaciones para quienes desean cambiar el tono de su piel sin exponerse a la radiación ultravioleta.
Estos productos tiñen la superficie cutánea y permiten conseguir el color deseado “que gusta a todo el mundo”, señaló Rodríguez.
Sin embargo, recordó que ese tono es artificial y no protege frente a la radiación solar. Por ello, sigue siendo necesario aplicar protector aunque la piel parezca bronceada.
La especialista también advirtió sobre la desinformación “reciente de deportistas y personas con influencia que no ven a largo plazo”.
Frente a esos mensajes, insistió en la necesidad de mirar más allá de las quemaduras inmediatas y comprender las consecuencias acumulativas de la exposición.
“El mejor bronceado es el que no pone en riesgo la salud”, concluyó Rodríguez.
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