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La vida sigue normal en el caserío Chaparrastique

Los pobladores del caserío Chaparrastique, al costado oriente del cono del volcán, no sufren por las cenizas que expulsa porque estas en general caen del lado poniente.

Por Jonatan Funes | Nov 30, 2022- 22:38

“Aquí no hay nada, esto es normal. Ya no nos sorprende, no me aflijo. No hay Peligro”, son las respuestas de los pobladores del caserío Chaparrastique del cantón El niño, San Miguel, quienes viven sin ninguna preocupación en las faldas de volcán. Foto EDH/Jonatan Funes

“Aquí no hay nada, esto es normal. Ya no nos sorprende, no me aflijo. No hay Peligro”, son las respuestas de los pobladores del caserío Chaparrastique del cantón El niño, San Miguel, quienes viven sin ninguna preocupación en las faldas de volcán.

La vista desde el caserío hacia la cima del volcán es impresionante. Es uno de los poblados que está en distancia más cerca del cráter. A diferencia del flanco occidental, donde está el municipio de San Jorge, acá se aprecia que la vegetación intacta llega hasta lo más alto y no hay señales de erosión. La ceniza que ha expulsado el volcán desde hace dos semanas tampoco ha llegado a esta zona.

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“Aquí no hay nada, esto es normal. Ya no nos sorprende, no me aflijo. No hay Peligro”, son las respuestas de los pobladores del caserío Chaparrastique del cantón El niño, San Miguel, quienes viven sin ninguna preocupación en las faldas de volcán.
Foto EDH/Jonatan Funes

José Gregorio González Díaz, de 71 años, ha vivido en casería El Chaparrastique toda su vida y no le preocupan en lo más mínimo las explosiones, los retumbos, y mucho menos la ceniza. Vive con su esposa en las últimas casas en la zona alta del caserío. De ahí para arriba no existen más viviendas.

“Para mí está bien lo que hace el volcán. Estos poquitos de humo a nosotros no nos sorprenden. Para mí está bien lo que está haciendo el volcán, porque si no lo hace, ya hubiese explotado por la mitad”, expresó. La serenidad con la que este hombre dice sus palabras se basa en su experiencia de vida por las erupciones de las que ha sido testigo desde 1976 a la fecha. La que más recuerda es la del 2013, cuando el volcán expulsó una columna de gases y cenizas de más de cinco kilómetros de altura.

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José Gregorio González Díaz, de 71 años, ha vivido en casería El Chaparrastique

toda su vida y no le preocupan en lo más mínimo las explosiones, los retumbos, y mucho menos la ceniza. Vive con su esposa en las últimas casas en la zona alta del caserío. De ahí para arriba no existen más viviendas.
Foto EDH/Jonatan Funes

“En el 2013 el miedo de nosotros era que la ceniza nos arropara al caer, pero gracias a Dios se disolvió y fue a caer a otro lado. Aquí estamos bendecidos porque esa ceniza no nos daña”, concluyó. En el cantón El Niño hay al menos unas mil familias, según González. Estas se reparten entre el caserío Chaparrastique, Los Magañas y El Casco.

Ana Alfaro, de 47 años, trabaja de oficios varios en una caseta de una antena repetidora de señal de telefonía en el cantón. Al medio día llega a la casa de su madre en el caserío El Casco para almorzar. Explica que en ocasiones se sienten los retumbos del volcán, pero que no es algo por lo que tengan que alarmarse.

“Aquí no ha pasado a más, no ha pasado nada. Desde que comenzó a tirar humo acá ni ceniza cae. Estamos bien gracias a Dios”, especificó. Las familias de El Casco viven en la zona más alta, prácticamente son las últimas. Hay al menos 12 casas, pero no todas están habitadas. Las familias viajan a trabajar a San Miguel y otras viven afuera del país.

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“Aquí no ha pasado a más, no ha pasado nada. Desde que comenzó a tirar humo acá ni ceniza cae. Estamos bien gracias a Dios”, especificó. Las familias de El Casco viven en la zona más alta, prácticamente son las últimas. Hay al menos 12 casas, pero no todas están habitadas. Las familias viajan a trabajar a San Miguel y otras viven afuera del país.
Foto EDH/Jonatan Funes

René Argueta de 65 años vive con su familia en el caserío El Casco. Se dedica a sembrar maíz y frijol en las faldas del volcán, pero ahora anda pastando a dos caballos y tres terneros de su propiedad. Desconoce si Protección Civil tiene un plan de evacuación para los habitantes del caserío, aunque asegura que los ha visto patrullar la zona.

“La gente no tiene miedo porque el volcán lo ha hecho constantemente, pero sabemos que es peligroso. Hay peligro para la vida de los animales y los humanos”, enfatizó.

Las autoridades han suspendido los trabajos de agricultura que se hacen en un perímetro de cinco y tres kilómetros en los municipios ubicados en las faldas del volcán, como San Jorge, Chinameca y San Rafael Oriente.

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René Argueta de 65 años vive con su familia en el caserío El Casco. Se dedica a sembrar maíz y frijol en las faldas del volcán, pero ahora anda pastando a dos caballos y tres terneros de su propiedad. Desconoce si Protección Civil tiene un plan de evacuación para los habitantes del caserío, aunque asegura que los ha visto patrullar la zona.
Foto EDH/Jonatan Funes

El más reciente informe especial número 17 del Ministerio de Medio Ambiente, El volcán de San Miguel muestra actividad eruptiva de intensidad uno. Los efectos de estas explosiones han sido expulsión de rocas calientes en los alrededores del cráter, columnas de gases, vapor de agua, vibraciones en las laderas del volcán y cenizas visibles que varían de altura, la máxima supera los 1100 metros.

Recomienda no realizar actividades en los alrededores del cráter, principalmente en los municipios mencionados anteriormente. El tiempo entre explosiones ha aumentado, solo una explosión en las pasadas 24 horas, la sismicidad no está mostrando patrones de incremento y las mediciones de gases son bajas.

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“Por sus antecedentes históricos, el volcán de San Miguel se caracteriza por presentar este tipo de actividad, la cual se clasifica como estromboliana y se caracteriza por pequeñas explosiones, generalmente poco violentas, acompañadas de mezclas calientes de gases, cenizas y fragmentos de roca”, detalla el informe. También menciona que comportamientos similares han ocurrido en el pasado, como en el caso del 30 de marzo al cinco de abril de 1970, pudiendo llegar a durar días o semanas.

Foto EDH/Jonatan Funes

“Por sus antecedentes históricos, el volcán de San Miguel se caracteriza por presentar este tipo de actividad, la cual se clasifica como estromboliana y se caracteriza por pequeñas explosiones, generalmente poco violentas, acompañadas de mezclas calientes de gases, cenizas y fragmentos de roca”, detalla el informe. También menciona que comportamientos similares han ocurrido en el pasado, como en el caso del 30 de marzo al cinco de abril de 1970, pudiendo llegar a durar días o semanas.

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