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El difícil camino de las niñas embarazadas en El Salvador

Entre 2017 y 2021 en promedio 20 niñas y adolescentes fueron embarazadas cada día, según datos del Ministerio de Salud.

Por Lissette Lemus | Sep 03, 2022- 22:27

Gabriela es una de las cientos de jóvenes que han sido madres a temprana edad en Nahuizalco, Sonsonate. Con poca información asumió una tarea que le cambió por completo su vida. Ahora, ella y otras niñas de su familia participan en los talleres del colectivo Mujeres de Xochilt con el objetivo de aprender sobre el cuido de su cuerpo. Video EDH / Eduardo Alvarenga.

A sus 15 años Gabriela pensó que al tener novio iba a tener alguien con quién hablar, alguien que la hiciera sentir amada, pues nunca tuvo el amor de su padre biológico, como ella deseaba.

A esa edad, ella nunca tuvo una muñeca, apenas pudo estudiar hasta el segundo grado de la escuela básica, tampoco tuvo tiempo para jugar, su vida fue salir a vender verduras y ayudar a su madre con el cuido de sus hermanas menores.

Un año después, ese alivio que buscó en su vida, se convirtió en un peso con más responsabilidades. Las sospechas de su padrastro y su madre, al verla mal de salud, fueron confirmadas en un laboratorio privado de Nahuizalco: Gabriela estaba embarazada.

Los padres pagaron una prueba de embarazo, debido a que la Unidad de Salud de ese municipio no cuenta con un laboratorio clínico para poder hacerlas.

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El resultado del examen causó un gran dolor para Arely, la madre de Gabriela, quien salía todos los días a vender verduras para poder llevar el sustento a sus tres hijas.

Arely, una mujer que no sabe leer ni escribir, sabe muy bien que ser madre, cuando se tienen pocos recursos económicos, es muy difícil y no quería eso para ninguna de sus hijas. Aún recuerda que ese día la castigó.

Pero el castigo y el enojo de su madre era poco, comparado con lo que ella enfrentaría en la sociedad por ser una adolescente embarazada.

Gabriela narra que cuando inició su control prenatal, una enfermera le dijo: “vos porque sos boba saliste embarazada, esto lo pudiste haber prevenido”.

Sin embargo, a esa edad Gabriela dice que nunca había escuchado hablar de métodos anticonceptivos o cómo evitar un embarazo. Lo que sabía sobre eso era lo que había visto cuando su madre tuvo a sus dos hermanas y otros tres embarazos, en los que la señora perdió a sus bebés, debido a complicaciones de salud.

Esa falta de educación sexual preventiva se ve reflejado en las estadísticas de embarazos de menores de edad que son atendidas en el sistema público de El Salvador cada año.

También: Celia usó anticonceptivos a los 16 años sin tener una educación sexual integral

En 2018, el año en que Gabriela salió embarazada, al igual que ella 2,463 niñas de 16 años fueron inscritas en controles prenatales en los establecimientos del sistema de salud pública, según consta en las estadísticas de esa institución.

Los datos del Ministerio de Salud revelan que 36,771 niñas y adolescentes en un rango de edad de 10 a 17 años fueron atendidas en control prenatal en cinco años en todo el país.

Es decir, que un promedio diario de 20 niñas y adolescentes, menores de 18 años, fueron embarazadas entre 2017 y 2021.

Para el caso del municipio de Nahuizalco, 1,078 niñas y adolescentes recibieron atención prenatal en el mismo periodo.

Miguel Ascencio, promotor de Salud del caserío Xochilt Ixtatec, cantón El Cerrito, municipio de Nahuizalco, lugar donde vive Gabriela, explica que él se encarga de promover los métodos de planificación en esa zona, pero en el caso de jóvenes de 13-18 años, para brindar la información tiene que estar acompañada de una persona adulta, según lo establece el protocolo.

Esto dificulta de alguna manera el trabajo del promotor, porque muchas veces las niñas niegan que necesiten el método de planificación por temor a que su familia sepa que ya están teniendo relaciones sexuales.

Lea más: En el país el 25 % de todos los embarazos son en adolescentes: según informe 2022 del Fondo de Población

Mitos y estereotipos

Katerine Sensente, lideresa del colectivo Mujeres de Xochilt, explica que las niñas en las comunidades rurales enfrentan muchos mitos y estereotipos cuando inician su vida sexual y cuando deciden planificar.

“Uno de los principales estereotipos que las niñas, enfrentan al querer utilizar algún método es que si planifica es porque va a andar de loca, les dicen que las niñas de bien no tienen necesidad de planificar” explica.

Ascencio agrega que esos estereotipos, incluso lleva a que en algunos casos, las mujeres rechazan los métodos anticonceptivos .

“Por eso los promotores de salud juegan un papel importante y protagónico dentro del área comunitaria para explicarles sobre las consecuencias y los riesgos que puede tener una señorita o una señora si no planifica” asegura.

Los promotores de salud asignados a las poblaciones en zonas rurales, deben atender un promedio de 200 familias según lo indica el documento denominado “Lineamientos técnicos para promotores y supervisores de salud comunitaria en las Redes Integrales e Integradas de Salud”, del Ministerio de Salud.

Ascencio ve positivo el esfuerzo del colectivo feminista porque de alguna manera es un apoyo para él, en la tarea de concienciación de las mujeres sobre la importancia de planificar sus vidas.

Una beneficiara muestra la actividad realizada en un taller de las Mujeres de Xochilt. Foto EDH/ Lissette Lemus

El colectivo Mujeres de Xochilt es un grupo de cuatro jóvenes que nació de la necesidad de crear espacios para hablar de los derechos y la salud de las niñas, adolescentes y mujeres en las comunidades de Nahuizalco, entre ellas Xochilt Ixtatec, el poblado donde ahora vive Gabriela.

Las hermanas menores de Gabriela son beneficiarias de los talleres de autocuidado impartidos por el colectivo, en los que se mezcla el juego, las dinámicas y la reflexión.

Actividad artística con un clown para enseñar los derechos de las niñas y los niños a través del juego y el arte. Foto EDH/ Lissette Lemus

“Donde vivía antes no había ningún proyecto que me beneficiara a mí, en el que me dieran este tipo de consejos, por eso me alegra que mis hermanas vengan a los talleres” dice Gabriela, quien también participa en las actividades con su hijo en brazos.

Para el psicólogo Óscar Vásquez, del departamento de Psicología y Salud Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), históricamente los derechos relacionados a la sexualidad y cuestiones de género han sido vedados a las mujeres, más que por una cuestión legal, por una cuestión cultural.

El especialista considera que ha habido un avance muy lento en el tema de educación sexual integral en el país debido al contexto histórico que ha invisibilizado a las mujeres a través de costumbres culturales y religiosas que transmiten ideas y sostienen conductas hacia las mujeres desde un enfoque patriarcal, una situación que se agrava en los sectores de pueblos originarios.

Según la investigación Avances y Desafíos en la Implementación de la Educación Integral en Sexualidad en El Salvador publicado en noviembre del año pasado el avance en cuanto a leyes y normativas creadas en el país es sutil.

También: 410 niñas entre 10 y 14 años fueron embarazadas en 2021, reporta Fiscalía

“No se aborda la Educación Integral en Sexualidad de manera contundente y además se evade la creación de leyes específicas que dicten los conceptos, mecanismos, acciones para que su aplicación no tenga confusión ni interpretaciones contrarias”, detalla el informe publicado por Médico del Mundo.

“Llama la atención que en leyes como la de Juventud, o la de Igualdad no se menciona clara y directamente la educación integral en sexualidad como objetivo, eje o lineamiento importante” señala el documento.

El informe enfatiza las brechas en la cobertura y recepción de las acciones de educación sexual entre las áreas urbanas y las rurales; la población escolarizada y la no escolarizada.

Gabriela dice que aunque ama mucho a su hijo, pero la experiencia de ser madre tan joven ha sido dura.

“Me hubiera gustado conocer sobre métodos anticonceptivos y esperar un poco para tener a mi niño” dice.

Gabriela con su hijo en brazos en uno de los talleres del colectivo feminista. Foto EDH/ Lissette Lemus

La joven relata que su embarazo fue de riesgo debido a que se le subió la presión y ella no pudo hacer reposo como necesitaba.

A causa de las complicaciones tuvo que pasar varios días en el hospital hasta dar a luz por medio de una cesárea, lo cual describe como muy doloroso.

Tras el nacimiento de su hijo quedó en coma, ella no recuerda cuántos días, pero su madre dice que fueron cuatro, luego permaneció en el hospital durante por lo menos dos semanas.

“Los recuerdos que tengo de ese hospital es que los baños estaban sucios, a veces no habían batas y algunas enfermeras trataban muy mal a las mujeres” dice.

Violencia obstétrica

La Encuesta Nacional de Violencia Sexual contra las Mujeres 2019 del Fondo de la Población de Naciones Unidas, UNFPA, revela que 11 de cada 100 mujeres de 15 años o más que han estado embarazadas alguna vez en su vida, han sufrido gritos y regaños durante una labor de parto.

Agrega que 10 de cada 100 mujeres de 15 años o más han sido atendidas de forma tardía durante el parto, como castigo a sus expresiones de dolor (gritar o quejarse).

Gabriela ahora desea que sus dos hermanas tengan un futuro diferente, por eso les aconseja, incluso trata de cuidarlas hablando sobre qué hacer en caso de acoso o si alguna persona las toca.

También le gustaría que su hermana de 15 años pudiera aprender un oficio y que la de seis años pueda estudiar en la escuela, aunque a veces lo ve difícil debido a la falta de recursos que enfrenta la familia.

La joven vive junto a su hijo y su compañero de vida en la misma casa de su madre, en total son ocho personas. Tienen un solo cuarto donde duermen todos y en el que también tienen una pequeña cocina y un televisor viejo.

Cada mes deben preocuparse por conseguir el dinero para la comida de niños y adultos y para pagar el alquiler de la casa.

“Ahora estoy enferma y me dejaron unos exámenes, pero más necesito el dinero para ir comiendo que para ver mi enfermedad” comenta mientras amamanta a su hijo de tres años.

Gabriela y su compañero de vida viven en la casa de la madre de ella, en la que habitan ocho personas. Foto EDH/ Lissette Lemus

Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de Salud reproductiva, derechos reproductivos y justicia en las Américas.

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