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La dictadura martinista y su árbol salvadoreño de la navidad

Hace 87 años, la dictadura del brigadier Maximiliano Hernández Martínez quiso adoptar un abeto para que fuera el árbol salvadoreño de navidad.

Por Carlos Cañas Dinarte | Dic 16, 2023- 10:18

El árbol navideño fue introducido en Reino Unido desde Alemania, gracias al príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria.

Por la tradición católica española, en la época navideña dentro de los territorios conquistados en las Américas se solían desarrollar belenes vivientes (adecuados para difundir el mensaje evangélico entre indígenas, negros, mestizos y demás personas, muchas veces iletradas y carentes del texto bíblico en sus hogares), aunque en algunos templos católicos también se solían colocar pesebres o nacimientos hechos de madera, barro y otros elementos propios de cada uno de esos territorios. A inicios del siglo XVII, en las zonas de Alemania y Prusia comenzó a decorarse a pinos, abetos y otras coníferas para colocar debajo de sus ramas dulces, compotas, regalos artesanales y algunos otros obsequios para familiares y amigos.

Esa tradición llegó a tierras americanas en 1864, de la mano de Maximiliano y Carlota, los segundos emperador y emperatriz de México durante el breve tiempo en que tropas francesas mantuvieron esa presencia monárquica en estas tierras independizadas pocas décadas antes de la corona española. ¿Cuándo comenzó a usarse el árbol de navidad en el estado y república de El Salvador? Por el momento, no hay certeza al respecto, pero todo apunta a que se produjo en la medida en que se incrementaba la migración salvadoreña hacia Estados Unidos.

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En diciembre de 1919, la Alcaldía Municipal de San Salvador colocó un árbol de navidad (quizá un pinabete) en el parque Dueñas (ahora plaza Libertad) con regalos destinados a la niñez pobre de la capital, adquiridos gracias a donativos hechos por el gobierno central y por personas de la clase más adinerada de la urbe. Hace poco más de un siglo, el polinomio social perfecto “ausencia efectiva de gobierno + niñez desfavorecida + señoras altruistas de clase alta” daba como resultado la fundación de múltiples entidades de filantropía para la niñez urbana de los grandes centros poblacionales y económicos como San Salvador, Santa Ana y San Miguel, entre las que se encontraban la Sala Cuna, la Gota de Leche, la Cruz Blanca y otras. En septiembre de 1921, con motivo del primer centenario de la proclamación de la independencia centroamericana, se promovió la siembra de varios grupos de araucarias de entre las 19 especies de ese género de coníferas, quizá importadas desde Chile o México. Dos conjuntos fueron sembrados en los patios del Hospital Rosales y del Palacio Nacional -donde aún se yerguen esos cinco ejemplares, que representan a cada una de las repúblicas centroamericanas independizadas mediante la segunda acta del sábado 15 de septiembre de 1821-, mientras que un tercero fue reservado para la Plaza de las Américas, inaugurada en diciembre de 1942 con motivo del Congreso Eucarístico, donde fue mostrada al público la estatua del Salvador del Mundo, en la zona de La Cruzadilla, al poniente de San Salvador.

Por su altura y resistencia, durante varios años parte de los troncos y ramas de esas araucarias fueron adornados con largas filas de focos de colores, para que durante las fiestas de navidad, año nuevo y reyes magos fueran visibles por la población nacional mientras transitaban por la Doble Vía, la 25 avenida norte, la calle Arce, los alrededores del Palacio Nacional, etc. Esa era la parte pública del asunto, ya que en los templos católicos y en el interior de las casas el árbol navideño seguía ausente. En esos espacios se seguía usando mucha creatividad para generar los nacimientos o pesebres de barro y madera, a los que se agregaban elementos que representaban la vida cotidiana, las leyendas del país, el ejército, ríos y lagos, etc. Incluso, las municipalidades promovían competencias entre hogares con nacimientos, a la vez que los periódicos del país mantenían concursos anuales dedicados a premiar los mejores cuentos de temática navideña.

Desde hace poco más de un siglo, el árbol forma parte de las tradiciones salvadoreñas en Navidad y
Año Nuevo.

En diciembre de 1931, la instauración de la dictadura del brigadier Maximiliano Hernández Martínez abrió pasó a una serie de controles de aspectos decisivos de la vida nacional, pero también posibilitó diversos intentos de regular y controlar situaciones de la vida cotidiana. Para el caso, se buscó adoptar el saludo nazi de la mano en alto como una manera de evitar el contacto directo de las manos y así evitar la propagación de enfermedades. También se trató de promover una rara especie arbórea para que fuera el árbol oficial salvadoreño para las festividades navideñas. En su memoria anual de labores al frente de las carteras ministeriales de Gobernación, Trabajo, Fomento, Agricultura y Sanidad, leída ante la Asamblea Nacional Legislativa el 1 de marzo de 1937, el general José Tomás Calderón reveló que en 1936 el naturalista Dr. Salvador Calderón -por entonces jefe del Departamento Botánico y Entomológico del país y un investigador injustamente olvidado en la actualidad- había estudiado al Abies religiosa H. B. K. Cham y Schlecht, que se desarrollaba en las montañas del departamento de Chalatenango.

En su informe oficial, el funcionario señalaba que “este abeto es un hermoso árbol casi desconocido, que por su natural belleza debiera ser nuestro Árbol de Navidad, así como en los países europeos el propio de cada una sirve para el mismo fin. Cuando ha alcanzado bastante desarrollo, el abeto salvadoreño suministra gran cantidad de madera para construcción y puede utilizarse para la fabricación de papel. Su oleoresina [sic: oleorresina] tiene propiedades balsámicas” (Diario Oficial, San Salvador, tomo 122, no. 31, jueves 18 de marzo de 1937, pág. 716). Sería interesante encontrar y leer el informe completo del Dr. Calderón. Quizá se encuentre entre los más de 10 millones de documentos almacenados en el Archivo General de la Nación. En su ausencia, resulta significativo analizar ese pequeño párrafo de la memoria ministerial del general Calderón.

Habían transcurrido ya casi cuatro décadas desde que otros naturalistas, como los doctores David Joaquín Guzmán Martorell y Darío González Guerra, habían recorrido el territorio nacional para elaborar sus listados y obras de la botánica nacional con fines comerciales e industriales. Se trataron de los primeros esfuerzos por obtener recursos endógenos para posibilitar industrias como la generación de papel -esencial para el periodismo impreso, por ejemplo-, la construcción de casas -en especial, si estaban incorporadas dentro del programa de casas baratas del gobierno, como la colonia El Bosque, en la capital- y la farmacopea, en la que toda resina o sustancia que pudiera emplearse para el tratamiento masivo de la tuberculosis era bien recibida y promovida. Eso explicaba el éxito inmediato de productos farmacéuticos como el elixir Zorritone, fabricado por el doctor Antonio Calderón Morán (Ancalmo).

La parte más significativa del fragmento es aquella que expresa que “por su natural belleza [ese abeto] debiera ser nuestro Árbol de Navidad, así como en los países europeos el propio de cada una sirve para el mismo fin”. Es decir, había una pretensión de fijar un pretendido nacionalismo botánico para las festividades navideñas. Aquel abeto podía ser un “árbol casi desconocido” que sólo se daba por entonces en las alturas del departamento norteño de Chalatenango, pero no era una especie arbórea propia de El Salvador. ¿Cabría la posibilidad de que hubiera algún otro propósito en pretender incentivar su cultivo como árbol navideño? Desde la crisis financiera internacional de Wall Street en 1929, el país arrastraba una situación económica difícil, en especial por sus afanes monoagroexportadores centrados en el café y, en menor medida, en el azúcar.

Con una masa poblacional muy amplia sin trabajo en los campos y las poblaciones urbanas, El Salvador comenzó a ver grandes movimientos de inmigración y emigración hacia los campos bananeros de Honduras y otros destinos dentro del territorio estadounidense y la zona del Canal de Panamá. Entre 1936 y 1937, la crisis de los precios internacionales del café representó otro duro momento para la economía nacional. En ese sentido, cabe la posibilidad de que el gobierno buscara alternativas de cultivo para las zonas altas y frías del país, esas mismas donde por entonces se desarrollaban los máximos centros cafeteros.

Con el paso de las décadas, a las decoraciones del árbol navideño se le han sumado tecnologías de
diversos tipos, desde eléctricas hasta electrónicas y digitales.

Aunque el fragmento no lo revela, es muy probable que se pretendiera formar una industria maderera intensiva, de la que se pudieran extraer las puntas de los abetos para los interiores de los hogares, en imitación de como se usaban en Estados Unidos para las festividades anuales de Navidad y Año Nuevo. Pero si el Abies religiosa era una especie rara de abeto dentro del territorio nacional, tampoco eso implicaba que fuera una especie nativa. De hecho, aún es un árbol muy conocido en los estados mexicanos de Michoacán y México, donde se le denomina oyamel o axcoyatl. En especial, son árboles que se dan dentro de terrenos neovolcánicos de clima semifrío subhúmedo dentro del clima tropical pluviestacional.

Sus troncos llegan a medir hasta 35 metros de altura y sus copas cónicas están repletas de follaje oscuro, con algunos matices azul y blanco… ¡como los de la bandera salvadoreña! Desarrollados en alturas de entre 2,700 y 3,500 metros sobre el nivel del mar, sobre todo en la sierra de Angangueo, los bosques de oyameles cuenta con una protección oficial significativa, pues forman el ecosistema en el que hibernan millones de Danaus plexippus o mariposas monarca tras su larga migración desde los fríos de Canadá y Estados Unidos. ¿Pretendió el doctor Calderón lograr una aclimatación artificial de mariposas monarca en zonas del territorio salvadoreño? ¿Buscaba abrir experiencias pioneras con un mariposario bajo protección oficial? ¿Por qué identificó a ese abeto como una especie salvadoreña y no se inclinó por otra, como algún pinabete? Reitero: habría que buscar y leer el informe completo del Dr. Calderón para saber sus antecedentes y propósitos, pero el fragmento de la memoria ministerial del general Calderón sirve para trazarnos una idea de las pretensiones nacionalistas de la dictadura. En los años siguientes, el tema del abeto como árbol oficial de la navidad salvadoreña desapareció del lenguaje gubernamental y no trascendió a la prensa y a la sociedad en general.

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En las décadas de 1970 y 1980, fuertes combates entre el ejército y la guerrilla desplazaron a importantes masas de población de diversas zonas del departamento chalateco. Así fue como resurgió la zona boscosa de La Montañona. ¿Sobrevivieron ejemplares del Abies religiosa entre esos árboles? No he podido localizar menciones a ese abeto en los informes emitidos por Prisma, el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales y otras entidades internacionales. Desde unos 40 años hacia el presente, vivimos en la era del plástico y de degradación planetaria debido al acelerado cambio climático que nosotros mismos hemos provocado. Hace unos cuantos años atrás, en el parqueo adjunto al Museo Nacional de Antropología “Dr. David J. Guzmán”, unos empresarios llevaron varios furgones refrigerados que transportaban decenas de pinos naturales de navidad, importados desde Canadá. Recuerdo que hicieron “venta loca” con aquel producto arbóreo, pese a lo caro de cada ejemplar. En la actualidad, el árbol de navidad es un elemento bastante común dentro de los hogares salvadoreños.

Quizá sería interesante pensar en la posibilidad de contar con alguna especia maderable que se pudiera cultivar de manera sostenible y que permitiera contar con puntas utilizables como árboles navideños, para que después pudieran reciclarse y volver a sembrarse para continuar con el ciclo de producción. Es cuestión de inversión económica y de educación de la población. Si se contara con apoyo gubernamental, se podría pensar en crear un programa de cuidado y cultivo de ese y otros tipos de árboles. No vamos a cambiar la crítica situación climática de la Tierra si no promovemos esos programas. Quizá fechas de mucha significación masiva, como las de navidad y año nuevo, podrían servir para esos propósitos de un cambio en positivo. Urgimos de menos discursos y de más acciones efectivas y de impacto real a favor de nuestro planeta, el único en el que vivimos… por el momento

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