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El francés que diseñó el Teatro Nacional de San Salvador (I)

En 2016, inicié la búsqueda de información biográfica del arquitecto francés que legó a El Salvador uno de sus edificios más icónicos en el centro de San Salvador. Este texto y su continuación resumen los resultados de esas pesquisas.

Por Carlos Cañas Dinarte | Jul 06, 2024- 08:42

Fotografía de la plaza Morazán y el Teatro Nacional antes de 1926. Fue realizada por José Antonio Recinos.

En julio de 1911, el gobierno salvadoreño encabezado por el médico usuluteco Dr. Manuel Enrique Araujo hizo una transferencia bancaria de 8,000 francos hacia la capital francesa. El destinatario era un arquitecto de 38 años, cuyo plano se impuso el 1 de mayo a 17 competidores internacionales como el proyecto ganador para edificar el nuevo Teatro Nacional de la capital salvadoreña, en sustitución del que funcionó durante casi 40 años y cuya estructura de madera y lámina se incendió en 1910.

Un día después del plazo extendido marcado para el cierre de recepción de los pliegos y memorias con cada uno de los proyectos competidores, el jurado calificador compuesto por los doctores en Ingeniería José Emilio Alcaine San Juan (salvadoreño, Santa Tecla, 22.mayo.1866-San Salvador, 18.enero.1963), Aurelio Fuertes Arrastilla (cubano) y Louis Fleury Delmas (francés, París, 1851-San Salvador, 16.marzo.1948) emitió su dictamen irrevocable en una sesión pública y con dictámenes razonados. Los trabajos presentados quedaron expuestos al público durante varios días.

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El ganador de esa justa internacional de arquitectura se llamaba Daniel Claire Hippolyte Beylard Gaubert, nacido en París, el 30 de diciembre de 1873. Su madre era Anne Gaubert Godet (1851, hija de Juiten Jacques Hippolyte Gaubert y Marie Godet) y su padre era Louis Charles Beylard Chevalier (Burdeos, 04.mayo.1843, hijo de Guillaume Beylard y Sylvie Clarisse Josephine Chevalier), escultor, pintor y militante político de ideas radicales, que aparecía con frecuencia en publicaciones periódicas francesas de extrema izquierda de la segunda mitad del siglo XIX, como La Linterna o El Intransigente. La pareja contrajo nupcias en Burdeos, el 2 de septiembre de 1871.

En febrero de 1893, bajo el número de matrícula 4574, el joven Daniel se inscribió en la sección de Arquitectura de la Escuela Nacional y Especial de Bellas Artes de Francia, donde tuvo clases en los talleres de los hermanos Henri y Émile Duray, Julien Guadet y Edmond Paulin. Para entonces, ya realizaba parte de su entrenamiento militar en el 102º. Regimiento de Infantería, asentado en Mayenne.

El arquitecto francés Gustave Émile Malgras-Delmas (1863-1923) participó en el proyecto ganador del Teatro Nacional sansalvadoreño. Fotografía publicada por La Revue de Artites du Nord et de Pas-de-Calais (Calais, julio de 1906).

Mientras aún estudiaba y se agenciaba medallas de primera, segunda y tercera clase en Dibujo y Proyectos terminados, Daniel incursionaba en la política y burocracia locales. En el último lustro del siglo XIX ya se desempeñaba como presidente de la Sección de Construcción del Tribunal del Trabajo de la urbe parisiense. Además, se codeaba con un selecto grupo de amigos intelectuales, como el astrónomo, escritor y místico Camille Flammarion (1842-1925), quien lo cita entre quienes le ofrecieron testimonios escritos de fenómenos paranormales para su libro Los problemas psíquicos desconocidos y manifestaciones de la muerte, las apariciones, la telepatía, las comunicaciones psíquicas, sugestión mental, vista remota, el mundo de los sueños, la adivinación del futuro, publicado en 1900 y que aún se reedita.

Tras graduarse el 17 de junio de 1904, dos años más tarde dio a prensas Accidentes de trabajo, A, B, C de la víctima o sus beneficiarios, un libro de 106 páginas que contó con un prefacio escrito por el magistrado y político Paul Magnaud (1848-1926), reconocido por su activismo socialista y feminista. En su libro, Beylard Gaubert desarrolló una propuesta para la evaluación y reducción de las discapacidades laborales permanentes y aportó una lista de tarifas para la redención de anualidades por edades y grados de validez, en especial en los rubros de la construcción y la industria francesas, todo basado en la ley del 9 de abril de 1898 y sus modificaciones del 22 de marzo de 1902, 31 de marzo de 1905 y 10 de abril de 1906.

Entre 1906 y 1910, aquel arquitecto de 1.69 metros de estatura tenía un currículum profesional bastante modesto, que incluía trabajos de remodelación en las oficinas postales y de telégrafos de Tarbes y Boulogne-sur-Mer, casas y pensiones en la rue de Galilée (Paris XVI, Île-de-France), Hôtel Havre-Caumartin (París IX), Château de Passy (Yonne) y en la rue Saint-Maur (París XI).

Un periódico publicado en noviembre de 1910 en los territorios franceses de Argel y Túnez (África) divulgó la convocatoria oficial salvadoreña para presentar trabajos al concurso arquitectónico del nuevo Teatro Nacional. Imágenes cortesía de la Biblioteca Nacional de Francia.

En marzo de 1910, durante una exposición de la Sociedad de Artistas de Francia, fue galardonado con una medalla de tercera clase por el proyecto de Arquitectura que presentó. En ese mismo año, decidió probar suerte y, bajo el seudónimo Melpómene, remitió su proyecto de plano para la construcción de un Teatro Nacional en la lejana capital de la República de El Salvador, según convocatoria oficial publicada en muchísimos periódicos de diversos países. Para ese trazado, Beylard Gaubert contó con la colaboración de su amigo y colega Gustave Émile Malgras-Delmas (París, 03.marzo.1863-Saint-Quentin, 22.noviembre.1923), un constructor muy reconocido en la zona de Calais. El segundo lugar le fue otorgado a Émile Robert (Toulon, 06.dic.1880-Dijon, 06.junio.1955), otro arquitecto radicado en París, experto en construcciones con estilos neorrenacentista, Art Nouveau y Art Déco y quien se presentó al concurso salvadoreño bajo el alias Dos puntos azules.

En su memoria anual de las carteras de Gobernación, Fomento y Agricultura que estaba a su cargo (Diario Oficial, San Salvador, tomo 72, no. 69, viernes 22 de marzo de 1912), el secretario y abogado Dr. Teodosio Carranza (Sesori, 1846-San Salvador, 27.noviembre.1930) señaló que “Melpómene, sin duda, ha cumplido como ninguno con las condiciones del concurso. / El estilo renacimiento francés modernizado de su arquitectura no ha podido ser más a propósito para esta clase de edificios”.

En ese mismo documento oficial, el ministro Dr. Carranza ofreció una síntesis descriptiva del proyecto del arquitecto Beylard Gaubert: “La fachada principal de 42 m de frente por 17 de altura hasta el coronamiento del ático, mirando al parque de Morazán, presentará un aspecto majestuoso y elegante. Consta de dos cuerpos laterales, algo avanzados, y de otro central formado por una columnata y amplio balcón de 21 m de largo y 8.50 de altura. Tiene esta fachada dos pisos: el inferior de 5.50 m. de altura, que sirve de zócalo general al edificio, y en el cual se hallan el pórtico y las entradas, y el superior de 11.50 m de alto con un pabellón saliente en ambos extremos, que remata en vistoso frontón con tímpano ornamentado. / La fachada lateral de la 10a. avenida norte [hoy 2ª. avenida norte o monseñor Romero] se compone de tres cuerpos, en el sentido horizontal, y corresponden a los mismos en que está dividida la obra. Las entradas al Coliseo en la planta baja son numerosas y cómodas: dos en cada uno de los cuerpos salientes de la fachada principal; cinco en la parte central; siete en la 10a. Avenida Norte, inclusive la de comunicación con el palco del Sr. Presidente de la República; y cinco en el patio del costado oriente. / El vestíbulo, de 21 m de largo por 6.70 de ancho es el más espacioso de todos los proyectos.

Dibujo original de Beylard Gaubert (foto 2), con dos fotografías del Teatro antes de 1926, cedidas por la familia Viaud Kuny (abajo) y el Ing. Carlos Quintanilla (arriba).

Las escaleras de honor están situadas a uno y otro costado del vestíbulo coronadas por balaustradas que dan a espaciosos pasillos y desembocan directamente en los extremos del gran foyer, pudiendo gozar el espectador de una perspectiva sorprendente y abarcar con la vista una extensión de 40 m. La amplitud de los corredores que rodean las escaleras y el gran foyer dan á esta parte del edificio un carácter verdaderamente monumental”.

Esa detallada descripción del futuro Teatro Nacional fue complementada así: “Todas las dependencias del Coliseo en este proyecto tienen la comodidad que se requiere, pudiendo desocuparse en muy poco tiempo, por la buena disposición de los pasillos. Los palcos reúnen condiciones inmejorables de visualidad y acústica, a causa de la ausencia de columnas y la acertada colocación para recibir las ondas sonoras. El del Sr. Presidente está en el lugar designado, con entrada independiente, antepalco, salón de recibo y otras piezas útiles. Por el plano de perspectiva interior, que tenemos a la vista, juzgamos que la sala de espectáculos, en noches de función producirá un efecto sorprendente. / El escenario comprende una extensión de 27 m de ancho por 10.5 de fondo y 9 m de alto, lo que permite la subida de los telones sin doblarlos, y una amplitud suficiente para las representaciones de las compañías líricas ó dramáticas de gran personal. / En este cuerpo están los cuartos de artistas y empleados, el salón para los profesores de la orquesta, vestuario, almacén de decoraciones y el telón de hierro para aislarlo de la platea, en caso de incendio, y el depósito de socorro. / La construcción es del sistema Hennebique, esto es de cemento armado propiamente dicho, desde las fundaciones hasta los techos, que son de doble forro con cubierta, en tales términos que toda la obra constituye un cuerpo homogéneo y monolítico. / Los servicios del alumbrado eléctrico, agua, ventilación y contra incendios están muy bien calculados, y en particular los de socorro para el primero y último. / Este Coliseo es capaz para [alojar] 1,160 personas: 344 en lunetas; 137 en palcos del primer piso; 135 en los del segundo; 90 en butacas de anfiteatro y 377 en galería. / El espacio destinado para la orquesta puede contener 50 profesores con desahogo”.

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Según el proyecto de Beylard Gaubert, el nuevo Teatro Nacional requería una inversión global de 924,854 francos: 769,066 para construcción y 155,768 para la ornamentación, decoraciones y mueblaje. Tras la licitación de rigor, ganada por Alberto Ferracutti y Cía. -la misma firma italiana encargada de proporcionar los cientos de baldosas hidráulicas de los salones y pasillos de los dos niveles del segundo Palacio Nacional capitalino, destruidas entre abril y mayo de 2024-, se procedió a firmar un contrato por 323 meses de trabajos, a razón de 417,928 colones de plata, con 30,000 a la firma, mensualidades de 7,600 cada una, 148,354 para materiales y 19,174 al entregar la obra terminada. La primera piedra fue colocada por el presidente Dr. Araujo el 3 de noviembre de 1911, como parte de las actividades oficiales por el centenario del movimiento insurreccional de San Salvador de 1811.

El proyecto ganador de Beylard Gaubert asumía los postulados constructivos de Charles Garnier (1825-1898), que empleó para la Ópera de París, inaugurada el 5 de enero de 1875 y que se convirtió en el epítome de las edificaciones destinadas a espectáculos operísticos y teatrales en diversas partes del mundo. En el caso centroamericano, el proyecto ganador para el Teatro Nacional de San Salvador tan sólo estaba antecedido en el uso de esos parámetros del garnierismo por el coliseo de la capital costarricense.

El plano del arquitecto francés permitía la realización del concepto de un verdadero Teatro Nacional, sostenido con fondos estatales para disfrute de la creciente burguesía cafetalera y de la comunidad académica, con la vista puesta hacia el fomento de las artes originarias del país como lo demandara Francisco Gavidia, pero con la capacidad económica suficiente para contratar e importar espectáculos desde otras regiones del planeta.

(Continuará).

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