Berrinches y búsqueda de independencia, así son los “terribles dos”
Los “terribles dos” pueden traer rabietas, cambios de ánimo y mayor independencia. Conocé qué ocurre en esta etapa y cómo acompañar a los niños.
Rabietas frecuentes, cambios repentinos de ánimo, una insistencia cada vez mayor por hacer las cosas solos y constantes pruebas a los límites de los adultos pueden aparecer alrededor de los dos años. Aunque esta etapa suele conocerse popularmente como los “terribles dos”, forma parte de un periodo de importantes cambios en el desarrollo infantil.
El término se utiliza para describir una etapa en la que los niños pequeños comienzan a afirmar su independencia, según información de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).
Sin embargo, detrás de los comportamientos que pueden resultar difíciles para madres, padres y otros cuidadores también ocurre un proceso de aprendizaje. Durante este periodo avanzan rápidamente las capacidades relacionadas con el pensamiento, el lenguaje, el movimiento y las habilidades sociales y emocionales.
Los CDC explican que los niños alcanzan determinados hitos del desarrollo conforme crecen. Estos incluyen habilidades relacionadas con la forma en que juegan, aprenden, hablan, se comportan y se mueven.

¿Qué pasa con los niños alrededor de los dos años?
A esta edad, los pequeños están descubriendo nuevas maneras de relacionarse con las personas y con su entorno. Esa exploración puede venir acompañada del deseo de tomar decisiones por sí mismos, aunque todavía están desarrollando las capacidades necesarias para manejar sus emociones.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) señala que el tercer año de vida, que comprende la etapa conocida como los “terribles dos”, puede resultar desafiante para los adultos responsables del cuidado de los niños.
Durante este periodo puede observarse mayor actividad física, cambios de ánimo, rabietas frecuentes, comportamientos exigentes y una tendencia a poner a prueba los límites de los adultos, de acuerdo con la organización.
Estas conductas no ocurren de manera aislada. Al mismo tiempo, los niños experimentan cambios importantes que les permiten comprender mejor lo que sucede a su alrededor y desarrollar nuevas habilidades.
¿Qué habilidades desarrollan a esta edad?
Los CDC indican que los hitos del desarrollo son aquellas capacidades que la mayoría de los niños alcanza a determinadas edades. Entre ellas se encuentran esperar turnos, participar en juegos de imaginación o patear una pelota.
Alrededor de esta etapa, los pequeños también avanzan en su capacidad para seguir instrucciones sencillas, clasificar objetos según su forma y color e imitar las acciones de adultos y compañeros de juego.
Además, empiezan a expresar una variedad más amplia de emociones. Todos estos cambios contribuyen a que puedan explorar su entorno y comenzar a comprender cómo funciona.
Por eso, los llamados “terribles dos” no se reducen únicamente a las rabietas. La búsqueda de autonomía coincide con un momento de importantes avances cognitivos, físicos, sociales y emocionales.

¿Cómo pueden actuar los adultos ante las rabietas?
Ante los episodios difíciles, la Academia Americana de Pediatría recomienda que los adultos procuren mantener la calma y evitar reaccionar exageradamente frente a los arrebatos del niño.
También aconseja mantener una respuesta flexible, pero firme y afectuosa, además de ser consistentes con las medidas de disciplina utilizadas en casa.
La organización recomienda no recurrir al castigo físico. En cambio, plantea reforzar las conductas positivas mediante elogios y convertirse en un modelo del comportamiento que se espera del pequeño.
Otra recomendación consiste en estimular progresivamente el autocontrol y mantener las muestras de afecto durante esta etapa.
Los límites siguen siendo importantes
A los dos años, los niños todavía tienen una visión del mundo centrada principalmente en ellos mismos. La AAP explica que este comportamiento es normal para la edad y que irá cambiando conforme avance su desarrollo.
Por ello, establecer límites claros y mantenerlos de forma consistente puede ayudar a acompañarlos mientras descubren hasta dónde pueden llegar con sus nuevas capacidades y su creciente independencia.
Esta etapa también puede coincidir con otros procesos importantes, como el entrenamiento para dejar el pañal, por lo que la coordinación entre las personas responsables del cuidado del niño puede facilitar que exista continuidad en las rutinas.
La seguridad también requiere especial atención debido a la curiosidad y creciente movilidad de los pequeños. La AAP recomienda mantener los medicamentos fuera de su alcance y asegurar los espacios donde permanecen.
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