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La parestesia surge tras liberar la presión en un nervio, generando sensaciones como pinchazos o descargas breves.

Por qué se “duerme” una extremidad y aparece el hormigueo

Sentir pinchazos tras cambiar de postura es más común de lo que creés. La explicación está en cómo reaccionan los nervios cuando recuperan su actividad.

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Por EFE
Publicado el 29 de abril de 2026

 

TU RESUMEN

El hormigueo en una extremidad “dormida”, conocido como parestesia, ocurre cuando un nervio ha sido comprimido por una mala postura. Según explica a EFE Salud el médico Carlos Bastida, esta presión reduce el flujo sanguíneo y altera la transmisión de señales al cerebro. Al cambiar de posición, el nervio se reactiva bruscamente y envía múltiples estímulos que el cerebro interpreta como pinchazos. Aunque suele ser temporal, mantener la compresión por mucho tiempo puede causar daño, problemas circulatorios o incluso trombosis. Para prevenirlo, se recomienda cambiar de postura con frecuencia, moverse y cuidar la postura corporal.

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El hormigueo en una extremidad “dormida”, conocido como parestesia, es una sensación frecuente que tiene una explicación clara, según información de EFE. Ocurre cuando un nervio ha estado comprimido y, al liberar la presión, comienza a enviar señales que el cerebro interpreta como pinchazos o corrientes.

El responsable del grupo de Aparato Locomotor de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, Carlos Bastida, explica a EFE Salud que este fenómeno puede sentirse como entumecimiento, pérdida de sensibilidad u hormigueo, y suele deberse a la compresión o irritación de un nervio.

“Cuando, por ejemplo, cruzamos las piernas durante mucho tiempo, estamos comprimiendo los nervios y éstos dejan de transmitir adecuadamente las señales”, señala el especialista.

Qué ocurre en el cuerpo

Aunque popularmente se dice que una extremidad “se duerme”, en realidad no es el brazo o la pierna lo que se apaga, sino los nervios de esa zona. La comunicación entre estos y el cerebro se interrumpe temporalmente.

Bastida detalla que mantener una postura forzada no solo comprime los nervios, sino también los vasos sanguíneos, lo que reduce el aporte de oxígeno. Esto provoca que los nervios funcionen peor y aparezcan sensaciones extrañas.

El hormigueo aparece cuando el nervio comprimido recupera el flujo sanguíneo y envía señales confusas al cerebro.
El hormigueo aparece cuando el nervio comprimido recupera el flujo sanguíneo y envía señales confusas al cerebro. / Shutterstock

“Si disminuye el riego sanguíneo hace que el nervio funcione peor; cuando se alteran las señales nerviosas, la información que recibe el cerebro está distorsionada”, explica.

Al cambiar de posición, el proceso se invierte. Los nervios se “liberan” y comienzan a reactivarse de forma abrupta.

Por qué sentimos pinchazos

Cuando el nervio recupera el flujo sanguíneo, se produce una especie de “reinicio” del sistema. En ese momento, envía múltiples señales al mismo tiempo.

“Hay una reactivación neuronal brusca, que envía miles de señales diversas al cerebro al mismo tiempo: de calor, tacto y presión”, afirma Bastida.

El cerebro, incapaz de procesarlas de forma ordenada, traduce esa avalancha de estímulos como hormigueo, pinchazos o pequeñas descargas eléctricas.

La buena noticia es que esta sensación suele desaparecer rápidamente. “Conforme el nervio se va estabilizando, va desapareciendo el hormigueo y se recupera la sensibilidad total y normal”, añade el médico.

Cuando puede haber complicaciones

En la mayoría de los casos, el adormecimiento es temporal e inofensivo. Sin embargo, mantener una postura durante demasiado tiempo puede generar problemas más serios.

Uno de ellos es la llamada “parálisis del sábado noche”, que ocurre cuando una persona permanece en una mala postura durante un periodo prolongado, a menudo mientras duerme.

“Puede llegar a producirse lo que se conoce como ‘parálisis del sábado noche’, al afectarse el nervio radial del brazo, que puede causar debilidad o incapacidad para mover la mano durante varios días”, advierte Bastida.

Además, la falta de movimiento prolongado puede afectar la circulación. En situaciones extremas, la sangre puede estancarse en las venas y favorecer la formación de coágulos, lo que podría derivar en una trombosis venosa.

Cómo evitar que se te duerma una extremidad

Prevenir esta sensación está más en tus hábitos cotidianos de lo que parece. Bastida recomienda pequeños cambios que pueden marcar la diferencia:

  • Cambiar de postura cada cierto tiempo, aproximadamente cada media hora.
  • Evitar apoyar peso sobre una misma zona durante largos periodos.
  • Realizar estiramientos o movimientos suaves con regularidad.
  • Mantener una buena postura al sentarte o al dormir.

Estos gestos ayudan a mantener una circulación adecuada y evitan la compresión prolongada de los nervios.

Señales de alerta que no debés ignorar

Aunque el hormigueo ocasional es normal, hay situaciones que requieren atención. Según el especialista, conviene estar atento si ocurre alguno de estos síntomas:

  • No recuperás la movilidad tras cambiar de postura.
  • Sentís pérdida de fuerza en la extremidad.
  • La zona está fría o cambia de color, volviéndose pálida o azulada.
  • El hormigueo dura varias horas o incluso días.

En estos casos, la recomendación es consultar a un profesional de salud.

Cuándo buscar ayuda médica

Si el adormecimiento es frecuente, persistente o afecta siempre la misma zona, puede haber una causa subyacente que requiere diagnóstico.

“Podría ser por causa de una compresión nerviosa crónica, por una hernia discal en la columna, o incluso por patologías metabólicas, enfermedades neurológicas o trastornos circulatorios”, señala Bastida.

También menciona factores como la diabetes o la falta de vitaminas, especialmente la B12, como posibles desencadenantes.

Escuchar a tu cuerpo y no ignorar las señales es clave. Ese hormigueo que parece inofensivo suele ser pasajero, pero en algunos casos puede ser una pista de algo más que conviene atender a tiempo.

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