Trump impulsa acceso a terapias psicodélicas para tratar enfermedades mentales graves
Orden ejecutiva en EE. UU. busca acelerar acceso a terapias psicodélicas para tratar enfermedades mentales graves y reducir barreras regulatorias.
Por
Evelyn Alas
Publicado el 20 de abril de 2026
El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar el acceso a tratamientos psicodélicos dirigidos a enfermedades mentales graves. La medida instruye a la FDA a agilizar la revisión de fármacos con designación de “Terapia Innovadora” y permite que pacientes accedan a medicamentos en fase experimental bajo ciertos criterios de seguridad. Además, contempla una inversión de $50 millones para investigación y promueve la participación en ensayos clínicos. La iniciativa busca atender a millones de estadounidenses, especialmente veteranos, que enfrentan trastornos resistentes a tratamientos convencionales, en medio de una crisis de salud mental persistente.
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, firmó una nueva orden ejecutiva orientada a acelerar el acceso a tratamientos innovadores para personas que padecen enfermedades mentales graves, en una apuesta que pone el foco en el uso de sustancias psicodélicas bajo supervisión médica y científica.
La medida, presentada como un esfuerzo para reducir las barreras regulatorias, busca facilitar el desarrollo, investigación y eventual aprobación de terapias que, según expertos, podrían representar una alternativa para pacientes que no han respondido a los tratamientos tradicionales.
De acuerdo con la información oficial, la orden instruye a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) a otorgar “Vales de Prioridad Nacional del Comisionado” a aquellos fármacos psicodélicos que hayan recibido la designación de “Terapia Innovadora”. Este mecanismo pretende agilizar los procesos de revisión sin comprometer los estándares de seguridad, evitando que la burocracia retrase el acceso a potenciales tratamientos.
Además, se establece un procedimiento para que pacientes elegibles puedan acceder a medicamentos en fase de investigación, incluidos compuestos como la ibogaína, siempre que cumplan con requisitos básicos de seguridad establecidos por la normativa vigente. Esta disposición se apoya en la Ley del Derecho a Intentar, aprobada durante la primera administración de Trump, que permite a pacientes con enfermedades graves acceder a tratamientos experimentales.
La orden también contempla una inversión federal significativa. El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) deberá destinar 50 millones de dólares a través del programa de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud (ARPA-H), con el objetivo de igualar inversiones estatales en investigaciones sobre terapias psicodélicas dirigidas a enfermedades mentales severas.
Como parte de la estrategia, el gobierno federal trabajará en conjunto con el Departamento de Asuntos de Veteranos y el sector privado para ampliar la participación en ensayos clínicos y fortalecer la generación de evidencia científica. Asimismo, se instruyó al Fiscal General a revisar la clasificación de estas sustancias una vez superen con éxito ensayos clínicos de Fase 3, lo que podría facilitar su aprobación y uso médico.
Una crisis de salud mental persistente
La iniciativa surge en un contexto marcado por el aumento de enfermedades mentales graves en Estados Unidos. Actualmente, más de 14 millones de adultos enfrentan trastornos que afectan significativamente su vida diaria, mientras que unos 8 millones dependen de medicamentos recetados para su tratamiento.
El problema es especialmente crítico entre los veteranos militares, un grupo que registra tasas de suicidio superiores al promedio nacional. Durante más de dos décadas, se han contabilizado más de 6,000 suicidios anuales en este sector, con una tasa que duplica la de la población adulta no veterana.
Si bien durante el primer mandato de Trump se reportó una disminución en las tasas de suicidio por primera vez desde el año 2000, la pandemia de COVID-19 y las condiciones posteriores provocaron un repunte, alcanzando niveles récord en 2022.
Ante este escenario, la administración argumenta que es necesario explorar nuevas alternativas terapéuticas, especialmente para pacientes con condiciones resistentes a tratamientos convencionales.

Interés científico en terapias psicodélicas
El uso de psicodélicos en medicina ha ganado atención en los últimos años. Instituciones académicas de prestigio como la Universidad de Stanford, Harvard y Johns Hopkins han desarrollado estudios que sugieren efectos prometedores en el tratamiento de depresión, trastorno de estrés postraumático y otras condiciones psiquiátricas.
Algunos de estos compuestos ya han recibido la designación de “Terapia Innovadora” por parte de la FDA, lo que indica que han mostrado resultados preliminares superiores a los tratamientos existentes.
Incluso a nivel estatal, iniciativas como la de Texas han impulsado consorcios de investigación para acelerar los ensayos clínicos con sustancias como la ibogaína, reforzando el interés en este campo emergente.
Continuidad en la agenda de salud
La nueva orden ejecutiva se enmarca dentro de una serie de políticas impulsadas por Trump para acelerar el acceso a tratamientos médicos. Durante su primera administración, además de la Ley del Derecho a Intentar, el mandatario firmó medidas para garantizar atención continua en salud mental a veteranos, especialmente en su transición a la vida civil.
Más recientemente, en 2025, promulgó la Ley HALT Fentanyl, que reformó los procesos de investigación sobre sustancias controladas, facilitando estudios científicos sobre drogas clasificadas en la Lista I, entre ellas varios psicodélicos.
Debate abierto
Aunque la iniciativa ha sido bien recibida por sectores científicos y algunos grupos de pacientes, también genera debate sobre los riesgos y la regulación del uso de estas sustancias. Expertos coinciden en que, si bien los resultados preliminares son alentadores, aún se requieren más estudios para garantizar su seguridad y eficacia a largo plazo.
Con esta medida, la administración Trump apuesta por acelerar una línea de investigación que podría transformar el tratamiento de enfermedades mentales graves, en un contexto donde las opciones actuales siguen siendo insuficientes para millones de personas.
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