¿Te gusta comer mariscos crudos? Estos son los riesgos en 48 horas
Consumir mariscos sin cocción adecuada puede provocar intoxicaciones cuyos síntomas aparecen hasta 48 horas después, según advierte el ISSSTE.
Por
Karla Rodas
Publicado el 18 de marzo de 2026
El consumo de mariscos crudos o mal manipulados puede provocar intoxicaciones alimentarias cuyos síntomas pueden aparecer hasta 48 horas después, según advierte el ISSSTE y retoma El Tiempo. Entre los principales malestares están náuseas, vómitos, diarrea, fiebre y debilidad, aunque en casos graves puede haber dificultad para respirar. El riesgo aumenta por mala refrigeración, manipulación inadecuada o consumo sin cocción. Para prevenir, se recomienda comprar en lugares seguros, verificar frescura, mantener la cadena de frío y cocinar correctamente. Ante síntomas, es importante acudir a un centro de salud y evitar la automedicación para recibir tratamiento adecuado.
El consumo de mariscos crudos o mal manipulados puede provocar intoxicación alimentaria con síntomas que aparecen incluso hasta 48 horas después, según advierte el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en información retomada por el medio internacional El Tiempo. Este riesgo, aunque conocido, suele subestimarse, especialmente en contextos donde estos alimentos forman parte habitual de la dieta.
Los mariscos son valorados por su aporte nutricional y sabor, pero también requieren cuidados específicos desde su compra hasta su preparación. De acuerdo con el ISSSTE, factores como la interrupción de la cadena de frío, una mala manipulación o su consumo en estado crudo incrementan la probabilidad de desarrollar enfermedades gastrointestinales.
Síntomas que pueden tardar en aparecer
Uno de los principales retos al enfrentar una intoxicación por mariscos es que los síntomas no siempre son inmediatos. El ISSSTE señala que estos pueden presentarse pocas horas después de la ingesta o incluso hasta dos días más tarde, lo que puede dificultar identificar el origen del malestar.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, fiebre y debilidad muscular. En algunos casos más complejos, pueden aparecer señales como hormigueo alrededor de la boca o dificultad para respirar, lo que requiere atención médica urgente.
Esta variabilidad en el tiempo de aparición puede generar confusión, ya que muchas personas no asocian los síntomas con lo que consumieron previamente. Por eso, reconocer las señales del cuerpo y actuar a tiempo es clave para evitar complicaciones.

Cómo reducir el riesgo al consumir mariscos
Más allá de evitar completamente su consumo, existen medidas prácticas que pueden ayudarte a disminuir el riesgo de intoxicación. El ISSSTE recomienda adquirir mariscos únicamente en establecimientos que cumplan con normas sanitarias y verificar que el producto esté fresco, sin olores extraños ni apariencia opaca.
También es fundamental mantenerlos refrigerados desde el momento de la compra y hasta su preparación. La cadena de frío es uno de los factores más importantes para evitar la proliferación de bacterias.
Otro punto clave es la cocción adecuada. Consumir mariscos bien cocidos reduce considerablemente el riesgo de infecciones. Esta recomendación es especialmente importante en grupos vulnerables como niños, personas mayores o quienes tienen sistemas inmunológicos comprometidos.
Además, una correcta higiene durante la manipulación de alimentos como lavarse las manos y usar utensilios limpios también contribuye a prevenir problemas de salud.

Qué hacer ante una posible intoxicación
Si presentás síntomas como los descritos, lo más recomendable es acudir a una unidad de salud para recibir atención oportuna. La evaluación médica permitirá determinar la causa y establecer el tratamiento adecuado.
Según el Manual Merck, el manejo de una intoxicación alimentaria depende del tipo de sustancia involucrada, pero puede incluir medicamentos antihistamínicos, hidratación constante, administración de líquidos por vía intravenosa en casos más severos, fármacos para controlar el vómito y tratamientos para estabilizar funciones vitales como la temperatura corporal o la respiración.
En este sentido, evitar la automedicación es clave, ya que no todos los casos requieren el mismo tratamiento y un manejo inadecuado podría agravar la situación.
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