Clubes de gritos la tendencia viral que mezcla estrés y comunidad
Gritar en grupo se volvió tendencia global para soltar estrés. ¿Funciona de verdad o es solo una moda rara que igual dan ganas de probar?
Por
Betty Carranza
Publicado el 18 de marzo de 2026
Los clubes de gritos son una tendencia global donde personas se reúnen para liberar estrés gritando en grupo. Impulsados por redes sociales, combinan bienestar emocional, experiencia colectiva y una necesidad creciente de desconexión. Según AP News, generan alivio momentáneo al activar y relajar el cuerpo, mientras expertos citados por la UNAM e Ícaro Psicología explican su base física y emocional. Sin embargo, no reemplazan terapia ni resuelven problemas de fondo. Más allá de la moda, revelan una búsqueda actual: encontrar formas simples, humanas y compartidas de soltar tensión y reconectar con uno mismo y con otros.
Si alguna vez sentiste que querías gritarle al mundo pero te lo guardaste, no sos el único. Hoy, esa necesidad está tomando forma en los clubes de gritos, una tendencia global de bienestar emocional donde la gente literalmente se junta a gritar. Sí, así como suena. Y aunque al inicio puede parecer extraño, cada vez más personas lo están probando como una forma rápida de liberar estrés, tal como documenta AP News al seguir estos encuentros en ciudades como Atlanta.
De TikTok al parque
Lo que empezó como videos curiosos en redes sociales ahora se convirtió en encuentros reales. Según AP News, grupos organizados se reúnen en parques con dinámicas guiadas que incluyen respiración, calentamiento y varias rondas de gritos colectivos.
El fenómeno creció fuerte gracias a plataformas como TikTok e Instagram, donde estos momentos se volvieron virales. El País explica que iniciativas como “Scream Club” encontraron en redes sociales el impulso perfecto para expandirse, conectando con personas que buscan alternativas más espontáneas que las rutinas tradicionales de bienestar.
No hay coreografía ni técnica perfecta. Solo una idea simple que engancha: parar un momento… y soltar.

Tu cuerpo entiende más de lo que creés
Aunque parezca puro impulso, hay una base física detrás. Cuando gritás, activás el sistema de alerta del cuerpo y, al terminar, se produce una caída que genera sensación de alivio.
Expertos citados por AP News comparan ese efecto con lo que pasa después del ejercicio: una mezcla de descarga y relajación. Desde la divulgación científica, la revista ¿Cómo ves? de la UNAM explica que el grito puede ayudar a liberar tensión acumulada y disminuir momentáneamente la angustia, justamente por ese cambio fisiológico.
A eso se suma lo que plantea Ícaro Psicología: el estrés no es solo mental, también se aloja en el cuerpo. Por eso, acciones físicas intensas —como gritar— pueden funcionar como una vía rápida de descarga.
Dicho fácil: a veces no necesitás pensar más, necesitás soltar.
No es el grito, es con quién gritás
Acá viene lo más interesante. Lo que realmente engancha no es solo el grito, sino hacerlo con otros.
AP News destaca que muchas personas llegan por curiosidad, pero se quedan por la sensación de comunidad. Compartir ese momento sin filtros ni explicaciones genera una conexión inmediata.
En la misma línea, Ícaro Psicología señala que estos espacios ofrecen validación emocional. Es decir, te permiten reconocer que no sos el único cargando estrés o frustración.
El País también subraya este punto: más allá de la descarga, el atractivo está en vivir una experiencia colectiva poco habitual en la vida adulta.
Y eso, en tiempos de hiperconexión digital pero vínculos más superficiales, pesa más de lo que parece.
La parte incómoda que nadie te dice
Ahora, bajemos un cambio. Porque sí, se siente bien… pero no es magia.
El propio reportaje de AP News es claro en esto: los clubes de gritos no reemplazan la terapia psicológica ni solucionan el origen del estrés. Funcionan como una liberación puntual.
Desde la psicología, Ícaro advierte que la catarsis no siempre resuelve el problema de fondo. Si solo descargás sin procesar lo que te pasa, el alivio puede durar poco.
En otras palabras: gritar ayuda, pero no te ordena la vida.
Entonces, ¿vale o no vale la pena?
Depende de lo que estés buscando. Para tenerlo claro:
- Sí, puede darte alivio inmediato
- Sí, es una experiencia distinta (y hasta divertida)
- Sí, conecta con otras personas
- No, no reemplaza terapia
- No, no resuelve problemas de fondo
La paradoja moderna
Hay algo curioso en todo esto. Vivimos hiperconectados, con notificaciones constantes, pantallas y ruido mental… y la respuesta que se vuelve tendencia es algo tan básico como gritar.
Sin tecnología, sin herramientas, sin filtros.
Pero al mismo tiempo, sin redes sociales probablemente nunca te hubieras enterado. El crecimiento de estos clubes depende directamente de su difusión digital, como coinciden coberturas de AP News y El País.
Es una paradoja bastante actual: usamos la tecnología para encontrar formas de desconectarnos de ella.
¿Moda o señal de algo más?
Puede que en unos años nadie esté hablando de clubes de gritos. O puede que evolucionen hacia otras experiencias colectivas de bienestar.
Pero más allá de si la tendencia pasa o se queda, hay algo que ya quedó claro: muchas personas están buscando formas más reales, más físicas y más compartidas de gestionar lo que sienten.
Y quizás la pregunta no es si deberías salir a gritar.
Sino cuánto hace que no te das permiso para soltar, aunque sea un poco.
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