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Una durísima decisión

El Salvador agotó todos los recursos para intentar impugnar la sentencia por los otros cinco ex “bolsones”, pero no encontró “hechos nuevos” para fundamentarse

El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El sítio conocido como Ramaditas marca el nuevo cruce de río Guascorán, al decir de los pobladores. La Corte de La Haya deberá decidir primero si admite recurso salvadoreño sobre este ex -"bolson"
Foto EDH

Después de escuchar a su Canciller, María Eugenia Brizuela de Ávila, y a algunos colaboradores cercanos, el Presidente Francisco Flores tomó la decisión final: luchar, únicamente, por los 72 kilómetros colocados a la orilla del río Goascorán que, en estos momentos, están en manos de Honduras.

Eso significó perder la batalla del dominio sobre cinco bolsones territoriales limítrofes que suman casi 400 kilómetros cuadrados y en los que viven miles de salvadoreños.

Desde que, hace bastante tiempo, Flores ordenó impugnar la sentencia limítrofe que la Corte de La Haya pronunció en septiembre de 1992, sabía, de boca de los especialistas, que El Salvador estaba condenado a encontrar un “hecho nuevo” que justificara revisar la decisión.

Como desde 1986 se pelearon, en La Haya, seis bolsones territoriales (incluido el de Goascorán), eso significaba encontrar una nueva revelación sobre cada uno de ellos para, combatir, en la totalidad, la sentencia de La Haya que resultó desfavorable para el país.

Pese a lo gigantesco del reto, el Gobierno ordenó, hace bastante tiempo, y a pesar de las omisiones de anteriores administraciones gubernamentales, que se buscaran “hechos nuevos” o revelaciones para cada una de las partes de la sentencia.

En esa tarea trabajaron, durante los últimos dos años, más de treinta personas especialistas en Historia, Derecho Internacional, abogados, etc.
Todos ellos hurgaron en archivos históricos de Europa, Guatemala, El Salvador y aún en Honduras, pero fue imposible encontrar un “hecho nuevo”.

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Al mandatario se le dijo la verdad hace algunas semanas. “No fue posible, Señor Presidente, encontrar documentos o pruebas que se convirtieran en un “hecho nuevo” para rescatar los bolsones”, le anunciaron, mientras a algunos se les transformaba el rostro.

Algunos de los investigadores y expertos creyeron, en su momento, haber encontrado pruebas que se convirtieran en “hechos nuevos” sobre el tema de los “bolsones”. Por ejemplo, unos telegramas que comunicaron a cancilleres de ambos países que delataban el control salvadoreño en algunos de esos territorios.
Pero, una vez que se analizaban esos documentos, asesores del país concluían que no se trataba de un “hecho nuevo” porque documentos como esos se conocieron, públicamente, en oficinas estatales.

Se temió que la Corte de La Haya advirtiera que, por negligencia de la parte salvadoreña, se no alegaron, en el momento oportuno, esos documentos y que no constituía un “hecho nuevo” las omisiones que se cometieran en los archivos del Estado salvadoreño.

El caso de los telegramas, que se analizó durante algunos encuentros de los expertos, dejó claro a muchos la negligencia con que actuaron algunos ex funcionarios durante el litigio limítrofe que se produjo, en La Haya, de 1987 a 1992.

Los telegramas se tuvieron a la mano, durante ese período, aunque nadie consideró oportuno presentarlos como prueba.

Incluso, un experto de los que colabora con el Gobierno estimó que el problema, durante el pleito en La Haya, no fue la ausencia de documentos históricos probatorios, sino la falta de interpretación adecuada y la decisión de incorporarlos como parte de los argumentos salvadoreños.

Durante muchos días, escucharon a colaboradores que creyeron tener hechos nuevos para reabrir el caso de los bolsones pero, uno a uno de los casos, fueron rechazados por expertos juristas internacionales que asesoran, desde afuera, a El Salvador.

Incluso, como lo sabe El Diario de Hoy, hubo quienes sugirieron que, a pesar de la poca posibilidad de éxito, se presentaran algunos documentos históricos como “hechos nuevos” para no mostrar una sensación de derrota total frente al tema de los bolsones.

Los asesores recomendaron al final que lo mejor era no hacerlo para no estropear la estrategia principal de pelear, exclusivamente, las tierras localizadas cerca de la desembocadura del río Goascorán en el Golfo de Fonseca.

El centro de la solicitud de revisión se basará, entre otras cosas, en la calificación de mapas controvertidos a unos planos que presentó Honduras en 1987 ante la Corte de La Haya.

A eso se le agregarán estudios geológicos, y hasta de la NASA, para demostrar que el río no desembocaba donde lo hace ahora, sino en un estero localizado a diez millas de allí.

Las recomendaciones de los asesores externos del Gobierno forjaron la tesis final: se peleará exclusivamente por las tierras del Goascorán. Sobre el resto no había hechos nuevos.

Desde ese momento quedó sellada la suerte de los bolsones: están perdidos y deberán convertirse, en buena parte, en territorio hondureño.

 

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