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La rebelión de los púgiles

La selección salvadoreña de boxeo regresó al país para concentrarse en un lugar alejado de San Salvador, pero los boxeadores se negaron. Al final se instalaron en Villa Centroamericana

Mauricio Vallejo M./EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

La selección salvadoreña de boxeo regresó al país para concentrarse en un lugar alejado de San Salvador, pero los boxeadores se negaron. Al final se instalaron en Villa Centroamericana
Foto DIGITAL HUBER ROSALES

Después de dos meses de intensa preparación en Cuba la selección salvadoreña de boxeo ha regresado a tierras cuscatlecas. Llegaron el miércoles las 12:50 m., y se disponen a dejar el corazón en el cuadrilatero.

En sus ojos sólo se dislumbran las medallas doradas, más después de un ferreo fogueo con las selecciones de Venezuela, Puerto Rico y Cuba, donde quedaron muy bien. “Al principio nos agarraron como huérfanos y no les aguantábamos.

Pero después ellos se convirtieron en nuestros hijos”, comentó el boxeador Jorge Castillo, quien aseguró que esos rivales no eran nada para ellos: “Los venezolanos y los puertorriqueños tienen un nivel bien bajo. No creo que puedan contra nosotros. Será un juego de niños para nosotros”.

NO A CONCHALÍO


Pero no todo es fiesta para los púgiles. El Centro Obrero de Conchalío, en La Libertad, lugar que se había dispuesto para la concentración, no fue de su agrado. Todos los seleccionados se opusieron rotundamente.

Quedarse internos tan lejos de San Salvador no es lo más recomendable: “Quedarnos cerca del mar nos hará aguados”, opinó Antonio Nuñez, de la categoría 54 kilos. También se quejó Abdul Rivera: “Aquí hay muchos zancudos”.

Ninguno de los seleccionados estaban de acuerdo con quedarse en Conchalío. Por lo que el entrenador Isidoro Nicolás habló con ellos: “Deberían de quedarse aquí. No quiero que lleguen a San Salvador y comiencen a tener contacto con sus familias.

Les quitarán la concentración y los harán tener problemas psicológicos: que a la mujer le falta leche para los niños, que la mamá tiene deudas. No, aquí están bien. A muchos campeones eso les arruinó sus carreras. Pero, la desición es de ustedes”.

La solución

Después de media hora de discusión, Ricardo Villacorta, encargado técnico de la Federación de Boxeo, y los seleccionados llegaron a un acuerdo. “Todos nos vamos a dormir a la Villa Centroamericana aunque durmamos en el suelo”, sentenció Carlos Rodríguez, de la categoría 51 kilos. Pero Villacorta seguía desconfiando de ellos: “Estos lo quieren es irse a las discotecas... Pero de todos modos de la Villa no se van a poder escapar tan fácil”, susurró.

Los seleccionados regresaron a la carretera y se dirigieron a la Villa Centroamericana, donde se encontraron con otro problema: los encargados de la administración de la Villa no permitían que se quedaran. Pero luego de diez minutos de conversación se llegó a un arreglo y los boxeadores se quedarán en la Villa.

Después de las negociaciones los boxeadores golpearon los sacos y la peras locas. Luego subieron al cuadrilátero y pelearon entre ellos, y contra algunos sparrings. Abajo del cuadrilatero aún se podían ver sus maletas con los colores del Instituto Nacional de los Deportes (INDES) y cajas con Pollo Campero.

 
 

 
     


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