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Náufrago salvadoreño visita su natal Garita Palmera

José Salvador Alvarenga fue recibido en su hogar por su familia, amigos, periodistas y curiosos. Su hija Fátima sostuvo "lo quiero y no lo voy a dejar ir"

La familia de José Salvador Alvarenga lo recibió con los brazos abiertos y están decididos a apoyarlo. Foto/ EFE

La familia de José Salvador Alvarenga lo recibió con los brazos abiertos y están decididos a apoyarlo. Foto/ EFE

La familia de José Salvador Alvarenga lo recibió con los brazos abiertos y están decididos a apoyarlo. Foto/ EFE

José Salvador Alvarenga, el náufrago salvadoreño que dijo haber pasado 13 meses a la deriva en el Océano Pacífico regresó el miércoles a su casa en una pequeña comunidad alejada del bullicio de la ciudad y a pocos metros del mar, donde sus familiares y amigos lo esperaban con los brazos abiertos.

"Me siento muy feliz de venir, estoy en mi casa", dijo Alvarenga al arribar a este pintoresco lugar, mientras decenas de periodistas y muchos curiosos querían verlo, darle la mano y abrazarlo.

El náufrago, que el martes salió del hospital donde recibió atención médica, regresó a la casa donde nació hace 37 años. "Quería venir a mi casa, estar con mi familia", dijo al llegar a Garita Palmera, ubicada a unos 150 kilómetros al oeste de la capital, a pocos metros de la costa del mar.

"Lo quiero, y no lo voy a dejar ir", dijo su hija Fátima que abrazaba a su padre con todo su fuerza como queriendo evitar que los separaran. Ella tenía un año cuando él viajó a México para trabajar. Su esposa Arely Barrera, que tenía más de 10 años de no verlo, se unió al festejo y con timidez lo abrazó y luego le dio un beso en la mejilla.

De repente, entre la multitud apareció un hombre que se apoyaba con un bastón se abrió camino para saludar al náufrago. "Lo conozco desde pequeñito", dijo Vicente Baltazar Saavedra, de 83 años, un hombre estatura pequeña y cabeza cubierta de canas. Lo abrazó y comenzó a cantarle una alabanza.

"Es una alabanza de Dios, una alabanza que yo soñé hace seis meses, una alabanza que dice que Dios nos ha sacado de una gran tribulación", dijo a la AP el anciano mientras limpiaba las lágrimas que recorrían su rostro curtido por el sol de esta zona costera.

El alcalde del municipio San Francisco Menéndez, Narciso Ramírez, también llegó a recibir a Alvarenga y en un breve discurso prometió que lo apoyará para que se reinserte en la comunidad.

"No sé qué será, primero quiero recuperarme", dijo Alvarenga cuando los periodistas le preguntaron si se quedará en Garita Palmera.

"Lo vamos apoyar, si quiere puede dedicarse a la agricultura, puede trabajar en el molino (para preparar masa de maíz) o también tenemos el horno para que haga pan", dijo José Ricardo Orellana, el padre del afortunado naufrago.

Garita Palmera parecía estar de fiesta, amigos y curiosos querían ver al hombre que sobrevivió a la deriva en el mar por más de un año.

"Es mi amigo, solo quiero saludarlo, darle la mano, decirle que aquí estamos con él", manifestó César Antonio Mejía, un pescador de 38 años que asegura es su amigo. "Desde que estamos chiquitos, jugamos pelota y pescamos juntos".

La esposa de Alvarenga, Arely, trabajó toda la mañana preparando una suculenta comida para su esposo y la familia, "le preparé pescado envuelto en huevo", dijo la mujer.

De inmediato los periodistas preguntaron a Alvarenga si le gustaba comer pescado, esbozó una sonrisa y respondió: "si de cualquier forma, menos crudo".

Alvarenga dijo que sobrevivió comiendo pescado, tortugas y pájaros crudos, así como bebiendo la sangre de los pájaros, agua lluvia y su propia orina.

Su abogado y apoderado legal, Benedicto Perlera, dijo que Alvarenga "quiere comer gallina y sandía, le compramos una cuando veníamos".

Alvarenga permanecerá en Garita Palmera temporalmente y Perlera dijo que "si es necesario retornaremos a San Salvador este mismo día, pero todo depende de su salud".

"No me siento bien, tengo que recuperarme", dijo Alvarenga en momentos que los periodistas lanzaban una serie de preguntas y sus amigos trataban de aproximarse para saludarlo.

Su historia asombró al mundo cuando llegó al atolón de Ebon hace casi tres semanas, con aspecto robusto y no muy quemado por el sol. Pero resulta que antes era un hombre mucho más corpulento y llegó a tierra con inflamación en todo el cuerpo, dolores y deshidratación.

El regreso de Alvarenga a su país tras una semana de reposo y tratamiento médico en Majuro fue prolongado, con escalas en Honolulu y Los Ángeles, donde los médicos lo vieron para determinar si podía continuar el viaje.

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