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Médicos del Rosales injertan hueso humano para evitar amputación

Para los ortopedas, la amputación en pacientes con tumores es la última opción que quieren ofrecerles

El hueso humano que será injertado es traído del extranjero. Para mantenerlo en condiciones para el implante deben tener una cadena de frío. Fotos EDH / cortesía

El hueso humano que será injertado es traído del extranjero. Para mantenerlo en condiciones para el implante deben tener una cadena de frío. Fotos EDH / cortesía

El hueso humano que será injertado es traído del extranjero. Para mantenerlo en condiciones para el implante deben tener una cadena de frío. Fotos EDH / cortesía

Para evitar que a una joven de 16 años le amputaran la pierna, médicos ortopedas del hospital Rosales le injertaron un hueso humano; 18 meses después ella camina sin muletas.

A partir de 2013, los especialistas comenzaron a poner injertos de hueso humano congelado traídos desde Colombia o la Universidad de Miami, en Estados Unidos.

En el Rosales se han hecho tres procedimientos de este tipo, uno en 2013 y dos en 2014, este año preparan dos pacientes más.

Con el injerto de hueso congelado (de donante cadáver) se evita la amputación de la pierna a los pacientes afectados, manifestó Mauricio Ramírez Peña, jefe del Servicio de Ortopedia del Rosales.

La alternativa no se les ofrece a todos los afectados, unos no son candidatos debido a que el tumor ya afectó otras áreas del cuerpo y en otros casos porque traer el tejido del exterior representa un costo elevado para el hospital.

Ramírez Peña expresó que la prótesis se coloca en las personas con tumores como los osteosarcomas y los destructores de hueso, que no son malignos, como ocurren con el de células gigantes.

Rebeca Velásquez fue la primera paciente en recibir un injerto de hueso congelado en el hospital Rosales; tras año y medio de la operación, la joven ha retomado su vida normal y camina sin mayor dificultad.

A ella, los problemas le comenzaron en 2011; el primer síntoma fue el dolor constantes en la rodilla derecha.

Doris González, madre de Rebeca, manifestó que su hija no se quejaba tanto del dolor, pero comenzó a patojear.

Al consultar con una doctora particular, la envió a tomarse una radiografía, con los resultados en mano, el ortopeda le diagnosticó un tumor de células gigantes agresivo.

La alternativa que en ese momento le dio el especialista fue una cirugía para retirar el tumor y colocarle en la rodilla un pedazo de hueso que se lo extraerían a ella misma.

El procedimiento se realizó, pero no surgió efecto esperado.

En la primera evaluación post quirúrgica, el médico dijo que todo iba bien, pero en la segunda consulta descubrió que el tumor había vuelto a crecer y estaba destruyendo la parte ósea nueva.

"El ortopeda le dijo que el riesgo era que ella perdiera su pierna, fui al Instituto del Cáncer y la solución que me dieron fue cortarle la pierna. Todo lo que el doctor nos decía era muy negativo para mi hija, hasta me mandó con un oncólogo a que le dieran quimioterapia", expresó González.

Debido a que la quimioterapia en lo privado era incosteable para la familia acudió al hospital Rosales; la primera cita fue en septiembre de 2012.

A ese tiempo la familia estaba destrozada, temían lo peor. "Yo pensaba lo peor, que iba a perder a mi hija, que ese tumor podía caminar más arriba y afectar otros órganos, todo eso me ponía a pensar", comentó González.

En el Rosales, tras una serie de evaluaciones, le dieron el mismo diagnóstico: tenía un tumor de células gigantes, pero el tratamiento que le ofrecieron no fue la amputación definitiva.

A Rebeca le propusieron injertarle un hueso humano traído de afuera del país para conservarle la pierna, pero se trataba de un proceso largo.

"Los ortopedas me dijeron que la niña no podía perder su pierna, uno porque estaba muy joven y otro porque el problema tenía solución: ponerle una prótesis, un hueso humano que venía de los Estados Unidos", dijo la madre de Rebeca.

La decisión de la familia fue tomarse unos momentos para pensarlo, el miedo era que el injerto no funcionara y Rebeca quedara sin una pierna, pero aceptaron y hoy no se arrepienten.

"Yo no lo aceptaba, no lo asimilaba, porque tenemos el cuerpo completo, yo me decía, cómo mi hija va a estar sin su pierna", expresó la señora.

Luego de retirar el tumor, los especialistas le colocaron un espaciador, un dispositivo que permite mantener el área en la que colocarán el injerto libres y lo fijaron con tutores. Así pasó siete meses Rebeca, entonces tenía 16 años.

Siete meses después, cuando llegó el hueso de donante cadáver, desde Estados Unidos, la joven entró a la sala de operaciones y le pusieron la prótesis, tres días después dio sus primeros pasos. Desde la cirugía hasta hoy, la joven ha recibido fisioterapia. Y desde agosto del año pasado camina sin usar muletas, retomó sus estudios y este año cursa segundo año de bachillerato Contador.

"Gracias a Dios la operación fue un éxito porque mi hija ahora ya camina, ya dejó la silla de ruedas, ya anda sin muletas y anda bien caminando", manifestó González.

La operación

El jefe del Servicio de Ortopedia del Rosales expresó que el procedimiento consiste en retirar el tumor que afecta al paciente, luego se coloca un espaciador, un dispositivo que hacen en el hospital con las medidas de la personas para mantener el espacio que ocupará el hueso que le pondrán.

El espaciador se construye de cemento fresco, cuyo tiempo de endurecimiento es de unos diez minutos, cuando está firme se coloca dentro del miembro del usuario y se fija con una férula.

El personal del hospital se encarga de gestionar el hueso a la Universidad de Miami, en Estados Unidos, o a Colombia y les proporcionan las medidas del tejido que necesitan para que lo envíen.

"Es un hueso que viene congelado en cadena de frío, viene del aeropuerto para acá y aquí lo colocamos; la temperatura en la que viene debe ser a menos cuatro grados centígrados. Desde que viene, tenemos unos tres días para poderlo utilizar, sino se arruina y pierde la cadena de frío", comentó Ramírez Peña.

Una vez cuentan con el tejido preparan al paciente y le colocan la prótesis, el hueso es fijado con una placa compuesta por cuatro tornillos abajo y arriba.

El hueso tarda de cuatro a cinco meses en incorporarse al resto de tejido, ese es el mismo tiempo en que el paciente ya puede caminar.

El ortopeda explicó que la persona inicia con fisioterapia, esta consiste en mover los músculos para fortalecerlos, en ese tiempo puede levantarse, caminar con muletas y andadera, pero sin darle carga a la pierna.

Tras siete u ocho meses de la cirugía, el paciente puede retomar su vida normal, pero continuará con la fisioterapia.

Peña añadió que aquellos pacientes a los que se les ha injertado el tejido no pueden hacer deportes o actividades extremas como jugar fútbol.

"Hemos colocado un componente protésico que le permite caminar, hacer las cosas que hay que hacer, caminar unas sus cinco cuadras al día, pero un deportes ya no.", manifestó el jefe del Servicio de Ortopedia del Rosales.

En la práctica privada se conoce de dos operaciones similares, una de ella fue la de un joven de 19 años, amante del fútbol, el procedimiento fue en enero del año pasado; en el Seguro Social la opción que le dieron fue amputarle la pierna.

En el procedimiento participó Jorge Navia, ortopeda oncólogo, experto en este tipo de operaciones, quien viajó desde Colombia. El tejido fue transportado en una nevera especial con hielo seco, manteniendo la cadena de frío.

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