Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

"Mi cuerpo ya está cansado de consumir tóxicos"

Heriberto consumió bebidas alcohólicas por casi 31 años. Asiste a la clínicas de Fosalud para superar esa adicción

Heriberto Méndez permanece en terapia en la clínica del hospital Rosales. Él asiste dos veces a la semana al tratamiento para dejar el alcoholismo. Foto EDH/ douglas urquilla

Heriberto Méndez permanece en terapia en la clínica del hospital Rosales. Él asiste dos veces a la semana al tratamiento para dejar el alcoholismo. Foto EDH/ douglas urquilla

Heriberto Méndez permanece en terapia en la clínica del hospital Rosales. Él asiste dos veces a la semana al tratamiento para dejar el alcoholismo. Foto EDH/ douglas urquilla

El testimonio de Heriberto Méndez, un hombre de 40 años, quien lucha contra la adicción al alcohol, se remonta al año 1982, cuando a penas tenía 9 años de edad.

Fue el 24 de diciembre cuando ese niño probó sin quererlo su primer trago. La suegra de su hermana le dio una bebida gaseosa que tenía alcohol, él lo desconocía.

Pero esa sensación en su cuerpo y el mareo le agradó.

"Cuando salí a las gradas a reventar cohetes yo miraba colores, estaba bien bolo y la verdad me pareció ver aquel alucinamiento", expresa el paciente.

Su segundo trago lo bebió a las 8 de la mañana del siguiente día. ¿Estás de goma? Le preguntó don Beto, un vecino. A su edad ignoraba de qué se trataba.

Mirá, es malo andar de goma, ¿querés uno para que se te pase? le dijo don Beto.

"Como ya me había gustado lo que sentía le dije que sí", comenta. Unas pocas horas después probó su tercer trago con un colón que le dio un joven para que se comprara algo, mientras él buscaba cohetes en la calle.

Heriberto le fue a tocar la puerta al cantinero, a la par de su casa y le pidió "una pachita" , dijo que era para don Beto y así se inició en ese mundo.

Con el dinero que conseguía haciendo mandados y luego trabajando con su hermano en albañilería compraba el licor y también comenzó a visitar los burdeles.

Cada vez que llegaba en ese estado, su madre lo golpeaba para que dejara de consumir bebidas embriagantes; pero él seguía.

Cuando cumplió 11 años, su madre falleció. Sentí que quedé libre" dice don Heriberto, él acaba de terminar su terapia con la psicóloga del Centro de Prevención para el Tratamiento de las Adicciones instalada en el hospital Rosales, en San Salvador, antes Clínicas de Cesación de Tabaco .

Heriberto acude ahí desde hace seis meses, tiene trazada la meta de dejar esa adicción para tener una vida tranquila.

Recuerda que a los 17 años, cuando puso su propio taller de estructuras metálicas se descontroló, porque tenía más dinero.

Cuando llegaba a las casas de las personas que lo habían contratado para realizar un trabajo escondía la botella de licor en el tanque del inodoro para estar bebiendo y sus patronos no la encontraran.

Llegó un momento en el que pasó hasta un mes y 27 días consumiendo bebidas alcohólicas sin parar. Buscó ayuda en más de cinco ocasiones en centros de rehabilitación, pero no pudo superar esa adicción.

"Hasta ahora es que me logro contener tres, cuatro meses, y aquí estoy luchando", manifestó Heriberto.

La botella de alcohol la andaba atrás del asiento del pick- up, si tenía sed la saciaba con el trago.

Él recayó hace unas semanas, pasó seis días bebiendo, pero retornó al centro de prevención. "No quería andar así. El cuerpo mío ya está cansado de consumir tóxicos", añadió el señor Méndez.

Lea además
Abrimos este espacio para el fomento de la libre expresión, que contribuya al debate y a la crítica constructiva. Te invitamos a hacer buen uso y a leer las normas de participación