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El reto del nuevo ministro de Seguridad

Hay pues que  desprenderse de mezquindades políticas a la hora de abordar este tema, de mitos y arraigados prejuicios sobre las causas y hacer una limpieza profunda en las instituciones

El nombramiento del nuevo ministro de seguridad, Mauricio Ramírez Landaverde, ex director de la Policía Nacional Civil, ha producido ciertas esperanzas, al menos con las personas con las que suelo relacionarme, que no son precisamente fans del gobierno del FMLN. 

El exministro Lara ya había topado. El hombre no podía más. Lejos de amainar, tal como lo afirman sin sonrojarse algunos voceros del gobierno, el tormenta de sangre y lágrimas que sufre el país arreció, sobre todo a partir del nuevo año. En Costa Rica hay alarma porque en lo que va de enero van 24 homicidios. (… blanca y pura descansa la paz) aquí son 24 diarios.

Si seguimos así en los próximos diez días serán asesinados más de 200 salvadoreños. Ojalá eso no ocurra. Pero la extrapolación estadística es siniestra .

El pasado fin de semana en Morazán, una señora humilde de 57 años fue desmembrada a machetazos. No fue venganza, ni robo. Nada personal. Según se informó se trató solamente de un ritual iniciático de una pandilla. Últimamente han aparecido cabezas y pedazos de cuerpo en diferentes puntos del país. No se trata pues solo de homicidios, sino también de una barbarie cuyo más reciente antecedente son los escuadrones de la muerte.

¿Qué está pasando? ¿Es que acaso no va a parar nunca este chorro de sangre? ¿De dónde viene este afán de matar y de hacerlos de manera tan salvaje? ¿Qué hacer, además de rezar, para frenar la danza de la muerte? Hasta el día de hoy no sé de ningún estudio completo que exprese de manera certera las causas de esta matanza cotidiana. 

El exdirector del Instituto de Opinión Pública de la UCA, José Miguel Cruz, dijo hace unos años que la “la violencia social viene de causas que se gestaron y se dispusieron mucho antes de la década de los 80: entre otros factores, un sistema de relaciones económicas excluyentes, una ética cultural de resolución de conflictos basada en la agresión y una institucionalidad extremadamente autoritaria y débil para garantizar justicia y el respeto de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. La guerra no hizo sino agravar las condiciones que perpetuaron la violencia social y el crimen”. 

Las relaciones económicas excluyentes de las que habla José Miguel son las famosas “causas objetivas” de la violencia”. Esto lo vengo oyendo de diferentes maneras: las injustas estructuras económicas, la marginalidad social, la pobreza, pues. Tanto se ha repetido que aquel que se atreva a poner en tela de duda las tales causas objetivas está siendo poco menos que un blasfemo. Pero José Miguel Cruz habló de varias causas. Plenamente de acuerdo. 


Partir únicamente de la organización socioeconómica para elaborar el diagnóstico de las causas de la violencia en el país provoca más daño que bien. Porque con estas creencias, como dice el prestigioso doctor en Historia, Eduardo Posada, de la Universidad de Londres, “la delincuencia se percibe apenas como un producto de la sociedad, ajena a la voluntad del sujeto criminal. Poco parece importar aquí el resultado de sus horrorosas acciones y el daño social de sus conductas”. 

Con esa lógica, lamentablemente tan arraigada, los criminales no son los victimarios, sino en realidad las víctimas de la “injusticia social”. Con tan nefasta idea en mente se han redactado leyes poco adecuadas a nuestra situación. A esto hay que agregar la corrupción en el sistema judicial tantas veces denunciada por el Departamento estadounidense de Estado y hasta los mismos funcionarios honrados. 

En un contexto de falta de estudios certeros, estrategias definidas, impunidad y debilidad institucional se produce el nombramiento de un nuevo ministro de Seguridad y de un nuevo Fiscal General. Sería bueno, creo, que la ciudadanía les dé un voto de confianza. Pero también el gobierno en pleno debe trabajar seriamente en el análisis completo de la situación y en una estrategia integral. Sobre todo debe evitar la tentación de actuar al estilo de escuadrones de la muerte. Eso solo agravará más la situación y aumentará la tormenta de sangre.
 
El problema de la violencia y sobre todo los homicidios, nos afecta a todos ciertamente. Eso no quiere decir que la seguridad es tarea de todos. Esta es tarea del gobierno, del Estado. No solo eso; es su principal misión. Hay pues que desprenderse de mezquindades políticas a la hora de abordar este tema, de mitos y arraigados prejuicios sobre las causas y hacer una limpieza profunda en las instituciones. Solo así el Estado podrá diseñar e impulsar, junto a la sociedad, políticas más eficaces contra esta matanza de cifras de guerra. 

Por el bien del país le deseo lo mejor al comisionado Ramírez Landaverde, a su equipo de trabajo y al nuevo fiscal.
    
*Columnista de El Diario de Hoy.