Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Los precios de las acciones y la actividad económica

¿Por qué debería de afectar la actividad económica la caída de los precios de las acciones? Muy simple. Porque al caer los precios la gente se da cuenta de que es menos rica de lo que pensaba

La tendencia a la caída que comenzó al abrirse los mercados en el nuevo año ha continuado en todas las bolsas de mundo desarrollado y en varias de las de los países emergentes, al igual que en los precios de los productos primarios. Mucha gente demuestra estar sorprendida y en realidad parece que lo está. Eso es muy sorprendente en sí porque si algo se vio venir fue esto. Los precios de las acciones habían subido enormemente en Estados Unidos, Europa y Japón a pesar de que las economías crecían a tasas muy bajas. Los precios de los productos primarios estaban cayendo desde hace años como parte del ciclo de boom y caída causado por la creación excesiva de dinero. La Reserva Federal de Estados Unidos había advertido que iba a subir los intereses, y es bien sabido que, como lo he explicado muchas veces en estas columnas, los aumentos en las tasas de interés resultan en la caída de los precios de los activos financieros (como las acciones y los bonos) y no financieros (como los bienes raíces). 

Pero como las acciones siguieron subiendo, proporcionando oportunidades para seguir ganando al comprar y vender luego a precios más altos, la gente, aún la que creyó que las acciones iban a caer, siguió comprando para ganar hasta el último momento, esperando tener el tiempo de vender cuando los precios comenzaran a bajar. Esta actividad falsa mantuvo los precios por un tiempo.
 
Luego, cuando comenzaron a bajar, muchos que habían esperado hasta el último momento comenzaron a vender, causando la caída actual. Y mientras más venden, más caen los precios, y entonces venden más. 

La caída ya ha causado pérdidas sustanciales a los inversionistas que se han quedado con las acciones. El indicador FTSE 100 del Reino Unido ha caído 9 por ciento en los últimos 12 meses. El S&P 500 de Estados Unidos ya perdió 6.6 por ciento en el mismo periodo; los de Europa continental 1.5 por ciento; y los chinos 8.6 por ciento. Sólo los japoneses han ganado 1.5 por ciento, pero eso después de haber perdido 2.5 por ciento de diciembre a diciembre. 

Hay mucha gente que cree que esto se va a revertir en el corto plazo por medidas de los bancos centrales. Es posible que, si la crisis se declara abiertamente, el dinero fluya hacia Estados Unidos y que eso dé más dinero para comprar acciones y se detenga la caída en ese país. Es posible pero no probable. Las acciones están muy sobrevaluadas y la gente se está dando cuenta. Si siguen cayendo fuertemente, el crecimiento económico mundial se verá afectado negativamente. 

¿Por qué debería de afectar la actividad económica la caída de los precios de las acciones? Muy simple. Porque al caer los precios la gente se da cuenta de que es menos rica de lo que pensaba y que tiene menos dinero para gastar y para pagar sus deudas, muchas de las cuales pueden haber sido adquiridas para comprar las acciones en un momento en que los precios iban para arriba. En estas circunstancias, los dueños de acciones reducen sus gastos, lo cual resulta en una disminución de la demanda total en la economía, lo cual reduce la producción y el ingreso. 

Muchos de estos ya no pueden pagar sus créditos y trasladan el problema al sistema bancario. Los bancos ejecutan las garantías, que pueden incluir las acciones. Pero ese no es el negocio de los bancos. Para evitar que los créditos incobrables se les acumulen, los bancos disminuyen el volumen de créditos nuevos. Eso también afecta negativamente la demanda. Si en medio de esto hay algo que cause pánico, la situación puede salirse fuera de control. El riesgo es alto porque los bancos centrales gastaron todas sus municiones en la crisis de 2008 y ya no tienen mucho más que hacer.
 
 En resumen, como lo he dicho varias veces en esta columna, es posible que haya una contracción fuerte en la economía internacional. 
 

*Máster en Economía, 
Northwestern University. 
Columnista de El Diario de Hoy.