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¿Y si fuera animal?

De repente, una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar, y rodé y rodé, rodé y rodé. Después me dijo mi hijo, que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar 

Chistear es lo que uno hace a la hora de los tapis con la cherada. En eso estábamos, cuando alguien pregunta qué animal sería cada quien. La mayoría decidimos que mi mujer fuese una leona de ojos verdes, reina de la jungla, al igual que de su hogar, tan pero tan linda, que despertaría la compasión en todo cazador.

Salieron a bailar jirafas, por lo flaco, alto y elegante de la anfitriona, e hipopótamos como un chef que pronto abrirá, lo que les apuesto será el restaurante más delicioso de El Salvador. 

Con mi persona no hubo consenso; unos, incluyéndome, pensamos que sería un mono, por lo prieto y porque me encantan los “guineyos”. Y empezamos a cantar: Quién te dijo que pelaras el guineyo, viejo feyo, barrigón.

La otra mitad dijo que sería lince, pues es un animal que no se puede quedar quieto, y nadie le da baje por ser es el más veloz de la jungla.
Dicen por ahí que el Viejo Lin, en Los Ángeles, era Old Lince. Old no por la edad, sino por sus arrugas del bajo mundo, y lince porque corría más rápido que cualquier cuilio.

¿Entienden por qué prefiero ser mono que lince?

Pero no, la majada de triatlón me clavó Viejo Lin. Viejo, más por las patas de gallo que por la edad, y Lin por el marero.

Así quedé bautizado después de la triatlón de las Fiestas Julias del año 2000. En vano han sido los esfuerzos por modificar la partida de nacimiento, con semejante sobrenombre, asentada en la alcaldía de la sucursal del Cielo.

Un dicho gringo dice algo como “Si no los puedes derrotar, únete”. Es precisamente lo que hice, estampando mi traje de triatlón con Viejo Lin, en mayúsculas. Una idea no muy brillante pues, del bus a mi lomo, han volado desde chetas, hasta semillazos de mango. ¡Hotoy!

Pero, al igual que al lince y a mi tocayo, nadie nos da baje pues corremos más rápido que cualquier cazador, policía y triatleta de mi categoría.
A diferencia de mi tocayo, gozó viviendo en libertad, dándole los buenos días a los pericos, las urracas, las mariposas y las cotuzas; sacándole el jugo a este saco prieto de carne y hueso; volando en la pista.

Desafortunadamente algunos vuelos tienen aterrizajes forzosos.

A 900 msnm rodaba, con mi hijo, en el circuito que este Viejo Lin bautizó como “El Cielo” por ser otro reino del pájaro y la nube.
 
Además de endorfinas, mi corazón estaba alimentado por el amor y respeto hacia mi hijo, quien nos honraba con la dicha de visitarnos y entrenar juntos.

De repente, una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar, y rodé y rodé, rodé y rodé. Después me dijo mi hijo, que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar. Con heridas o sin heridas, pedaleo siempre lo que quiero, ¡y mi entreno es la ley! 

Debo ser mala hierba, pues, a pesar de que mi cabeza voló kamikaze style al pavimento, sigo vivito y coleando. Gracias casco por evitar que mi ñola se partiera en dos como un melón se destripa al besar el concreto.

A validar que no hubiese ni huesos, ni bici, quebrados, limpiarse la viruta de piedritas con güiste, y a seguir rodando se ha dicho. 
Volviendo a la chispa de esta nota, qué lástima que no me alcanza el espacio para contarles qué animal piensa la cherada que serían Paco Flores, Tony Saca y Sánchez Cerén.

¿Usted, qué animal sería?

*Colaborador de El Diario de Hoy. 
calinalgaro@gmail.com