Sandra Funes convierte la naturaleza salvadoreña en moda
Desde el patio de su casa, Sandra Funes transforma hojas, flores y raíces en prendas únicas que hoy llevan diseño salvadoreño a escenarios internacionales.
—Todo el proceso es artesanal —dice Sandra Funes mientras se mueve entre telas, hojas y recipientes llenos de materiales que, bajo su mirada, tienen posibilidades de convertirse en moda.
Estamos en el patio de su casa, un espacio que la diseñadora salvadoreña transformó en su taller de creación y estampado. Sobre la mesa conviven semillas, flores, hojas, trozos de madera y textiles; cerca espera una gran olla en la que coloca los rollos preparados para que el vapor haga su parte. Sandra abrió en exclusiva a elsalvador.com las puertas de este lugar íntimo, donde desarrolla el eco-print, la técnica que ha marcado su propuesta y le ha permitido construir un lenguaje propio dentro de la moda salvadoreña.
“Nuestros diseños tienen de fondo identidad, que es lo que buscamos”, explica. Y enseguida lo lleva a una idea más profunda: “Cada hoja o cada flor que utilizamos pertenece a una planta, a un árbol. Este árbol, a un territorio y a una nación, y esa nación tiene identidad”. Para Sandra, vestir esa naturaleza significa convertirla en algo que pueda permanecer.
Del añil a encontrar su propio lenguaje
Su entrada al mundo textil no comenzó con la intención de crear una marca. En casa les gustaba el añil y querían tener prendas para la familia, así que cuando supo que impartirían un taller en la casa comunal de su colonia decidió inscribirse.

Foto elsalvador.com /Lissette Monterrosa
“Comenzamos con añil”, recuerda. Después, una tienda conoció aquellas primeras piezas y la animó a dar pasos que entonces le resultaban ajenos: poner precios, pensar en empaques y darle nombre a un proyecto.
El giro llegó años después, tras conocer, por medio de una docente de la Universidad Dr. José Matías Delgado, a una especialista en textiles que les impartió varios cursos de eco-print. Sandra los tomó junto a su hija. “Quedamos enamoradas de la técnica”, dice.
Una prueba con bufandas de seda terminó de convencerla. Las hojas de teca dejaron sobre el tejido intensas huellas ocres. “Ahí supe que eso sí era lo mío. Y ahí nos quedamos y empezamos a practicar, a investigar”.
Una técnica donde la naturaleza también diseña
El eco-print permite trasladar directamente la materia vegetal a fibras naturales. Sandra trabaja con lino, algodón, manta, seda o bambú. Distribuye hojas, flores o raíces sobre el textil, lo enrolla en tubos de metal, lo amarra y lo lleva al vapor durante aproximadamente dos horas.

“Entre más vapor, más despiden los colores cada hoja y cada flor, y eso es lo que deja la huella”, explica.
Pero el resultado no depende únicamente de la diseñadora. “Jamás se va a parecer una prenda con la otra porque al final el color, los tonos, los define la hoja, el árbol, la raíz. No lo decidimos nosotros”.
Ahí reside parte del atractivo de sus piezas: no existe una fórmula para repetir exactamente un estampado. Incluso la humedad de la tela puede cambiar el resultado. “Si la dejamos más seca, no funciona; si la dejamos húmeda, se difumina”.
Con los años ha aprendido a reconocer ese punto con las manos. “Empiezo a tocar la tela y cuando la piel me dice que está en un momento que no tiene mucha agua, pero tampoco está reseca”, entonces sabe que puede continuar.
Teca, eucalipto, higuera y grevillea están entre las especies que ha explorado. Cada una tiene sus reglas. La grevillea, por ejemplo, puede imprimir únicamente desde un lado de la hoja y en determinadas etapas de crecimiento. Cada nuevo material implica experimentar.
“Cada hoja que se va descubriendo tenemos que probarla”, cuenta. Hoja fresca, deshidratada, brote joven: ensayo y error forman parte de su trabajo.
Una marca hecha también en familia
Sandra sitúa el inicio de su proyecto en 2019. Después llegó una pausa obligada por la pandemia y, con ella, la necesidad de retomar y seguir aprendiendo. Lo que comenzó alrededor del añil se convirtió progresivamente en una empresa familiar.

Su hija, diseñadora, la acompaña en bocetos y combinaciones de color. Su esposo y su hijo colaboran con pedidos, entregas y búsqueda de materiales. Y hay una integrante especialmente entrañable: su mamá, de 90 años, quien todavía coloca botones, hace flores y ayuda con pequeños detalles.
A ellas se suman tres costureras y dos artesanos que elaboran botones y hebillas en materiales como coco y coyol. “Todo es a mano”, enfatiza Sandra. Desde seleccionar y lavar una hoja hasta confeccionar la prenda.

La marca empezó con vestidos, blusas, tops y salidas de baño para mujer. Luego llegaron bolsos, tote bags y camisas masculinas. Este año Sandra también comenzó a trasladar su estampado al hogar, con cojines, posavasos, caminos de mesa y manteles.
Del patio de su casa a Madrid
Ese trabajo artesanal también ha comenzado a viajar. Sandra asegura haber participado en actividades de moda en Canadá, Estados Unidos y España, además de distintas pasarelas en El Salvador.
En 2025 presentó en Panamá la colección “Piel de la Tierra” durante El Salvador Fashion Show, una propuesta inspirada en árboles como pino, grevillea y eucalipto, en la que las texturas y estampados funcionaron como puente entre naturaleza y creación textil.
Pero uno de sus escaparates internacionales más recientes llegó el 25 de junio de 2026 en Madrid. Sandra participó en la Pasarela SMODA “El cuerpo nos honra”, realizada en Casa de América, como parte de una representación de diseñadores y artesanos salvadoreños que puso en valor el legado artesanal, el añil, los textiles y los motivos naturales del país.
“Tenemos tres años de estar participando en SMODA aquí en el país y hemos tenido la oportunidad de participar en Canadá, Estados Unidos y España”, cuenta. Muchas de esas puertas, asegura, se han abierto después de que alguien conoce su trabajo. “No lo buscamos. Hemos tenido la suerte de que nos han invitado”.
Cada salida, sin embargo, representa también una exigencia. “Esto hace que desarrolle aún más la marca porque buscamos superarnos para proponer una prenda diferente”.
Una diseñadora que todavía sueña
Si le preguntás por uno de sus mayores logros, Sandra no comienza hablando de un país o una pasarela. Habla de reconocimiento.
“Ya la gente dice: ‘Ese vestido es de Sandra Funes. Yo quiero un vestido de Sandra Funes’”, cuenta.
Quizá ahí está la medida más personal de lo que ha construido: lograr que una hoja impresa sobre una tela empiece a ser identificada con su nombre.
Su próximo reto será preparar una colección para la pasarela de Moda por Una Causa previsto para noviembre. También quiere fortalecer la presencia digital de la marca. Pero conserva otro sueño: tener su propia tienda, con Sandra Funes como propuesta principal y espacio para una o dos marcas aliadas.
La naturaleza, mientras tanto, sigue ocupando el centro.
“Cuando estaba estudiando decía: ‘Voy a tener un vivero y voy a promover plantas y árboles nativos del país’”, recuerda.
El vivero tomó otra forma. Hoy las hojas siguen llegando a sus manos, solo que en lugar de quedarse plantadas en macetas, terminan contando historias sobre lino, algodón o seda. Y desde el patio de su casa, Sandra Funes ha encontrado una manera muy suya de vestir a El Salvador.
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