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¿Dormir las 8 horas ya no es suficiente? Te contamos

Dormir ocho horas ya no garantiza descanso real, en un contexto donde el uso digital y el estrés alteran la recuperación del cuerpo, un problema creciente que ya afecta la calidad del sueño.

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Por Kelly Hernández
Publicado el 22 de abril de 2026

 

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Un reportaje de National Geographic expone que la sensación de cansancio persistente, pese a dormir el tiempo recomendado, está relacionada con cambios en la calidad del sueño y no solo con su duración. Investigaciones citadas indican una reducción del sueño profundo, clave para la recuperación física y metabólica. Factores como el uso de dispositivos digitales, la exposición a la luz artificial y el desajuste del ritmo circadiano afectan los procesos biológicos del descanso. Especialistas señalan que el cerebro puede mantenerse en estado de alerta, impidiendo una recuperación completa, incluso cuando se cumplen las ocho horas de sueño.

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El descanso nocturno ya no garantiza recuperación completa aunque se cumplan las ocho horas recomendadas. Así lo expone National Geographic, que detalla cómo cambios en la calidad del sueño, el uso de tecnología y la desregulación biológica están afectando la manera en que el cuerpo realmente se recupera durante la noche.

Según el medio, cada vez más personas experimentan fatiga persistente a pesar de dormir el tiempo considerado suficiente. La explicación no está únicamente en la cantidad de horas, sino en la calidad y profundidad del sueño, así como en las condiciones fisiológicas que permiten que el cuerpo entre en un estado de descanso real.

La calidad del sueño, más allá de las horas

De acuerdo con National Geographic, en laboratorios del sueño se ha detectado una reducción del tiempo en la fase de sueño de ondas lentas, relacionada con la reparación celular y la recuperación metabólica. Esto ocurre incluso cuando la duración total del sueño se mantiene dentro de parámetros normales.

El medio señala que las ocho horas en la cama ya no garantizan que el cuerpo se haya restablecido por completo. Este fenómeno ha llevado a investigadores a centrar su atención no solo en cuánto se duerme, sino en cómo se duerme y qué condiciones permiten que el organismo entre en las fases más profundas del descanso.

Evitar pantallas, cenas tardías y estímulos emocionales antes de dormir ayuda al cuerpo y la mente a entrar en un estado de descanso profundo.
Evitar pantallas, cenas tardías y estímulos emocionales antes de dormir ayuda al cuerpo y la mente a entrar en un estado de descanso profundo. / Foto IA

El impacto del estrés y la actividad cerebral

El investigador del sueño Orfeu Buxton, de la Universidad Estatal de Pensilvania, explicó a National Geographic que el problema no es únicamente conductual. «Puede que termines el día», afirma, «pero tu cerebro no ha recibido las señales hormonales y neuronales que le indican que puede desconectarse sin peligro: los niveles de cortisol disminuyen, las vías parasimpáticas se activan y el reloj circadiano se adapta completamente al modo nocturno».

Según National Geographic, cuando estas señales no se activan correctamente, el cuerpo puede permanecer inactivo, pero sin alcanzar una recuperación fisiológica completa. Esto se refleja en niveles de cortisol que disminuyen más lentamente y en una actividad cerebral que continúa detectando posibles amenazas o demandas pendientes.

Tecnología y estimulación constante

National Geographic también vincula este fenómeno con el uso intensivo de dispositivos digitales. La psiquiatra Anna Lembke, de la Universidad de Stanford, señala en su libro Dopamine Nation que la estimulación constante mantiene activo el sistema de recompensa del cerebro, dificultando el descanso.

Un estudio de 2025 publicado en Frontiers in Psychiatry, encontró que una mayor dependencia de teléfonos inteligentes se asocia con peor calidad del sueño y mayor malestar psicológico. El problema, no es solo que las personas se acuesten más tarde, sino que incluso respetando horarios, el cuerpo no logra activar los mecanismos de recuperación.

«Cuando estamos atrapados en el vórtice digital, nos encontramos en un estado constante de reactividad», afirma Lembke, según recoge National Geographic.

El exceso de pantallas afecta el sueño y puede causar irritabilidad y falta de concentración en la niñez, según una investigación difundida por EFE.
El exceso de pantallas afecta el sueño y puede causar irritabilidad, según una investigación difundida por EFE. /Shutterstock

Ritmo biológico desajustado

Otro factor clave es el desajuste del reloj interno del cuerpo. Según la investigadora Kristen Knutson, de la Universidad Northwestern, citada por National Geographic, «cuando hablamos de sentirnos descansados, el momento en que dormimos es tan importante como la duración del sueño».

El medio explica que muchas personas intentan dormir en momentos que no coinciden con su ritmo circadiano, lo que provoca un sueño más superficial. Además, patrones como variar horarios entre semana y fines de semana generan un “desfase horario social” que impide que el cuerpo se estabilice.

Luz artificial y alteraciones hormonales

La exposición a la luz artificial durante la noche también influye directamente en la calidad del descanso. Según National Geographic, esta luz no solo retrasa el reloj biológico, sino que activa circuitos de alerta en el cerebro, elevando el cortisol y reduciendo la sensación de sueño.

Esto afecta la producción de melatonina y limita la entrada al sueño profundo, etapa fundamental para la recuperación. Incluso si la persona duerme el tiempo suficiente, la interrupción de estas fases reduce la efectividad del descanso.

La importancia de desconectarse realmente

El medio destaca que el problema no es únicamente físico, sino también psicológico. Wendy Troxel, científica conductual sénior de RAND, explica que la falta de límites claros entre el trabajo, la vida digital y el descanso impide que el cerebro perciba que el día ha terminado.

«Puede que esté dormida, pero mi mente nunca se desconecta del todo», relatan pacientes citados por la especialista, según National Geographic. Sin esa sensación de cierre, el sistema nervioso se mantiene en alerta y reduce la profundidad del sueño.

Los investigadores coinciden en que establecer rutinas consistentes, reducir la exposición a pantallas y generar señales claras de final del día son factores que pueden ayudar a mejorar la calidad del descanso. Sin embargo, el enfoque principal, según el reportaje, está en comprender que dormir ocho horas ya no es suficiente si el cuerpo no logra activar los procesos necesarios para recuperarse.

TAGS:  Adicciones | Celulares | Cerebro | Pantallas

CATEGORIA:  Vida

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