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El uso pasivo de redes sociales no siempre es negativo; todo depende de cómo te hace sentir al cerrar la app.

No publicar en redes puede decir más de lo que creés

Si mirás redes sociales pero nunca publicás ni comentás, la psicología tiene algo que decir. Puede ser autocuidado… o una señal de alerta.

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Por Betty Carranza
Publicado el 16 de febrero de 2026

 

TU RESUMEN

No publicar en redes sociales puede decir más de lo que creés. La psicología llama uso pasivo a quienes miran contenido pero no comentan ni comparten. Según investigaciones en revistas académicas y universidades como Pensilvania y Baylor, este hábito no es necesariamente negativo: puede reflejar autocontrol, privacidad consciente e independencia de la validación externa. Sin embargo, también puede intensificar la comparación social o la sensación de soledad si el consumo es excesivo. La clave no es publicar más, sino observar cómo te hace sentir usar redes. Si te aporta tranquilidad, es elección. Si te genera ansiedad, tal vez sea momento de ajustar hábitos.

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Entrás a Instagram, TikTok o Facebook, mirás historias, publicaciones, reels… y salís sin dejar ni un like. Si usás redes sociales pero no publicás ni comentás, no sos el único. Este comportamiento, conocido como uso pasivo de redes sociales, ha sido estudiado por la psicología y puede revelar desde autocontrol y privacidad consciente hasta comparación social o ansiedad digital.

Lo primero: no todo silencio es problema. En investigación académica se utiliza el término lurkers para describir a quienes consumen contenido online pero casi no participan. Una revisión publicada en Computers in Human Behavior los define como usuarios que visitan comunidades digitales con regularidad, pero “leen posts sin aportar contenido propio”. Es decir, están presentes, pero no visibles.

Y eso, de entrada, no es negativo.

Cuando no publicar es una elección consciente

Hay personas que simplemente no sienten la necesidad de exponer su vida. Prefieren observar, informarse o entretenerse sin convertir cada momento en contenido. Un análisis difundido por Okdiario Metabolic sobre este perfil describe a estos usuarios como más reservados, reflexivos y cuidadosos con su privacidad digital. No buscan validación constante ni dependen de la aprobación externa para sentirse bien.

Mirar redes sin publicar también puede ser una forma de autocuidado digital y gestión consciente de tu energía social.
Mirar redes sin publicar también puede ser una forma de autocuidado digital y gestión consciente de tu energía social.

También hay evidencia científica que matiza el debate. Un meta-análisis del Journal of Computer-Mediated Communication, que revisó más de cien estudios sobre redes sociales, concluyó que los efectos del uso activo o pasivo suelen ser pequeños y dependen mucho del contexto. Traducido: no existe una regla universal que diga que mirar sin publicar es dañino.

Si entrás, ves contenido que te interesa y seguís con tu día sin ansiedad, probablemente estás usando las plataformas a tu manera. No publicar puede ser una forma de autocuidado digital. No todo necesita mostrarse.

Cuando el silencio pesa más de la cuenta

Ahora bien, hay otra cara que conviene mirar con honestidad. El uso pasivo de redes sociales puede intensificar la comparación. Mirar vidas editadas, viajes perfectos y logros ajenos cuando vos estás cansado o inseguro puede afectar tu estado de ánimo.

La psicóloga Melissa G. Hunt, de la Universidad de Pensilvania, explicó en Penn Today que en redes “hay una enorme cantidad de comparación social… es fácil concluir que la vida de los demás es más interesante o mejor que la tuya”. En ese mismo contexto, resumió un hallazgo clave: “Usar menos redes sociales de lo habitual conduce a disminuciones significativas tanto en depresión como en soledad”.

No se trata de cerrar tus cuentas, sino de notar cómo te sentís después de scrollear.

La Universidad de Baylor también abordó el tema en un estudio longitudinal sobre uso activo y pasivo. Allí, el investigador James Roberts advirtió que “esta investigación subraya la complejidad del impacto de las redes sociales en la salud mental… el uso extensivo, ya sea activo o pasivo, no alivia la soledad y puede, de hecho, intensificarla”.

Es decir, no es solo cuestión de publicar más. La clave está en la calidad de la conexión y en el equilibrio.

Cómo saber qué significa en tu caso

Antes de sacar conclusiones, vale la pena hacerte algunas preguntas simples:

• ¿Te sentís tranquilo cuando no publicás?
• ¿O te gustaría hacerlo pero te frena el miedo al qué dirán?
• ¿Entrás “solo a ver un rato” y salís con sensación de comparación o vacío?
• ¿O simplemente disfrutás mirar y listo?

Si tu silencio se siente liviano, probablemente es una elección. Si se siente tenso o limitante, puede haber ansiedad social o perfeccionismo detrás.

Y no es raro. La exposición pública permanente no es natural para todos. Algunas personas necesitan más control sobre su imagen digital. Otras se cansaron del ritmo constante de interacción.

Redes sociales a tu medida

La conversación no es publicar versus no publicar. Es usar redes sociales con intención.

Si elegís no compartir casi nada, podés potenciar ese estilo:

  • Ajustá tu privacidad.
  • Seguí cuentas que te aporten valor real.
  • Evitá el contenido que te dispara comparación constante.

Si sentís que querés participar más, empezá pequeño: reaccioná a historias de personas de confianza, comentá en temas que te interesen, compartí algo que no exponga tu vida privada sino tus ideas.

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También podés aplicar un hábito respaldado por la evidencia: reducir tiempo. El estudio de la Universidad de Pensilvania mostró que limitar el uso a unos minutos específicos al día tuvo efectos positivos en bienestar emocional. No es eliminar redes, es administrarlas.

Al final, la pregunta no es cuántas veces publicás. Es si tu relación con las plataformas suma o resta.

No publicar en redes puede decir más de lo que creés. Puede hablar de independencia emocional, de gusto por la privacidad o de una mente reflexiva. Pero también puede ser una señal de comparación excesiva o miedo al juicio.

La diferencia está en cómo te hace sentir.

Y ahí tenés la brújula más confiable: no la cantidad de likes, sino tu bienestar cuando cerrás la app.

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