Luis de la Fuente y el liderazgo que hizo campeona a España
Luis de la Fuente, técnico de la España campeona del Mundial 2026, construyó un equipo unido en el que las figuras aprendieron a compartir el protagonismo.
En un Mundial no todos juegan, no todos marcan y no todos aparecen en la fotografía. Algunos deben aceptar el banquillo, otros entran cuando el partido se complica y hasta las grandes figuras tienen que entender que el escudo está por encima de su nombre. Luis de la Fuente consiguió que España asumiera esas reglas y terminara levantando la Copa del Mundo.
Su trabajo no consistió únicamente en elegir un sistema o preparar jugadas. También tuvo que convivir durante semanas con 26 futbolistas, manejar expectativas, explicar decisiones incómodas y evitar que los egos rompieran la unidad del equipo.
Después de vencer a Argentina en la final, De la Fuente resumió su idea ante RTVE: “Juntos somos más fuertes. Que no le quepa duda a nadie”. Luego añadió: “Siento orgullo de haber acompañado a este grupo todo este camino. Son un ejemplo de grupo y de familia”.
Un equipo donde nadie gana solo
La palabra familia se utiliza mucho en el fútbol, pero adquiere otro significado cuando el jugador que no fue titular celebra con la misma intensidad que quien marcó el gol decisivo.
En una selección llena de campeones, jóvenes emergentes y futbolistas acostumbrados a ser protagonistas en sus clubes, De la Fuente debía repartir funciones sin dividir al grupo entre importantes y secundarios. La clave no era prometer minutos para todos, sino lograr que cada jugador entendiera por qué estaba allí.

Norbert Monfort, profesor de Dirección de Personas y Organización de Esade, explicó a Cinco Días que conseguir que los suplentes estén tan involucrados como los titulares parece “magia”, aunque en realidad se construye mediante valores, comportamientos y una identidad compartida.
De la Fuente refuerza esa idea con su manera de hablar. Suele destacar al equipo antes que a los nombres particulares y reparte los méritos entre los futbolistas y su cuerpo técnico. Cuando el líder no acapara el triunfo, cada integrante siente que su esfuerzo también cuenta.
Conocer al jugador detrás de la camiseta
Luis de la Fuente no llegó a la selección de España como un extraño. Había trabajado con numerosos futbolistas desde las categorías inferiores y los conoció antes de que se convirtieran en estrellas internacionales.
Ese recorrido le permitió entender quién necesita una conversación tranquila, quién responde mejor a una exigencia directa y quién puede aportar desde un papel menos visible. En el fútbol, tratar a todos con justicia no significa hablarles a todos de la misma manera.

Fede Martrat, especialista en liderazgo y desarrollo de equipos, destacó en Cinco Días la sencillez del seleccionador y la relación que ha construido con los jugadores durante años. Esa cercanía ayuda a que una corrección no se reciba como un ataque y que una suplencia no se convierta automáticamente en un conflicto.
Conocer a los futbolistas, sin embargo, no significa regalarles un puesto. El entrenador puede mantener una relación cercana con un jugador y decirle, al mismo tiempo, que otro compañero está en mejores condiciones para jugar.
Exigir sin convertir el camerino en un cuartel
De la Fuente no encaja en la imagen del técnico que necesita gritar, golpear una pizarra o generar miedo para demostrar autoridad. Su estilo es más sereno, pero no menos competitivo.
Franc Ponti, profesor del departamento de Estrategia, Liderazgo y Personas de EADA Business School, explicó a Cinco Días que existe una diferencia entre tener poder y poseer autoridad.
“Puedes tener poder, pero no autoridad”, afirmó. Para el experto, esta última se gana cuando el entrenador respeta a los jugadores, los trata bien, les exige y también los cuida.
Esa mezcla de cercanía y exigencia apareció durante el Mundial. España no siempre pudo jugar el fútbol que quería y tuvo que adaptarse a partidos más físicos y cerrados.
Tras uno de esos encuentros, De la Fuente reconoció ante RTVE: “Nos han puesto a prueba y hemos sabido jugar otro tipo de partido”. La frase revela otra parte de su liderazgo: defender una identidad no significa encerrarse en una sola manera de competir.
Dar confianza cuando aumenta la presión
Antes de la final, De la Fuente insistía en que España debía mantenerse fiel a la idea que la había llevado hasta allí. No proponía cambiar de personalidad por el tamaño del rival, sino confiar en el trabajo realizado.
Después de derrotar a Francia en semifinales, declaró a RTVE: “Hoy nos enfrentamos a una de las mejores selecciones del mundo, pero enfrente tenían al mejor equipo del mundo”.
La frase podía sonar desafiante, pero también funcionó como un reconocimiento público hacia sus jugadores en el momento de mayor presión. Un líder no puede garantizar que todo saldrá bien, pero sí puede evitar que el miedo se convierta en el centro del equipo.
La confianza, además, debe convivir con decisiones incómodas. La cercanía no puede asegurar convocatorias, titularidades ni privilegios. Si los jugadores creen que algunos tienen el puesto garantizado por amistad, trayectoria o jerarquía, el discurso colectivo pierde credibilidad.
La coherencia se mide cuando toca sentar a una figura, apostar por un joven o sustituir a alguien que no está rindiendo. El entrenador puede cuidar la forma de comunicarlo, pero no debe evitar la decisión.
Liderar también es dejar que otros brillen
Luis de la Fuente no marcó el gol de la final ni realizó la última atajada. Su trabajo consistió en preparar el escenario para que otros pudieran resolver sobre el césped.
Por eso su liderazgo también resulta cercano fuera del fútbol. Representa una forma de dirigir basada en escuchar, decidir, exigir y después apartarse para que el equipo sea el protagonista.
No hay una fórmula mágica detrás de la España campeona. Hay conversaciones, suplencias difíciles, correcciones, confianza y futbolistas que entendieron que no todos podían ocupar el centro de la fotografía.
5 lecciones de liderazgo de Luis de la Fuente
- Conocer al equipo antes de exigir.
- Poner el objetivo común sobre los egos.
- Ganar autoridad con respeto y coherencia.
- Exigir sin dejar de cuidar.
- Compartir los méritos y dejar que otros brillen.
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