Jugar al aire libre reduce hasta 50 % el riesgo de miopía infantil
Pasar al menos siete horas semanales fuera de casa puede disminuir significativamente la miopía en niños, según un estudio que refuerza el valor del juego al aire libre.
Por
EFE
Publicado el 09 de abril de 2026
Pasar tiempo al aire libre es una de las formas más efectivas de prevenir la miopía infantil. Un estudio de la Clínica Universidad de Navarra demuestra que al menos siete horas semanales fuera de casa reducen hasta un 50 % el riesgo. La luz solar favorece la producción de dopamina y el desarrollo adecuado del ojo, además de promover una visión a distancia más relajada. El biomarcador CUVAF permite medir esa exposición. Aunque existe un componente genético, los hábitos son clave. El aumento del uso de pantallas ha incrementado los casos, por lo que fomentar actividades al aire libre resulta fundamental.
La miopía infantil y su prevención encuentran una respuesta clara en los hábitos cotidianos, según revela EFE: jugar al aire libre al menos siete horas por semana reduce hasta un 50 % el riesgo de desarrollarla, en contraste con el aumento del tiempo frente a pantallas.
En los últimos años, los casos de miopía en la infancia han ido en aumento, un fenómeno que especialistas vinculan directamente con cambios en el estilo de vida. Menos tiempo en parques, patios o espacios abiertos, y más horas frente a dispositivos digitales, han inclinado la balanza hacia este defecto visual.
Un estudio del departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, España, publicado en Frontiers in Medicine, analizó a 2,262 escolares y confirmó que la exposición al aire libre es un factor determinante en la prevención. Los resultados no solo apuntan a una relación directa, sino que aportan herramientas concretas para medirla.
La huella invisible del sol en los ojos
Uno de los hallazgos clave es el papel del CUVAF, la autofluorescencia ultravioleta conjuntival. Este biomarcador permite estimar cuánto tiempo pasan los niños expuestos a la luz solar.
“Así como nos ponemos morenos cuando nos da el sol en verano, es una reacción normal de nuestra piel de defensa, en el ojo ocurre de una forma parecida”, explica el doctor Sergio Recalde a EFE Salud. “Cuando nos da el sol, se nos queda una huella, una marca, un cambio en las estructuras de la conjuntiva, que no son visibles con luz normal, pero sí con una luz ultravioleta”.
Esa huella, que se detecta al aplicar luz ultravioleta sobre el ojo, brilla y puede medirse con precisión. A partir de ese registro, los investigadores lograron vincular mayor exposición al exterior con menor probabilidad de desarrollar miopía.
“Es un factor protector muy importante”, subraya Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental.

Por qué el aire libre protege la visión
La ciencia detrás de este beneficio tiene varias explicaciones. Según el especialista, la exposición a la luz solar favorece la producción de dopamina, una sustancia que regula el crecimiento adecuado del ojo.
A esto se suma el impacto del ciclo circadiano y el tipo de enfoque visual. Estar al aire libre implica mirar a distancias largas y de forma relajada, a diferencia de las pantallas o la lectura cercana, que exigen un esfuerzo constante del ojo.
En síntesis, estos factores se combinan para reducir el riesgo de miopía en etapas clave del desarrollo. Además, el CUVAF permite medir ese efecto de forma objetiva, lo que abre la puerta a estrategias de prevención más precisas.
No obstante, los expertos recuerdan que existe también un componente genético. La predisposición hereditaria influye, aunque los hábitos pueden marcar una diferencia importante.
Un hábito que hay que sostener
El efecto protector del tiempo al aire libre no es permanente si se abandona. Recalde lo compara con una rutina de ejercicio: “Es como cuando te apuntás al gimnasio. Vas el primer año y coges una forma buenísima y piensas ya está. Pues no, hay que mantenerlo, seguir haciendo actividades”.
Esto significa que no basta con incorporar salidas ocasionales. La constancia es clave para que esa “huella solar” se mantenga y siga cumpliendo su función protectora.
Las etapas más importantes para consolidar este hábito son:
- Entre los 8 y los 16 años, fase crucial para el crecimiento del ojo
- Durante la etapa universitaria, cuando aumentan las horas de estudio en interiores
“Esas dos fases son vitales para el crecimiento del ojo y es donde más puede desarrollarse o no la miopía. Hay que fomentar esos hábitos saludables al aire libre”, insiste el investigador.
Más horas afuera, menos riesgo acumulado
El estudio no solo establece un mínimo recomendado de siete horas semanales, sino que destaca un efecto acumulativo: cada hora adicional reduce un 2 % extra el riesgo de miopía.
Este dato cobra especial relevancia en un contexto donde el ocio infantil está cada vez más dominado por pantallas. Frente a eso, los especialistas plantean una especie de balanza:
- Más tiempo con dispositivos: mayor riesgo de miopía
- Más tiempo al aire libre: mayor protección visual
“El mejor tratamiento para la miopía es que los niños jueguen al aire libre”, afirma Recalde. Aunque existen otros abordajes cuando la condición avanza rápidamente, la prevención sigue siendo la estrategia más eficaz.
Un problema en crecimiento
El aumento de casos ya es visible en las consultas de oftalmología. Según los datos recogidos, un 6 % de los estudiantes de segundo de Primaria presenta miopía, cifra que asciende al 18 % en sexto curso.
“Estamos hablando de que se triplica en tres o cuatro años y es preocupante”, advierte el especialista. “Son cosas que estamos viendo porque están cambiando los hábitos de muchas familias. Se abusa de las pantallas y los niños juegan menos en la calle”.
Este escenario refuerza la necesidad de volver a prácticas simples pero efectivas. Salir, moverse, mirar a lo lejos y recibir luz natural no solo beneficia la salud visual, sino también el bienestar general.
En colaboración con la Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España, el estudio busca precisamente eso: trasladar a la sociedad un mensaje claro y aplicable. En un entorno cada vez más digital, recuperar el juego al aire libre puede ser una de las decisiones más saludables para la infancia.
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