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La sorpresa del pavo

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Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

El 11 de julio leí un artículo que me hizo pensar en cómo cambian las cosas en esta vida. El artículo, publicado en el Financial Times, informaba que Michael Moritz, presidente de Klarna, que hace un año era la empresa de tecnología financiera más valiosa de Europa, y que ahora ha perdido el 85% de su valor, había culpado a “los inversores que de repente votaron de manera opuesta a la forma en que votaron durante los últimos años”.

Cuando esto sucede, cuando de repente las personas se comportan de manera contraria a como usted había asumido que harían, lo más probable es que no sea porque ellas hayan cambiado, sino porque su comportamiento estaba determinado por razones diferentes a las que usted había asumido. Piense en el pavo de Navidad. El pavo nota que un señor entra a su jaula todos los días y le da de comer hasta la saciedad, y, después de pensarlo, concluye que el señor lo debe de querer mucho y que, por tanto, le va a dar de comer toda la vida. De pronto, cuando llega Navidad, el pavo se lleva la sorpresa de su vida cuando lo ve entrar en su jaula con un hacha para matarlo. El pavo muere escandalizado de cómo el granjero pudo haber cambiado tanto, sin realizar que nunca cambió, que lo que había pasado era que él, el pavo, no había identificado la razón verdadera de por qué el señor era tan amable con él.

 Usted puede pensar que uno puede comprender por qué el pavo no pudo identificar la verdadera razón detrás de la amabilidad del granjero. ¿Cómo iba a saber el pobre pavo que los humanos se comían a los pavos en Navidad, y que era para esa fecha que lo estaban engordando? Pero en estos momentos el mundo está lleno de personas que, como Moritz y los que manejan bitcoins, están pasando por la sorpresa del pavo y están tratando de explicarse por qué los negocios que hasta ahora habían ido bien, de repente habían ido mal, al punto de irse a la quiebra. Invariablemente, ellos han explicado que quebraron porque las circunstancias en las que operaban los negocios habían cambiado—ahora los bancos no les daban crédito cuando antes les daban mucho; la gente no demandaba los bitcoins, cuando antes demandaba muchos; estaban haciendo pérdidas, cuando antes hacían ganancias.

 Aquí la situación es diferente porque uno piensa que gente que estaba manejando miles de millones de dólares en transacciones de criptomonedas debería de haberse puesto a pensar en algún momento que las circunstancias en las que sus negocios habían triunfado podrían cambiar. Es increíble que no lo hayan hecho porque esas circunstancias eran tan favorables que cualquier negocio prosperaba. Cualquier cambio los podría llevar a la quiebra.

Los bancos centrales estaban creando enormes cantidades de dinero, tanto que los bancos tenían dificultad en colocarlo en préstamos y los prestaban a cualquiera a tasas ridículamente bajas, mucho menores que el promedio que ha equilibrado la oferta y demanda de ahorros desde el siglo XIX.

Nunca se les ocurrió que de pronto podría haber una caída de los precios porque nunca pensaron que podía haber otra razón para demandar los bitcoins que las que ellos se habían inventado para venderlas—que iban a reemplazar a los dólares, que iban a subir de precio para siempre, que iban a destrozar a los bancos centrales, y que ya la economía estaba funcionando con leyes que invalidaban las que siempre habían existido por razones que no podían explicar. Nunca quisieron entender las relaciones más básicas de la economía monetaria, las que relacionan la cantidad de dinero con la inflación, con las tasas de interés y con los precios de los activos. Nunca entendieron que al subir las tasas de interés bajan los precios de los activos, por razones ni siquiera económicas sino puramente matemáticas, y que si los bancos centrales sacan dinero de circulación la gente se queda sin préstamos para hacer inversiones especulativas. Tampoco vieron lo que estaba escrito en la pared: que los bancos centrales iban a tener que subir las tasas de interés y sacar dinero de circulación porque habían creado demasiado y la inflación aumentaría. Y en su soberbia no se dieron cuenta de que en ese momento habría llegado la Navidad para el pavo porque los precios de los bitcoins se irían al plato y los bancos ya no les prestarían dinero—no porque la gente hubiera cambiado, sino porque las circunstancias habían cambiado. Lo que es alarmante es que gente tan superficial haya llegado a manejar tantos billones de dólares con instrumentos inútiles.

 En una historia similar, el gobierno de El Salvador parece que está comenzando a afligirse por los efectos que la crisis mundial puede tener en la ya insuficiente capacidad de pago del país. No va a pasar mucho tiempo antes de que tengan que buscar a quien echarle la culpa del desastre que viene.

Máster en Economía

Northwestern University

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Crisis Económica Opinión

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