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No duerman tan tranquilos

El veneno vendrá por los acueductos y las tuberías finalmente en los grifos y en los alimentos y aniquilará sigilosamente. Este ya es un segundo llamado a través de esta columna. No está lejana la posibilidad de que toda esta operación voraz minera acabe con la vida del río Lempa.

Por Carlos Francisco Imendia

A pesar de ser naciones independientes, la región centroamericana comparte geografía en común y cualquier vulneración y explotación de esos recursos afecta la soberanía de los países. En nuestro caso, las decisiones que puede tener el gobierno guatemalteco de permitir la minería a cielo abierto en el Cerro Blanco de Jutiapa, en Guatemala, significará la muerte lenta y sin retorno del río Lempa, que no podrá soportar la cantidad de arsénico y boro que se descargarán en sus afluentes tributarios por 14 años. Una sentencia de muerte indirecta para millones de salvadoreños si no se hace nada con la mayor astucia y visión de país y si no prevalece el derecho humano a obtener agua sin contaminantes que atenten contra la vida.


Según el sitio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la exposición prolongada al arsénico a través del agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También asociadas a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares y diabetes”. Las altas concentraciones de boro en el agua son tóxicas para las plantas y el ser humano. Aunque existen métodos para remover el boro del agua, pero son costosos y no son tan óptimos.


Ante la grave preocupación por el efecto de contaminación de la mina, los habitantes de Asunción Mita en Guatemala, el pasado septiembre y basados en su derecho a libre determinación, pidieron a la comuna efectuar una consulta municipal de vecinos (articulo 64 del código municipal guatemalteco) en contra de la operación a cielo abierto de la Mina Cerro Blanco. Unas 8, 500 personas participaron, el 87% respondió que no está de acuerdo y el 10% dijo que sí. Pero el gran zarpazo a esta importante consulta la dio la misma Corte Constitucional guatemalteca, que dijo que dicha votación quedaba sin efecto y suspendía los artículos 1, 3 y 20 de los artículos en consulta.


Por parte de nuestras autoridades vinculadas a este delicado tema, les falta un poco de valentía, y bien dicen: Al toro por los cuernos, la vida de millones de personas, connacionales no es negociable. La minera canadiense puja por el permiso y el gobierno guatemalteco se muestra blandengue, si le llega a dar luz verde a la operación de minería a cielo abierto, el efecto será devastador, cuando millones de personas mueran en las próximas décadas por los nocivos efectos, vendrá la empresa (que ya tendrá jugosas utilidades) a querer compensar el daño, sobre el camposanto de sus víctimas.


Salvadoreños, no duerman tan tranquilos ante ese latente peligro. El veneno vendrá por los acueductos y las tuberías finalmente en los grifos y en los alimentos y aniquilará sigilosamente. Este ya es un segundo llamado a través de esta columna. No está lejana la posibilidad de que toda esta operación voraz minera acabe con la vida del río Lempa.
Por parte de algunas organizaciones ambientales no se está notando la preocupación debida y es importante que se vinculen desde ya a esta problemática como parte de un estructurado observatorio, de seguimiento al tema, no puede quedar oculto en la agenda ambiental y climática del país.


El problema ambiental en Centroamérica es muy complejo, porque la mayoría de países poseen fronteras naturales como ríos, lagos, en nuestro caso con Guatemala compartimos el río Paz, y el lago de Güija, el río Lempa. Entonces si en un país que comparte fronteras naturales o aguas subterráneas se explota o daña el medio ambiente, los efectos se hacen sentir y afectan al otro país. Honduras y su congreso están pensando interponer una demanda internacional a Guatemala por la contaminación de varios municipios desde el vertedero de la zona 3 en ciudad Guatemala que por el río Vacas afecta al contaminado río Motagua (487 Km de longitud) , cuyas aguas con desechos van a contaminar las paradisiacas islas del caribe hondureño.

Es digna de imitar la postura del congreso hondureño y ojalá que resuene en los oídos del congreso salvadoreño, en especial de su comisión del medio ambiente y cambio climático, de tornarse positivo el permiso a la minera canadiense sobre la minería a cielo abierto en el Cerro Blanco, ya tener listo y preparado el borrador de una demanda internacional, si el Lempa se muere nos morimos todos.

Publicista.

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