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Ser demócratas

El mayor enemigo en este momento para varios demócratas es el miedo. Si el miedo se apodera de nosotros, la República será refundada por el caudillo que ha acumulado tanto poder. Debemos romper ese esquema de miedo y no paralizarnos; una lucha importante está por librarse, frente a esta contundente realidad. El llamado es simple: LIBERTAD O DICTADURA

Por Andy Failer
Comunicólogo y político

Escribo esto a 360 días del primer evento electoral de 2024 –elecciones presidenciales y legislativas– como un llamado a todos los demócratas de nuestro país. En primer lugar, ¿qué es ser demócrata? En pocas palabras, son aquellas personas que defienden la democracia bajo las circunstancias que sean necesarias para que esta sea plena. Esto último no es algo que deba tomarse como palabras al vacío, al contrario, en estos tiempos ser demócrata es fundamental para garantizar un futuro de bienestar para nuestro país. Y luchar para defender nuestra democracia no significa volver al pasado, sino procurar estabilidad y esperanza para el futuro.


Todo demócrata debe tener claro que la democracia va junto a la ley, no puede haber ley sin democracia. Hoy, en El Salvador existe un marco legal impregnado de autoritarismo, y ese marco legal no nos conducirá a una democracia plena, sino a una dictadura. ¿Es tan difícil comprender esto? Lo menciono porque ninguna persona que se haga llamar demócrata puede bajar los brazos y pretender que este país tome un rumbo –el que sea– bajo las circunstancias actuales. Es urgente y necesario tomar cartas en el asunto y asumir el rol que este momento histórico nos exige. No hay quienes tengan que perder más y quienes tengan que perder menos, sin democracia todos perderemos por igual acorde a nuestras realidades. El verdadero espíritu de los demócratas no puede quedarse del diente al labio.


Para seguir avanzando en mi planteamiento quiero retomar las primeras palabras de la Constitución de los Estados Unidos de 1786, “We the people” (nosotros el pueblo), las retomo porque estas enmarcan muy bien el espíritu original de la democracia liberal y, porque también estas transmiten con claridad que son los ciudadanos, todos por igual, quienes construyen un ideal de sociedad y empujan juntos hacia un abanico de principios democráticos las acciones necesarias para alcanzar esa sociedad ideal. La sociedad no puede edificarse bajo la figura de ningún caudillo, somos nosotros, el pueblo, quienes debemos procurar un verdadero sentido de identidad y pertenencia que permitan soñar una nación en la que quepan todas las personas, nutriéndose siempre de sus diferencias. Todo demócrata debe ser capaz de comprender y asumir este planteamiento.


El oficialismo ha buscado dinamitar con su aparato de propaganda todo ápice de fervor democrático que pueda suscribir cualquier ciudadano, lo hacen porque sin demócratas ellos tendrían una vía libre para instalar el régimen que les plazca. Lo cierto es que nuestro llamado como demócratas debe procurar impulsar debates y conversaciones sobre lo que verdaderamente importa para el futuro de nuestro país, ¿queremos un sistema judicial sometido al poder ejecutivo o uno que sea independiente así como también integro y eficiente?, ¿queremos obras de desarrollo municipal que adjudiquen contratos a los amigos de quienes hoy tienen el poder u obras que respondan de forma honesta a las necesidades de la ciudadanía según su realidad?, ¿queremos una constitución que contenga sólo las aspiraciones del Presidente o una que se ampare en los anhelos de todo el pueblo? Lo que sea que queramos, hay que luchar por ello.


Estamos atravesando como sociedad un debate profundo que parte de desilusiones y frustraciones versus idealismo y esperanza. En medio de este debate sería un error garrafal acomodarnos a algunas expectativas que se basan en un escenario incierto y hegemónico, en ese escenario el único ganador sería el oficialismo. Esa lógica solo va en detrimento de cualquier espíritu democratico y esto solo lograría una severa fragmentación social que nos dejaría atrapados dentro de una dictadura, quizá por varias décadas. No actuar como demócratas, no hacer nada frente al régimen, solo nos dejaría en la soledad de una sociedad condenada a un futuro dictatorial. No hacer nada no es opción.

El mayor enemigo en este momento para varios demócratas es el miedo. Si el miedo se apodera de nosotros, la República será refundada por el caudillo que ha acumulado tanto poder. Debemos romper ese esquema de miedo y no paralizarnos; una lucha importante está por librarse, frente a esta contundente realidad. El llamado es simple: LIBERTAD O DICTADURA. Y frente a esto, nosotros, el pueblo, debemos ser demócratas.


Comunicólogo y político

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9F Lucha Contra La Corrupción Opinión

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