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Último día de feria, de lluvia y de promesas

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Por Carlos Balaguer |

La jubilosa feria que encontrara un día Joe Saturno al llegar al pueblo lejano de “El Porvenir” estaba por irse. La misma llovizna de entonces caía sobre la aldea. El viajero miró al calendario de la sala, descubriendo con nostalgia que sólo quedaba tan sólo un día de los diez que prometiera primavera. “Pronto vendrá el tren de acerados reflejos y he de irme -dijo con nostalgia a Gabriele. Al igual que el tiempo y la ilusión, también los relojeros poetas pasamos como las ilusorias viajeras del aire.” “¡No quiero que te vayas sin mí!” -suplicó la ausente, a quien él llamaría “mi flor de Sakura”.  Joe Saturno había escrito en sus versos: “Flor de Sakura, mi breve ilusión, que eternizó su primavera en mí/ Flor de Sakura que al nacer en mí, había empezado a morirse de amor…” “La feria, el circo y las mascaradas como tú han de partir mañana, al igual que la última y temprana lluvia de abril” -dijo entre lágrimas la joven fantasma. “Aunque me vaya en el próximo tren, siempre irás en mí!” -respondió el versador relojero. No se sabe ciertamente si la ilusión hace al amor o es el amor quien la inventa, como en una nueva Creación. Al fin de cuentas, era el último día de promesas en el reloj de la plaza que marcaba el calendario de la vida. El mismo almanaque a quien deshoja con su invisible mano el imaginario e impiadoso Hado del Tiempo. (XV) (“Los Diez Días de la Flor de la Vida” ©C.Balaguer)

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