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“Ella volverá de un sueño”, dijo el adivino

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Por Carlos Balaguer |

Así se quedó “Gaviota” algún tiempo con el enamorado pescador. Hasta que sanara su herida, que él curaba con bálsamo y besos. Como suelen amar los hombres del mar. Porque el mar no es de ellos, sino que ellos son del mar. Desde donde todos llegaremos algún día. Ya desde un viaje, un naufragio o desde el sueño de nacer de las mareas. El amante porteño le pidió tantas veces a la viajera que se quedara con él, allá desde los riscos de cuarzo. Pero “Gaviota” volvía a repetir que iba “buscando un lugar.” El mismo que se perdía en las aguas verdiazules de su mirada de ondina mitológica. Tiempo después el trovador consultó a un nativo adivino del lugar por qué -amándose ambos- ella terminaría por irse, dejándole en la playa desierta de la leyenda. “¿Por qué se hizo ilusión? le preguntó. ¿Por qué los ciegos arqueros de Poseidón, apuntaron sus ballestas a la blanca gavina del horizonte? ¡Respóndeme! -insistió. ¿Por qué -estando lejana- sigue en mí, como amorosa caricia? Cual si el tiempo pasado volviera a regresar, pensando en ella. Mas -por mucho que la espero- ella no retorna del viaje y del naufragio.” “Todos somos sueño -respondió el adivino. Un sueño divino del Señor de las aguas. Sólo un día al despertar, ella volverá hasta ti” -dijo el vidente, mirando al infinito. (IV) (De: “El Mar de las Leyendas” C.B.)

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