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Dr. José Gustavo Guerrero: Tiempos de profundos cambios

La vida del Dr. Guerrero se extendería para ser testigo de la Guerra Civil Española y de la otra gran conflagración mundial de 1939 a 1945, en la que se demostraría la capacidad de acabar con la vida en este planeta, y su posterior Guerra Fría; la fundación del Estado de Israel; el interminable conflicto entre israelíes y palestinos; la independencia y la partición de la India; las infranqueables disputas entre la India y Pakistán; la independencia de las colonias europeas en África y en Asia; las guerras de independencia en el sudeste asiático y en Argelia; la independencia de las Filipinas; y la revolución en China, entre tantos otros hechos.

Por Francisco Galindo Vélez

Nada es permanente a excepción del cambio”, Heráclito de Éfeso.

El mundo que le tocó vivir al Dr. Guerrero, una parte en el siglo XIX y otra en el siglo XX, fue de profundos cambios, algunos de ellos producidos al inicio del siglo XIX, pero con impactos y consecuencias que seguían manifestándose. Él absorbió todo esto y lo aprovechó, como estudioso que era del mundo, en su desempeño como diplomático profesional. 

          En ese período se independizaron la América hispana y portuguesa; Centroamérica  rechazó ser parte de México y poco después se separó de sí misma, pues las Provincias Unidas de Centro América fueron de corta vida; Francia, bajo Napoleón III, intentó, con un príncipe austrohúngaro, Maximiliano de Habsburgo, secuestrar la independencia de México; llegó el fin de la monarquía brasileña; los Estados Unidos declararon la Doctrina Monroe, que tiempo después el Canciller alemán Otto von Bismarck calificaría de “impertinencia internacional”, sufrieron una tremenda guerra de intento de secesión de los Estados del sur, pero fueron surgiendo como una nueva potencia, lo que se confirmó a fines de aquel siglo cuando derrotaron a España.

En Europa, tras la derrota de Napoleón I, hubo un intento por restaurar el viejo régimen absolutista en el Congreso de Viena de 1815, impulsado por el ministro de Relaciones Exteriores austrohúngaro Klemens von Metternich; intento que Henry Kissinger analiza en su libro A World Restored: Metternich, Castlereagh and the Problems of Peace 1812-22, publicado en 1957 y traducido al español como Un mundo restaurado: La política del conservadurismo en una época revolucionaria. En esa obra también deja de manifiesto su visión de la real politik(literalmente política realista), que propugnó como asesor de Seguridad Nacional y secretario de Estado bajo los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford. 

En todo caso, en 1848 hubo una serie de revoluciones en varios países europeos que confirmaron que aquella restauración del absolutismo, por lo menos en algunos de ellos, ya no era propia de la nueva época. También ocurrió la unificación de Italia en 1860 y de Alemania en 1870; el colapso del segundo imperio francés de Napoleón III por la derrota en la guerra franco prusiana de 1870 y el establecimiento de la República en Francia; la instauración de una breve república en España; el surgimiento de la Alemania unificada como nueva potencia europea; las guerras del opio entre el Reino Unido y la China y la rebelión de los boxers; la guerra de los bóers, los colonos de origen neerlandés en Sudáfrica, contra el Reino Unido; el reparto de África que hicieron las potencias europeas en la Conferencia  Berlín de 1884 con el fin, dijeron ellas, de llevarle la “civilización”; y la derrota de una potencia euroasiática, Rusia, a manos de una nueva potencia asiática, Japón, en 1905, entre muchos otros sucesos.

La vida del Dr. Guerrero se extendería para ser testigo de la Guerra Civil Española y de la otra gran conflagración mundial de 1939 a 1945, en la que se demostraría la capacidad de acabar con la vida en este planeta, y su posterior Guerra Fría; la fundación del Estado de Israel; el interminable conflicto entre israelíes y palestinos; la independencia y la partición de la India; las infranqueables disputas entre la India y Pakistán; la independencia de las colonias europeas en África y en Asia; las guerras de independencia en el sudeste asiático y en Argelia; la independencia de las Filipinas; y la revolución en China, entre tantos otros hechos.

Fue también un período marcado por la rápida industrialización, con un lado lamentable de nuevas tecnologías de muerte, pero en el que también hubo esfuerzos para reglamentar la conducta en tiempos de guerra: La Cruz Roja se estableció en 1863 por iniciativa de Henri Dunant que había quedado horrorizado con la carnicería que fue la batalla de Solferino, en Lombardía, Italia, en junio de 1859, de austriacos, con 14,000 muertos y más de 8,000 desaparecidos o prisioneros, contra franceses y sus aliados del Reino de Cerdeña y del Piamonte, con 15,000 muertos y heridos y más de 2,000 desaparecidos o prisioneros. En octubre de 1864 se adoptó el primer convenio que establecía, por ejemplo, el respeto y protección de soldados enfermos o heridos, independientemente de su nacionalidad, y la neutralidad de las ambulancias y de los hospitales militares. Así, empezó el Derecho Internacional Humanitario, el gran esfuerzo por introducir reglas en la conducta de las guerras, con una organización internacional encargada de velar por la aplicación de esta nueva rama del derecho Internacional: la Cruz Roja. 

Además, en 1899, tuvo lugar la primera Conferencia de la Paz de La Haya, por iniciativa del Zar Nicolás II. Trató los temas fundamentales de la paz, el desarme y solución de controversias por medios como el arbitraje, los buenos oficios y la mediación. También decidió establecer la Corte Permanente de Arbitraje que sigue funcionando en La Haya.

En 1907 se celebró la segunda Conferencia de Paz de la Haya, con la participación de 18 países de América Latina y el Caribe. Dio mucha importancia a la revisión del Convenio de la conferencia anterior para mejorar el procedimiento del arbitraje, y los Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania propusieron la creación de una Corte de arbitraje con jueces permanentes, pues la ya creada no los tenía, pero los países participantes no se pusieron de acuerdo en el tema de la elección de los magistrados. En todo caso, el Convenio de 1907 incorporó principios del Código Lieber de abril de 1863, llamado así por el filósofo y jurista germano estadounidense Francis Lieber que lo redactó.

El Código Lieber o Instrucciones del Gobierno a los Ejércitos de los Estados Unidos en el campo de batalla, Orden General N° 100, estableció una serie de normas de conducta de la guerra: la prohibición de la guerra sin cuartel, la ejecución de prisioneros de guerra, del uso del veneno y de la tortura para lograr confesiones, y estipuló derechos y obligaciones de los prisioneros de guerra, entre otros. Ahora bien, permitía la ejecución, por disparo de mosquetes, de espías, saboteadores, francotiradores y miembros de fuerzas guerrilleras. Estas excepciones se eliminaron en los Convenios III y IV de Ginebra de 1949. 

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