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¿Son antisemitas los Evangelios?

El antisemitismo se encuentra en el corazón de los que han utilizado sesgadamente expresiones de los evangelios para hacerlas concordar con sus discursos de odio.

Por Mario Vega

El pasado 1 de mayo la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó la Ley de Concientización sobre el Antisemitismo, también conocida como proyecto de ley H. R. 6090. La ley tiene como objeto adoptar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, una organización que incluye como antisemitismo que se afirme que los judíos estuvieron involucrados en el juicio y ejecución de Jesucristo.

Para entrar en vigor, la ley debe ser ratificada por el Senado y, posteriormente, avalada por el presidente. Se considera improbable que el Senado vaya a ratificar la ley, pero en el supuesto de que ocurriera, la propuesta supondría la declaración de antisemitas de los cuatro Evangelios. Con ella se verían muy afectadas las instituciones educativas de inspiración cristiana que serían tachadas de antisemitas y verían recortados los beneficios que les otorga el Departamento de Educación. La propuesta de ley ha desatado una intensa polémica y generado reacciones encontradas en todo el país.

Pero ¿son realmente antisemitas los Evangelios? Tal afirmación sería completamente anacrónica. El origen del antisemitismo se remonta a la Edad Media en Europa, con las primeras expresiones de discriminación y violencia contra los judíos. No se puede tachar de antisemitas a los Evangelios que habían sido redactados varios siglos antes del origen del acoso contra los judíos. Afirmar que los Evangelios son antisemitas es un revisionismo histórico que no puede ser sustentado.

Por otra parte, al leer los Evangelios no se identifica en ellos a los judíos en general como los responsables del juicio y ejecución de Jesús. Es a la élite religiosa de la época a la que se le atribuye la conspiración que daría como resultado el asesinato de Jesús. Los Evangelios también dejan en claro que no fue una responsabilidad exclusiva de la cúpula religiosa, sino que hubo un acuerdo con las autoridades políticas que eran todas gentiles. El hermanamiento de judíos y gentiles para deshacerse de Jesús es expresado por el detalle de los Evangelios que afirman que Pilato y Herodes se hicieron amigos por dar su consentimiento a la muerte del Mesías.

Una excepción la constituye el Evangelio de Juan, el cual, por las condiciones que enfrentaban las comunidades cristianas en la época de su redacción, no hace muchas referencias a la élite religiosa, sino que usa la expresión «judíos» de manera general. Eso es así porque Juan insiste enfáticamente en que Jesús era el Mesías, a lo cual, los judíos y las sinagogas se oponían con firmeza. La controversia de Juan con los judíos no era étnica sino teológica. Aun así, continúa sosteniendo el relato del concordato entre judíos y gentiles para eliminar a Jesús.

En una palabra, los Evangelios no son antisemitas. El antisemitismo se encuentra en el corazón de los que han utilizado sesgadamente expresiones de los evangelios para hacerlas concordar con sus discursos de odio. Al comprender de manera global el mensaje del Nuevo Testamento, es evidente que no existe la intención de culpabilizar a nadie del proceso y muerte de Jesús. Su intención es la de brindar un mensaje de esperanza, reconciliación y paz. Es una buena nueva tanto para judíos como para gentiles. No hace una diferencia entre unos y otros pues solo hay un Dios de todos y, en consecuencia, un salvador y un evangelio. La intención no es el rechazo y mucho menos el odio. Presenta como el fin de la historia la hermandad universal de todas las naciones en plena comunión con la divinidad. Reconciliación con Dios y con el prójimo.

La propuesta de ley que ahora se debate en los Estados Unidos plantea interrogantes importantes sobre las limitaciones a la libertad de culto y de expresión, sobre los límites del poder político para la interpretación de textos religiosos y sobre la amplitud con que se deben definir términos como el de antisemitismo para no dar excusas al fanatismo. Estas consideraciones marcarán el tono de las próximas discusiones en el Senado. Los cristianos pueden aportar mucho al debate mostrando en sus discursos y conductas un compromiso verdaderamente enraizado en las Escrituras. El mal no se encuentra en los Evangelios, sino en las malas interpretaciones que se hacen de ellos.

Pastor general de la Misión Cristiana Elim

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Cristianos Opinión Religiones

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