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Embarazos de alto riesgo

Nos hemos acostumbrado a buscar soluciones simplistas para problemas complejos. No estoy preguntando si es decisión de la mujer o si el cuerpo es de ella o no, porque el cuerpo era tan de uno antes, durante y después de tener sexo. Una condición médica no es culpa del bebé. Y si piensa que los embarazos de alto riesgo se deben paradigmas religiosos que no permiten a la mujer elegir, pues repiénselo. La mujer siempre puede elegir. Puede hablar con su párroco, sacerdote o pastor para clarificar este tema, y sorprenderse.

Por Carmen Maron
Educadora

No no pertenezco a ningún movimiento pro-vida. Tengo amigas pro-vida y tengo amigas pro-aborto. He escuchado las posiciones de ambas, porque en la vida no se puede ni se debe ser extremista. Por eso, mi heroína es una diputada argentina llamada Natalia Villa, quien tras el debate que se dio en Argentina a favor de la despenalización del aborto, optó por una posición provida basada en la ley y en la lógica.


Yo soy, señoras, de las que cree en salvar las dos vidas: la vida de la madre y del niño que no tuvo nada que ver con las decisiones de la madre sobre su cuerpo. Cuando un caso, como el de Beatriz, en que un “embarazo de alto riesgo” se convierte en el campo de batalla para la despenalización del aborto o la prohibición del mismo, pocos se centran en que una mujer de clase media o alta, que posee un seguro, puede costearse un de embarazo alto riesgo. La tragedia de Beatriz fue la que afecta a miles de mujeres salvadoreñas: un sistema de salud que no provee las condiciones para el monitoreo, trato y cuidado de embarazos de alto riesgo para aquellas mujeres que no pueden costeárselo en lo privado. Y la salida fácil es deshacerse de la vida que no puede defenderse: el no nacido. Es, en pocas palabras, evidencia de la deshumamización de la sociedad.


Por allá por 1998, le conté a mi médico, quien me controlaba una hipoglicemia nivel cinco estrellas, que probablemente me iba a casar. El sólo me vio y me dijo que lo fuera a ver cuando saliera embarazada, por lo de la diabetes gestacional, porque en mi caso….y así, a los veintitantos años, recibí la primera de las tantas letanías acerca de mis problemas de salud. Mi opinión no cambió. Yo quería ser mamá. Sin embargo, durante esos años, planifiqué como relojito, recordando las palabras del doctor.

Surfeando el internet rudimentario de la época encontré el grupo en el que se discutían embarazos de alto riesgo. Algunas mujeres habían optado por seguir con su embarazo, a pesar que habían sido diagnosticadas con cáncer, o enfermedades autoinmunes. Otras habían dejado su país o ya vivían fuera y habían optado por un “aborto terapéutico”. En todos estos casos, las condiciones eran preexistentes. Algunas se habían exacerbado tras el embarazo, otras no, otras habían tenido un leve mejoría.


Había historias desgarradoras pues, muchas veces el post lo terminaba un familiar. Una, por ejemplo, que tenía un serio problema de coagulación de la sangre, murió poco después de practicarse el aborto que le iba a salvar la vida. Otra, que ignoraba que tenía problemas renales, tuvo que comenzar a someterse a diálisis después de un embarazo llevado a término voluntariamente. Murió cuando su hijo tenía cuatro años. Cuándo cuento esto, no estoy juzgando ni canonizando a nadie, porque es fácil juzgar a alguien cuando no se está en sus zapatos. Sin embargo, sí puedo decir algo: la mayoría de las que murieron, independientemente de su decisión, fue o porque antes del embarazo su condición era seria o, porque aun con todo lo que se ha hecho para jugar a Dios, un aborto terapéutico no es garantía para la vida y conlleva riesgos para la madre siempre. Lo único certero era que, cuando se practicaba un aborto, siempre había un muerto-el niño.


Seguí el grupo por tres o cuatro años hasta que, nueve años después de la consulta que les cuento, y ya en mis treintas, salí embarazada. ¿Qué sentí cuándo lo supe? Miedo, mucho miedo; por mí y por el bebé. Sin embargo, yo activé seguros, hice citas con médicos y pregunté por el mejor ginecólogo para embarazos de alto riesgo. Yo sólo puedo decir que mi cuerpo, que es mío, sabía que en mi útero había una vida. Lo supo por los cambios físicos. Lo supo por los cambios emocionales. Y lo supo, dolorosamente, cuando esa débil vida que muchos llaman “un puñado de células” terminó en la indignidad de un baño.

“Pero no nació…”. No señoras. En mi vientre, digan lo que digan, tuve una vida. Y una vida es una vida a las tres semanas de gestación o los cien años.


Nos hemos acostumbrado a buscar soluciones simplistas para problemas complejos. No estoy preguntando si es decisión de la mujer o si el cuerpo es de ella o no, porque el cuerpo era tan de uno antes, durante y después de tener sexo. Una condición médica no es culpa del bebé. Y si piensa que los embarazos de alto riesgo se deben paradigmas religiosos que no permiten a la mujer elegir, pues repiénselo. La mujer siempre puede elegir. Puede hablar con su párroco, sacerdote o pastor para clarificar este tema, y sorprenderse.


Lo que pasa es que cuesta, en lugar de hablar de “aborto terapéutico”, hablar de “tratamientos para salvar la vida del no nacido y su madre” o “procedimientos in útero para beneficiar las dos vidas” o “medidas paliativas para neonatos” con condiciones que conduzcan a una muerte post parto misericordiosa. No se habla de la inversión fuertísima que urge en la red hospitalaria para garantizar las dos vidas, para que no se tenga que decidir si un niño tiene derecho a la vida o si la tiene la madre. La medicina ha avanzado. Obviamente mi historia y la de muchas mujeres con embarazos de alto riesgo difiere dependiendo de su capacidad económica. Y eso es una de las tantas injusticias que sufrimos las mujeres, pero protestamos porque no podemos decidir sobre nuestro cuerpo. Decidir podemos desde el momento que comenzamos a ser sexualmente activas voluntariamente. Aquí, obviamente, no hablo acerca del embarazo por violación.

La justicia que se necesita no es una demanda en contra de la vida de un no nacido; es contar con la capacidad instalada, en lo público y lo privado, para que los embarazos de alto riesgo tengan el tratamiento que permita, dentro de lo posible, salvar a ambas vidas, independientemente de su clase social.

Dejo el link para la brillante intervención de la Diputada Natalia Villa, Argentina.
https://youtube.com/watch?v=WSW8Nx3CU6Q&si=EnSIkaIECMiOmarE

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Aborto CIDH Opinión

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