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Carta a quienes me van a odiar cuando la lean: Tendremos un campo de concentración

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Por Paolo Luers
Periodista

Hola:

A nuestro presidente le gustan los anuncios en superlativos: el hospital más grande de América Latina; inversiones extranjeras nunca vistas; el primer país en emitir bonos Bitcoin por miles de millones; el mejor aeropuerto de Centroamérica, más otro en La Unión; Surfcity, Bitcoin City… Casi nada de esto se vuelve realidad. Y ahora anuncia la cárcel más grande de América Latina y esta vez sí es real: ya se está construyendo, aunque sin estudios y permisos medioambientales, sin licitaciones, con toda prisa, porque en algún lugar tienen que concentrar a los 45 mil supuestos pandilleros detenidos bajo el régimen de excepción.

Lo que nuestro presidente no sabe, porque no entiende nada de historia, es que lo que él llama ‘Centro de Confinamiento del Terrorismo’ no será un centro penal, será un campo de concentración.

Los centros penales son instituciones reguladas por la Ley Penitenciaria para el cumplimiento de las penas impuestas por los juzgados y para la rehabilitación de los internos. Pero lo que están construyendo en Tecoluca es otra cosa: un campo de concentración. Cuando se habla de campos de concentración, automáticamente se piensa en los campos de exterminio que los nazis construyeron en Alemania y Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la verdad es que campos de concentración hubo mucho antes y siguen existiendo después de la dictadura nazi de Hitler.

Internacionalmente se habla de un campo de concentración cuando se trata de un centro de confinamiento, donde se encierra a personas por su pertenencia a cierto colectivo, organización, religión, condición social o raza, en lugar de por sus actos individuales, sin juicio previo y sin garantías judiciales, por ejemplo acceso a defensores. Así es Guantánamo. Así son las ‘colonias de reos’ en Siberia, donde encierra Putin a los disidentes, así como lo hizo Stalin.

Lo común de todos estos ejemplos y de Tecoluca es que uno puede pudrirse allí, independientemente de que sea juzgado culpable de un crimen o no.

Lo que funcionará en Tecoluca no corresponde a las normas de la Ley Penitenciaria. Corresponde a la decisión del gobierno de suspender y violar las garantías y los derechos constitucionales de decenas de miles de personas. Corresponde a la esencia del régimen de excepción que quieren que sea permanente e irreversible.

Los penales se han llenado (más bien: sobrepoblado) con 45 mil detenidos desde marzo, de los cuales tal vez la mitad tiene algo que ver con las pandillas, los otros sólo están presos por ser jóvenes y pobres. Son detenidos provisionales, teóricamente, que según la ley ni siquiera tendrían que estar en los centros penales, conviviendo con reos condenados. Nunca se quiso construir centros de detención provisional para los detenidos sin condena. En vez de esto, ahora se construye un inmenso campo de internamiento, exclusivamente para acusados de ser miembros o colaboradores de las pandillas.

El presidente lo llama ‘Centro de Confinamiento del Terrorismo’, pero será un campo de concentración, por más feas que sean las asociaciones al nazismo o al estalinismo que nos genere esta palabra.

Los penales regulares -incluyendo el de Mariona- ya están contaminados de las prácticas de violación de los derechos humanos, con las cuales el carcelario en jefe Osiris Luna aplica el régimen de excepción. Ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, El Salvador ya está acusado de prácticas de tortura…

Tecoluca dará mucho de qué hablar e investigar: las licitaciones no hechas; la manera en la que el gobierno obligó a los agricultores a venderle los terrenos; la falta de estudios medioambientales; las condiciones de internamiento y salubridad que se están creando; el régimen de internamiento irregular…

Un gobierno que en serio se propone resolver el problema de la violencia y la criminalidad encarcelando a 70 mil o más personas, sabiendo que no habrá capacidad de celebrar juicios justos a cada uno, con defensa competente para cada uno, está obligado a recurrir a redadas arbitrarias, juicios sumarios y campos de concentración. Y para mantener el orden en estos campos, el régimen tiene que ser represivo y violento, como ya han ensayado en Izalco y Zacatecoluca. Ya vimos en estos penales las prácticas de campo de concentración, con aquellas imágenes de cientos de reos semidesnudos amontonados y vigilados por hombres con fusiles de guerra. Imaginémonos cómo será el trato en Tecoluca, donde van a concentrar a 40 mil reos o más, aunque esté concebido para 20 mil.

Escribo esto, sabiendo que muchos no lo van a entender. Me van a acusar de “defender a criminales”. Pero sí me van a entender quienes tienen a un familiar, vecino, amigo o colega detenido y saben que no es pandillero. Sólo ellos son miles y con razón tienen miedo de hablar. Otros se van a dar cuenta de la triste realidad cuando algún familiar o amigo desaparezca detrás los muros del campo de concentración de Tecoluca.

Y les diré algo más que los va a encachimbar: Ni siquiera los que realmente son pandilleros y han cometido delitos merecen estar en un campo de concentración.

Así que celebren el logro de tener un campo de concentración hasta que ahí encierren a un familiar.

Saludos, Paolo Luers

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