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Carta sobre Ucrania: el 24 de febrero, día de la vergüenza

El viernes 24 de febrero cumple un año el hecho más vergonzoso de este siglo: la invasión de Rusia a Ucrania. No es simplemente una guerra que surgió para resolver por la fuerza disputas limítrofes, sino que tiene la intención profesa de hacer desaparecer Ucrania como nación – o destruirla físicamente.

Por Paolo Luers
Periodista
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El viernes 24 de febrero cumple un año el hecho más vergonzoso de este siglo: la invasión de Rusia a Ucrania. No es simplemente una guerra que surgió para resolver por la fuerza disputas limítrofes, sino que tiene la intención profesa de hacer desaparecer Ucrania como nación – o destruirla físicamente.

La invasión de Rusia a Ucrania del 2022 no vino de la nada, no fue el inicio del conflicto.
Ocho años antes, en febrero 2014, Putin había ya invadido y anexado la península ucraniana de Crimea. Esta agresión solo fue exitosa por dos razones:

-Ucrania todavía no tenía una democracia sólida. Solo meses antes, en el 2013, los ucranianos había logrado derrocar a su presidente prorruso, y estaban al inicio de consolidar su plena independencia – y un liderazgo legítimo para defenderla. En otras palabras, todavía no tenía a un líder como Volodimir Zelenski, capaz de unir al país para defenderse de su vecino poderoso.

-En el 2014, los países europeos y Estados Unidos no estaban preparados para proteger a Ucrania. Sus protestas contra la violación del derecho internacional fueron tímidas, y no estaban dispuestos a sacrificar sus intereses económicos en Rusia.

Ahí comenzó la vergüenza. El mundo se tragó la anexión de facto de la Crimea y las sanciones contra Rusia eran ridículamente débiles. Europa siguió comprando el petróleo y el gas ruso. Ninguna transnacional cerró sus operaciones en Rusia. Putin pagó esta complacencia inmediatamente con el siguiente paso de su agresión contra Ucrania: organizó y armó, en 2014, las milicias ‘independentistas’ en las provincias ucranianas fronterizas con Rusia, mandó tropas para reforzarlas, y terminó invadiendo estos territorios.

Siguiente momento de vergüenza: el mundo también se tragó este segundo paso de la agresión rusa y siguió apostando a negociaciones de facto, induciendo a Ucrania a aceptar que Rusia le estaba robando una tercera parte de su territorio.

Así que Putin, apostando a la incapacidad de Ucrania de defenderse y la falta de voluntad de Occidente de romper con Rusia y asistir a la víctima, en febrero de 2022 lanzó sus tropas sobre Ucrania y trató de tomarse Kiev y terminar de anexar todo el país vecino.

Pero ni Putin ni los países occidentales estaban preparados para lo que pasó en Ucrania: esta vez se levantó en armas y coraje, y peleó. Los ucranianos solos, sin apoyo de nadie, hicieron recular a las tropas rusas que ya estaban en los suburbios de Kiev. Nadie había percibido que Ucrania ya no era la misma del 2014. Nadie había sabido valorar que ahí había nacido una democracia y que los ucranianos la iban a defender con su vida. Y para Putin, igual que para los líderes de Occidente, fue una sorpresa que había surgido en Ucrania un verdadero líder capaz de unir a su país y a poner el pecho a Putin. Para decirlo en salvadoreño: Volidimir Zelenski y los millones de ucranianos que tomaron las armas ahuevaron a toda la clase política de Occidente.

Este momento de verdad, y de la máxima vergüenza, cambió todo. Los dirigentes en Washington, Berlín, Bruselas y sobre todo en los países de Europa Oriental, donde ya saben lo que significa el imperialismo ruso, se vieron obligados a dar un giro radical a sus políticas. Unos antes, otros un poco más tarde, los países democráticos comenzaron a abastecer Ucrania con el dinero y las armas que necesitaba para defenderse. Luego de algún período de pudor, incluso se dejaron de paja y aceptaron abastecer a Ucrania con la cantidad y la calidad de armamento necesario para ir a la contraofensiva y derrotar las tropas invasoras.

La vergüenza que causan los valientes a los indecisos, pero sobre todo a los cobardes y oportunistas, es una fuerza poderosa, siempre y cuando sea debidamente denunciada y exhibida. Por esto es importante continuar señalando a los sinvergüenzas que siguen apoyando a Putin, unos por inacción, otros por oscuros intereses.

Es una vergüenza que muchos gobiernos en América Latina estén queriendo mantener una posición de neutralidad frente a la agresión rusa.

Es una vergüenza que dirigentes latinoamericanos sigan ofreciéndose como mediadores y exijan a Ucrania aceptar negociaciones sin que antes Rusia retire sus tropas.

Es una vergüenza que supuestos pacifistas estén organizando en Berlín una mega manifestación para exigir que Alemania y la OTAN dejen de mandar armas a Ucrania.

Es una sinvergüenzada especial y a la vez una estupidez que Nayib Bukele piense que simplemente puede callarse. Y sería una vergüenza igual si no denunciáramos este oportunismo. La vergüenza hay que cobrársela a los oportunistas para que mueva algo.

Saludos, Paolo Luers

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