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El Niño agravó la inseguridad alimentaria en El salvador y AL

Antes de la llegada del fenómeno, el país ya había sido catalogado como un punto crítico de hambre en el mundo. Los periodos de sequía de 2023 confirmaron los pronósticos, con la pérdida de 1.46 millones de quintales maíz y el encarecimiento de los alimentos.

Por Moisés Alvarado | May 15, 2024- 04:31

Archivo

El Niño asoló al mundo en 2023. El Salvador, uno de los países más vulnerables al cambio climático, no fue la excepción, sobre todo por estar en un importante porcentaje en el Corredor Seco Centroamericano, una franja de tierra de 156 millones de kilómetros cuadrados que se extiende desde la costa occidental de Chiapas (México) hasta el oeste de Panamá.

Una de las características de este territorio es la prevalencia de fenómenos climáticos extremos, como las sequías e inundaciones, que se han vuelto cada vez más frecuentes en los últimos años. Las principales afectaciones de un territorio como este se registran en las actividades agrícolas, pues el grano depende en gran medida de una precisa medida de agua llegada del cielo.

Ya desde mediados de 2023, El Salvador figuraba como uno de los 18 puntos críticos de hambre en el mundo, según el informe de perspectivas sobre la inseguridad alimentaria aguda para junio-noviembre de 2023, de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Y las previsiones se cumplieron, pues la llegada de El Niño en El Salvador provocó la pérdida de 1.46 millones de quintales de maíz, el 9.8 % de lo producido, 14.9 millones, tras largos periodos sin lluvias. El 75 % de los daños se aglutinaron en la zona oriental, precisamente la que más porcentaje tiene del Corredor Seco Centroamericano en el país.

Aunque no existen datos desagregados para nuestra nación, en El Salvador, Guatemala y Honduras, se notifican 743,000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave, de acuerdo con evaluaciones realizadas por el WFP y el Integrated Food Security Phase Classification (IPC) en febrero de 2024.

La inseguridad alimentaria grave se define como “una gran dificultad de adquirir alimentos, causando que las personas afectadas no puedan consumir todos los alimentos requeridos para suplir todas sus necesidades nutricionales”, según Naciones Unidas.

Quienes son más vulnerables a caer en esta categoría son las personas que se dedican al cultivo de la tierra, pues en el campo es donde peores salarios se registran, pero los alimentos suben con la misma velocidad que en la ciudad.

En 2023, en promedio, un jornalero que percibía el salario mínimo para el sector agropecuario, pesca y otras actividades agrícolas, que actualmente es de $243.46 sin descuentos, debió destinar el 77.81 % de este a la compra de la canasta básica, que tuvo un precio medio de $189.43 en ese periodo.

Dicho en otras palabras, de cada cinco dólares ganados, casi cuatro estuvieron destinados a cubrir la alimentación básica. ¿Y el transporte, la vestimenta, la limpieza corporal, el necesario ocio?

Por eso, como ya lo reportó El Diario de Hoy, muchos salvadoreños optaron por eliminar alimentos de su dieta, sobre todo los ricos en proteínas (carnes, huevos, lácteos), que son comúnmente más caros, y se inclinaron por los rebosantes en carbohidratos, más accesibles. En algunos casos, incluso dejaron de comer maíz y lo sustituyeron por maicillo, cuya libra cuesta 5 centavos de dólar menos.

Desde 2018, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), solicitaron a los gobiernos locales tomar medidas de contingencia para evitar los posibles efectos del cambio climático en los territorios emplazados en el Corredor Seco Centroamericano.

Entre estas medidas de contingencia se encuentra la recuperación de terrenos de siembra (en oriente las tierras son de peor calidad que en el resto del país) y la implementación de semillas resistentes a las malas condiciones.

Todos lo hicieron menos El Salvador. Ahora, que con la tarjeta solidaria el agricultor tendrá $75 para gastarlos como le parezca, ¿está saldada la parte de las semillas?

“No le ajusta para comprar semilla de alta calidad. Vale $6.75 la libra. Le ajusta para menos de 11 libras, para un tercio de manzana. Otra cosa es que el CENTA se encargara de producir la semilla base (de alta calidad y resistente al cambio climático), para que los productores locales generaran el híbrido. Así sería más barato”, dice Luis Treminio, presidente de la Cámara de Medianos y Pequeños Productores Agropecuarios (CAMPO).

Foto EDH/ Yessica Hompanera

Meraris López es investigadora de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Es especialista en temas de Cambio Climático y Economía. Para ella, una de las principales alarmas respecto al fenómeno es la del acceso al agua, que ha disminuido, entre 2012 y 2022, en un 3% en El Salvador. En el mismo periodo, la demanda ha aumentado en torno al 16 %.

Por ejemplo, muchos ríos han comenzado a convertirse en “ríos de invierno”, pues en verano se secan totalmente, convirtiéndose en quebradas. Eso es más común, sostiene López, en el departamento de Chalatenango.

“Que no haya suficiente agua afecta, obviamente, a la agricultura, la ganadería y al consumo humano, pero también a la industria que la utiliza y afecta la producción en la energía eléctrica… es una cadena”, comenta López.

El grave impacto en Sudamérica

El fenómeno de El Niño ha afectado gravemente a Sudamérica entre 2023 y 2024, provocando una serie de eventos climáticos extremos que han tenido un impacto significativo en la vida, el sustento y la seguridad alimentaria de millones de personas en la región.

En Colombia, Venezuela, Bolivia y Perú se registraron sequías e incendios forestales, mientras que en las costas del Pacífico de Perú y Ecuador se intensificaron las tormentas y las precipitaciones, causando inundaciones.

Según el Programa Mundial de Alimentos (WFP), más de 800,000 personas en estos países experimentaron una extrema sequía, con la cuenca del río Amazonas alcanzando sus niveles más bajos en 120 años. En Ecuador, las fuertes lluvias e inundaciones afectaron a decenas de miles, mientras que Bolivia declaró el estado de emergencia en 51 municipios debido a incendios forestales y desastres naturales que afectaron a casi 5,000 familias.

Colombia enfrentó múltiples amenazas climáticas, incluyendo incendios forestales y sequías que afectaron directamente a unos 45,000 personas y perturbaron actividades agrícolas esenciales.

Perú fue testigo de una combinación de fuertes lluvias en la costa y condiciones más secas en las regiones andinas y amazónicas, lo que resultó en un aumento significativo de casos de dengue y afectó a más de 714,000 personas, exacerbando la inseguridad alimentaria entre los pequeños agricultores.

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