Menos comidas y porciones reducidas, así enfrentan familias salvadoreñas el alza de precios
Familias salvadoreñas reducen porciones y ajustan sus comidas mientras la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanza al 41.7 % de la población.
El 41.7 % de la población de El Salvador enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave entre 2023 y 2025, equivalente a unos 2.6 millones de personas, según datos incluidos en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI), elaborado por cinco agencias de Naciones Unidas, entre ellas la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El indicador mide las dificultades que experimentan las personas para acceder de manera regular a alimentos adecuados debido a limitaciones económicas u otros recursos. La FAO utiliza para esta medición la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (FIES), que evalúa experiencias relacionadas con el acceso a los alimentos.
La inseguridad alimentaria moderada ocurre cuando una persona enfrenta incertidumbre sobre su capacidad para conseguir comida y puede verse obligada a reducir la calidad o cantidad de lo que consume debido a la falta de dinero u otros recursos. En el nivel grave, las personas pueden quedarse sin alimentos, experimentar hambre e incluso pasar un día o más sin comer.
Los datos más recientes representan una reducción limitada frente al período 2014-2016, cuando la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzaba el 42.2 %. Para 2023-2025, el indicador se situó en 41.7 %.

Las dificultades para acceder a los alimentos también se reflejan en las estrategias utilizadas por hogares con menores recursos. FEWS NET, la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna, ha documentado durante 2026 ajustes en el consumo entre familias salvadoreñas con mayores dificultades económicas.
En el Corredor Seco Oriental, principalmente en Usulután, Morazán y La Unión, hogares pobres han recurrido a consumir alimentos menos preferidos y reducir las porciones para cubrir sus necesidades mínimas, según la perspectiva de seguridad alimentaria publicada por FEWS NET para febrero-septiembre de 2026.
Los hogares en condiciones más desfavorables también pueden enfrentar déficits en el consumo o utilizar medidas como reducir el número de comidas diarias, vender bienes productivos o disminuir gastos esenciales que no están relacionados con alimentos.
FEWS NET señaló que estas condiciones están vinculadas con reservas de alimentos producidos por los propios hogares por debajo de lo habitual, mayor dependencia de las compras en el mercado y precios de granos básicos superiores al promedio.

Precios y clima presionan a hogares rurales
Para el período de mayo a septiembre de 2026, FEWS NET advirtió que los resultados de Estrés (Fase 2 de la CIF) serían generalizados en El Salvador conforme disminuyeran las reservas de alimentos y aumentara la dependencia de los mercados.
La organización identificó una situación más complicada entre pequeños productores del Corredor Seco Occidental y Oriental, donde algunos hogares habían agotado sus reservas y enfrentaban menores ingresos, precipitaciones irregulares y cosechas anteriores inferiores al promedio.
Para junio-septiembre, el organismo proyectó además un aumento de hogares pobres en Crisis (Fase 3), principalmente en el Corredor Seco Oriental y algunas zonas occidentales. Entre las estrategias previstas para afrontar la temporada de escasez estaban comprar comida al crédito, endeudarse y disminuir la calidad de la dieta.
El comportamiento de las lluvias también forma parte del escenario. FEWS NET había advertido que precipitaciones inferiores al promedio, temperaturas superiores al promedio y el riesgo de una canícula prolongada podían limitar el desarrollo de los cultivos y provocar una recuperación tardía y desigual de las reservas alimentarias de pequeños productores.

¿Qué mide realmente la inseguridad alimentaria?
La inseguridad alimentaria no es equivalente únicamente a pasar hambre. La FAO utiliza la FIES para medir las dificultades de acceso a alimentos mediante ocho preguntas relacionadas con experiencias que van desde la preocupación por conseguir comida hasta reducir cantidades o dejar de comer.
Por eso, el 41.7 % registrado para El Salvador incluye tanto inseguridad alimentaria moderada como grave. La medición corresponde al promedio del período 2023-2025 y no significa que ese porcentaje de salvadoreños haya dejado completamente de comer.
La Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC) también mantiene un seguimiento mensual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), tanto urbana como rural. La institución define esta canasta como el conjunto que representa el requerimiento mínimo calórico necesario para una persona.
El escenario combina así dos dimensiones distintas: los indicadores internacionales permiten conocer qué proporción de la población experimenta dificultades de acceso a los alimentos, mientras los datos nacionales sobre la CBA permiten seguir la evolución del costo mínimo de alimentación de los hogares.
Con reportes de Juan Carlos Mejía

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