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Corrupción y pocos recursos favorecen tráfico irregular de extranjeros a Estados Unidos

Dos policías sin transporte deben, en teoría, cuidar decenas de kilómetros de frontera.

Por Jorge Beltrán Luna / Lissette Figueroa | Abr 01, 2024- 21:38

El pasado 13 de marzo, este grupo de ecuatorianos cruzaron de manera ilegal de El Salvador a Guatemala por la frontera no habilitada del cantón El Coco, de Chalchuapa, Santa Ana. Los militares salvadoreños y de Guatemala que “vigilan” el paso ciego, a sabiendas, no les dijeron nada . Fotos EDH / Jessica orellana

Son casi las 5:00 de la tarde. Un grupo de hombres, mujeres y niños con una o más mochilas repletas sale de un callejón en el caserío El Paste, para abordar de prisa un autobús amarillo, de la ruta que viaja de la terminal de Chalchuapa al punto de buses de “El Paste”, en el cantón El Coco, del mismo municipio.

Son entre 12 y 15 ecuatorianos. Los lugareños lo saben. Saben que en las tardes muchos extranjeros pasan en medio de soldados salvadoreños y guatemaltecos que, en teoría, están para vigilar ese paso fronterizo no habilitado.

El autobús va dejando lugareños que regresan a sus hogares. Pero después del lugar conocido como Puertas Chachas ya no lleva vecinos de El Coco. Solo va el grupo de gente que lo abordó en El Paste.

Horas antes, fuentes policiales han reiterado que por ese paso o punto ciego pasan muchos extranjeros hacia Guatemala. El lugar está custodiado por soldados salvadoreños y guatemaltecos.

Un equipo de El Diario de Hoy le dio seguimiento al autobús bajo la suposición que se bajarían antes de llegar al puesto de soldados salvadoreños y tomarían alguna vereda para esquivar la vigilancia militar. Pero no sucede. Siguen en el autobús. Entonces surge la expectativa de que cuando pasen frente a la casa donde permanecen los militares, lo interceptaran y detectarán a los extranjeros. Pero no es así. Lo dejan pasar. Al que sí detienen es al auto del equipo de periodistas, a quienes piden sus credenciales.

El militar devuelve los documentos y los periodistas llegan al límite fronterizo justo cuando los extranjeros están bajando apresuradamente.

Desde el lado de Guatemala les hacen señas a los ecuatorianos, indicándoles que se den prisa. Tanto del lado guatemalteco como salvadoreño, varias personas parecen estar en comunicación a través de sus celulares y con la mirada puesta en los movimientos de los periodistas que graban aquel momento.

El grupo cruza una barricada de piedras que corta el paso vehicular y algunos se suben a una mototaxi amarilla, que ya los espera.

Mientras los ecuatorianos cruzan a suelo guatemalteco, algunos abordan la mototaxi y otros se introducen a una casa, todo pasa a unos cinco metros de un militar de Guatemala que habla por teléfono con la mirada puesta en los periodistas. No dice nada. No hace nada para interceptar el paso irregular de los suramericanos. Tampoco hace algo contra el mototaxista que los transporta.

Al poco rato regresa la misma mototaxi amarilla y se lleva a otro grupo de inmigrantes que la abordan a toda prisa. El vehículo va sobrecargado, igual que en el primer viaje. Se dirigen a Jerez, el primer pueblo ya del lado guatemalteco.

En esa frontera de El Coco, se sospecha que muchas personas, incluyendo el conductor del autobús, los mototaxistas y los militares de ambas naciones apostados en punto fronterizo, se lucran económicamente con el paso de migrantes.

La migración irregular mueve buena parte de la economía de ese cantón y sus caseríos. Lo mismo sucede a lo largo de la frontera occidental, desde El Poy, en Chalatenango, hasta Garita Palmera, en Ahuachapán.

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Cerca de algunas fronteras, como en el cantón Paraje Galán, de Candelaria de La Frontera, agentes policiales suelen instalar retenes con el fin de detectar el tráfico de personas. Foto EDH / J. ORELLANA

Crece el flujo de ecuatorianos

Frente al puesto policial rotulado “Estación de Policía Migratoria”, en el cantón Paraje Galán, de Candelaria de La Frontera, a toda hora elementos policiales y, a veces, un oficial migratorio, instalan un retén donde registran los buses que llegan a la frontera o que van a Santiago de la Frontera y a San Antonio Pajonal.

Un día de mediados de marzo, a las 9:00 a.m. un equipo de El Diario de Hoy constató que solo en ese retén, en aproximadamente una hora, entre 50 y 60 ecuatorianos llegaron en diferentes buses a ese punto. “Y esto no es nada, espere que después de las 10 (a.m.) vienen muchos más”, afirmó un agente policial.

¿Por qué de las 10:00 en adelante?, se le preguntó al policía. Este respondió que los ecuatorianos tardan más o menos tres horas en viajar desde el Aeropuerto El Salvador hasta ese punto fronterizo.

Cierto. Llegan a las seis de la mañana en vuelos procedentes directamente de Ecuador, y algunos hacen escala en Colombia, se registran como turistas pero en el mismo día intentan salir hacia Guatemala.

A los primeros ecuatorianos, entre los que había varios menores de edad, que llegaron al retén fronterizo, los bajaron del autobús y les dijeron que no podían continuar porque no tenían visa para entrar a Guatemala y que, de todas maneras, en el control migratorio ubicado en la frontera San Cristóbal, distante un par de kilómetros, no les permitirían el paso. Estos se quedaron por aproximadamente una hora, distantes unos 200 metros del retén, luego desaparecieron.

Después de ese grupo, llegó otro de similar cantidad en otro autobús, pero a diferencia de los primeros, éstos no fueron obligados a bajarse; el oficial de migración se subió al autobús, les requisó los pasaportes, se bajó, hizo o recibió una o algunas llamadas telefónicas, luego se subió nuevamente al autobús, entregó los pasaportes y los ecuatorianos continuaron hasta la mera frontera. Esto fue constatado por El Diario de Hoy.

El Salvador: El paraíso de personas que migran ilegalmente hacia Estados Unidos
Entre el 1 de enero y el 10 de marzo de este año, Migración registró un promedio diario de 437 “turistas” ecuatorianos a El Salvador . FOTO EDH/ J. ORELLANA

¿Por qué a unos ecuatorianos les impiden continuar y a otros no?

Encongiéndose de hombros, un policía que estaba apoyando al agente migratorio respondieron que no sabían por qué no había actuado como lo hizo con el primer grupo. Otro policía dijo que ellos solo estaban allí como apoyo al agente de migración y que era éste quien decidía qué hacer. Uno más indicó que había consultado al agente migratorio y que éste le explicó que el primer grupo solo tenía dos días para permanecer en El Salvador, en tanto que el segundo disponía de siete días. El policía también encogió los hombros.

Guatemala les exige visa

Ninguna de las respuestas encaja con la realidad, pues Guatemala exige visa a los ecuatorianos desde septiembre de 2021. Implementó ese requisito como medida disuasoria enfocada a ciudadanos de Ecuador que intentan llegar a Estados Unidos de manera ilegal.

Otro dato peculiar es que en 2023, 60,010 ecuatorianos entraron a El Salvador como turistas. No obstante, la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) solo registró la salida de 29,305 y de esta cantidad, 19,112 registraron salida hacia Guatemala en las fronteras Anguiatú, San Cristóbal, Las Chinamas y La Hachadura.

La llegada de ecuatorianos a El Salvador crece exponencialmente, según los registros de Migración. En los primeros 70 días de 2023, 30,607 habían entrado a El Salvador. Eso significa más de la mitad del total que entró en todo 2023.

Policías y soldados a pie; coyotes en mototaxis y todoterreno

San Antonio Pajonal es otro municipio fronterizo con Guatemala. Parte del casco urbano de ese municipio está inmediato al río Cusmapa, que sirve de frontera.

Al igual que Santiago de la Frontera, Metapán, Candelaria de La Frontera, Ahuachapán y San Francisco Menéndez, tiene múltiples pasos o puntos ciegos donde el paso de extranjeros es de conocimiento público. “Aquí toda la frontera es paso ciego”, suelen decir habitantes de San Antonio Pajonal.

A principios de marzo de este año, una patrulla de soldados detectó que dos hombres guiaban a unos extranjeros. Lograron capturar a uno y éste les ofreció $2,000 para que no lo arrestaran y le permitieran cruzar a los extranjeros. Los militares no se dejaron sobornar y entregaron al sospechoso a la policía.

El 13 de marzo, en la audiencia inicial, Pedro M fue puesto en libertad por el juzgado de paz del municipio. “Los soldados se quedaron sin los dos mil y él (coyote) ya anda libre; otro los ha de haber agarrado los dos mil”, comenta un lugareño en tono de burla.

En ese municipio solo hay una patrulla de cinco soldados que vigila toda la frontera con Guatemala; no tienen vehículo, lo cual favorece a quienes ayudan a cruzar a los migrantes. Los lugareños saben quienes son los que se dedican a eso y también saben que si se atreven a denunciar y quieren efectividad, deben llamar a la delegación de Santa Ana, no a la policía local.

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Paso fronterizo no habilitado El Coco, municipio de Chalchuapa, donde militares guatemaltecos y salvadoreños no impiden el paso de extranjeros a sabiendas de la ilegalidad. Foto EDH /J. ORELLANA

Con los pasos ciegos en Metapán sucede lo mismo: fronteras poco o nada vigiladas.

Para ejemplo, en el cantón San Jerónimo hay muchos puntos ciegos, pero los que más utilizan los traficantes de personas, de drogas y mercaderías son La Cañada, La Guayabilla, El Despoblado, San Jorge, Pita Floja, La Verja, La Portada y El Shiste; este último es el más lejano del puesto policial, situado a 16 kilómetros. Pero por donde más migrantes pasan es por La Cañada, según fuentes policiales y lugareños.

En San Jerónimo solo hay dos policías por turno. Además, no tienen vehículo para patrullar. Llegar caminando a El Shiste les tomaría más de una hora.

Como pasa a lo largo de la línea fronteriza, pobladores aseguran que el paso de migrantes y de mercaderías de contrabando es mucho. En esa zona también hay mucho contrabando de ganado, aseguran, pero nadie se atreve a denunciar por desconfianza en las autoridades.

Como en San Antonio Pajonal, en el sector de San Jerónimo también hay una patrulla de cinco soldados. Y también andan a pie, en tanto que los “coyotes” disponen de autos todoterreno y la complicidad de mototaxistas que cobran $50 por cada extranjero trasladado.

Durante los recorridos que hizo El Diario de Hoy a lo largo de la frontera con Guatemala, no se vio drones, ni patrullas fronterizas, y menos el helicóptero que en septiembre de 2019 fueron presentados como parte de los 300 agentes migratorios y 800 policías de la División Fronteriza con que reforzarían la vigilancia en las fronteras.

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