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Especies de almejas que habitan sitios de agua dulce luchan por no desaparecer

Una especie de almejas de agua dulce en algunos puntos de la cuenca norte del Río Grande de San Miguel, el cual se inunda en la estación lluviosa.

Por Susana Joma | May 07, 2022- 21:53

Foto/ Cortesía

Aunque la mayoría asocia a las almejas con el mar, lo cierto es que en algunos puntos del país, también habitan especies de agua dulce, muy poco conocidas y que son resistentes a la adversidad climática y la contaminación.

El doctor José Enrique Barraza da cuenta de la batalla que por lo menos tres especies de almejas están dando para sobrevivir, se trata de especies que hace décadas fueron identificadas en distintos puntos de nuestro territorio, pero que lamentablemente hoy se encuentran diezmadas: Nephronaias rowellii, Nephronaias lempensis y Mycetopoda siliquosa.

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Doctor José Enrique Barraza, investigador asociado de biodiversidad y contaminación acuática del ICT-UFG.

Las primeras dos especies de bivalvos fueron identificadas por los investigadores norteamericanos William Marshall, Samuel Hildebrand y Fred Foster.

Barraza expone que, de acuerdo a los datos registrados en el sitio de Internet mussel project.uwsp.edu, la especie Nephronaias rowellii fue recolectada en 1907 y 1925 en el lago de Güija, aunque en 1922 también tomaron muestras del río Paz (cerca de Ahuachapán).

Sin embargo, en la actualidad, esta especie está restringida al lago de Güija, es decir ya no se observa más en el río Paz, algo que a su criterio podría deberse a que las condiciones del río cambiaron, por el fenómeno de sedimentación y de la contaminación que predomina.

El biólogo marino, quien es investigador asociado al Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación (ICTI), de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), señala que en el caso de la Nephronaias lempensis, cuyo nombre científico está asociado al río Lempa, los dos investigadores la descubrieron en 1924 cerca del puente del ferrocarril en la carretera El Litoral.

Lo que advierte Barraza es que los monitoreos que se han hecho en el lugar, así como testimonios de residentes, apuntan a que la Nephronaias lempensis hoy en día está limitada a ciertos puntos del Lempa; otros monitoreos la ubican también de forma reducida en ciertos puntos de la cuenca del río Grande, de San Miguel, en la parte norte.

Sin embargo la almeja desaparece en las riberas aledañas a la ciudad, debido también a la contaminación.

“La historia de ellas es bien triste”, afirma el investigador. Con estas palabras se refiere al hecho de que se ha observado que en la época seca, cuando el caudal del río baja, cientos de almejas Nephronaias lempensis mueren y son pocas las que sobreviven.

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Algunos ejemplares de almeja Nephronaias rowellii han sido observados en el sedimento del lago de Guija.

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“Se pueden observar varios individuos muertos a la orilla del río antes de las lluvias. Esta es una especie muy resiliente a condiciones ambientales extremas como inundaciones, sedimentación y sequías”, detalla el profesional quien actualmente desarrolla estudios de estos bivalvos, incluyendo la parte genética de los mismos.

El doctor Barraza sostiene que también algunas Nephronaias lempensis habitan en la Laguna del Jocotal y la de Olomega.

“Estas almejas ahí están todo el tiempo, les gustan las zonas que se inundan cuando crecen los ríos.

Viven en las orillas, se entierran un poquito entre el lodo y arena, parte de su ciclo incluye vivir en las branquias de los peces, pero todavía no lo hemos podido comprobar, porque apenas estamos empezando (a investigar)”, asevera.

La otra almeja de agua dulce observada y registrada en el país, la Mycetopoda siliquosa, habita también en la zona oriental del país, en las lagunas de Olomega y el Jocotal.

Esta especie, que habita en diferentes partes de Centroamérica y Sudamérica, se identificó hace 15 años en nuestro territorio con apoyo de una malacóloga costarricense: “Las conchas son alargadas, color café y presenta un pie con forma de martillo que le permite enterrarse rápidamente en el sedimento”.

A diferencia de las almejas de mar estas no son codiciadas para consumirlas, porque tienen sabor a tierra, como resultado de que a los ríos en que habitan llegan muchos residuos de fertilizantes: “Tiene el mismo problema de las tilapias que tiene sabor a tierra entonces casi no la come nadie, afortunadamente”.

No obstante su importancia radica en que permiten mantener el balance en el ecosistema puesto que sirven de alimento de peces, de aves y de las nutrias, una especie de mamífero que también está bastante reducida.

El doctor Barraza cita que estos bivalvos suelen alcanzar buen tamaño, la del lago de Güija llega a los 12 centímetros, otra que está en la laguna de Olomega y parte del Lempa crece sus 12 a 13 centímetros y la otra que es más escasa alcanza los 8 centímetros.

El investigador detalla que las tres almejas mencionadas se encuentran en la lista de especies amenazadas del país, por el mismo hecho de que su distribución geográfica está ya muy restringida , además debido a las amenazas de degradación de los cuerpos de agua dulce.

A raíz de esta situación también la captura o recolecta de estas especies solo puede realizarse con autorización del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales para efectos de investigación.

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Doctor José Enrique Barraza, durante el trabajo de campo. Foto/ Cortesía

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