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Princesa Astrid de Noruega

Muere la princesa Astrid de Noruega, la mujer que sostuvo la corona 14 años

Hermana del fallecido rey Harald V, fue una figura clave de la monarquía noruega al asumir durante 14 años el papel de primera dama y convertirse en un símbolo de compromiso, inclusión y cercanía con los ciudadanos.

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Por AFP/EFE
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Resumen del artículo:

La Casa Real de Noruega confirmó el fallecimiento de la princesa Astrid, ocurrido dos semanas después de la muerte de su hermano Harald V. Recordada por su lealtad y dedicación al servicio público, Astrid representó a la Corona durante décadas, especialmente tras la muerte de su madre en 1954, cuando asumió importantes funciones institucionales siendo apenas una joven de 22 años. Su vida estuvo marcada por el apoyo a los sectores más vulnerables, la representación oficial del país y una permanente entrega a la monarquía noruega.

La princesa Astrid de Noruega, una de las figuras más queridas y respetadas de la familia real noruega, falleció este viernes 11 de septiembre a los 94 años, apenas dos semanas después de la muerte de su hermano, el rey Harald V, informó el Palacio Real de Noruega.

Con su partida desaparece el último vínculo directo con la generación de los tres hijos del rey Olav V, quien gobernó Noruega entre 1957 y 1991. Astrid, conocida por su discreción, compromiso social y una vida dedicada al deber institucional, deja un legado marcado por décadas de servicio a la monarquía y al pueblo noruego.

"La princesa falleció hoy, viernes 11 de septiembre, a los 94 años", confirmó la Casa Real en un comunicado oficial.

La princesa Astrid tuvo una vida excepcional dentro de la historia moderna de Noruega. A los 22 años enfrentó una de las mayores responsabilidades de su vida: tras la muerte de su madre, la princesa heredera Marta, en 1954, asumió el papel de primera dama del país, una función que desempeñó durante 14 años, hasta 1968.

Durante ese período se convirtió en una figura clave para la Corona noruega. Fue la mano derecha de su abuelo, el rey Haakon VII, y posteriormente de su padre, el rey Olav V, acompañándolos en ceremonias oficiales, celebraciones nacionales, visitas de Estado y actos representativos.

El actual rey Haakon VIII recordó a su tía con profundo pesar y destacó que su compromiso siempre estuvo orientado hacia las personas más vulnerables de la sociedad.

"En su trabajo, la princesa Astrid siempre estuvo particularmente preocupada por la atención e inclusión de los más vulnerables. Fue muy leal y siempre desempeñó su deber con compromiso, presencia y un espíritu contagioso", señaló el monarca.

La princesa mantuvo una presencia constante en la vida pública incluso después de que su hermano Harald contrajera matrimonio con Sonia de Noruega en 1968, momento en que la nueva reina asumió oficialmente el papel de primera dama. Astrid continuó representando a la familia real en numerosos eventos hasta los últimos años de su vida.

Su última aparición pública ocurrió el miércoles pasado, cuando asistió en silla de ruedas al funeral de su hermano Harald V, quien falleció el 28 de agosto a los 89 años. La ceremonia se realizó en la Catedral de Oslo y posteriormente el rey fue sepultado en el mausoleo de la Casa Real en la fortaleza de Akershus.

En agosto, tanto Astrid como su hermano Harald habían recibido la colocación de marcapasos debido a problemas de salud relacionados con la edad. Con el paso del tiempo, sus apariciones públicas se hicieron menos frecuentes, aunque la princesa siguió siendo una figura de gran reconocimiento nacional.

Más allá de sus funciones oficiales, Astrid también protagonizó una historia personal que generó atención en Noruega. En 1961 se casó con el navegante y medallista olímpico Johan Ferner, una unión que enfrentó objeciones iniciales de sectores de la Iglesia noruega debido a que Ferner era divorciado. La pareja permaneció unida hasta la muerte de él en 2015 y tuvo cinco hijos: Cathrine, Benedikte, Alexander, Elisabeth y Carl-Christian Ferner.

Tras su fallecimiento, el rey Haakon VIII ordenó que las banderas del Palacio Real fueran izadas a media asta como señal de duelo nacional, una tradición que también se mantendrá durante su funeral.

La princesa Astrid será recordada como una mujer que, sin buscar protagonismo, sostuvo una parte fundamental de la monarquía noruega en momentos de transición y dedicó más de siete décadas al servicio público, la inclusión social y la representación de su país.